PRIMITIVE MAN (USA) – Immersion, 2020

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¿Cuánto odio y pesimismo puede albergar una persona antes de que esos sentimientos deriven en problemas psicológicos graves o derive hacia un daño a sí mismo o terceras personas? Quizás debamos preguntar al trío que compone PRIMITIVE MAN que desde 2012 lleva tres álbumes completos, un EP y nada menos que ocho splits con varios colegas que también rezuman negatividad por los poros. Sus detractores dirán que tan frenética actividad es explicable gracias a una propuesta muy inmovilista o, lo que es lo mismo, que llevan haciendo lo mismo una y otra vez. Argumento simplista con parte de razón… Pero es que al grupo ni le hace falta, ni engaña con lo que hay: Un agujero negro profundísimo de inmundicia y desesperanza absoluta, que sienta como un chupito de petróleo o los momentos antes de romperse el cuello en la soga. 

La fórmula no varía en demasía, teniendo que hilar fino para detallar no sólo las diferencias entre discos completos, sino también entre el material publicado en splits. Pero, resumiendo bastante, en este caso PRIMITIVE MAN han corregido un defecto presente en Caustic, su anterior disco completo. Entendemos que el grupo quiere provocar el máximo impacto posible tanto en el oyente experto como en el novicio, y eso requiere que se queden durante todo el viaje, o, si lo abandonan, que sea por malestar general, no por aburrimiento. Aquel Caustic se situaba en lo segundo por rayar los límites tecnológicos del CD. Su propuesta siempre ha sido idónea en pequeñas porciones, no hora y cuarto. De ahí que los splits siempre les hayan sentado tan bien. 

Immersion se queda en la duración idónea: menos de cuarenta minutos. Cuanto más breve es la dosis, más intensa es la experiencia. Y si no, una búsqueda en Youtube de incautos tomando extracto de capsaicina a palo seco hace bueno el ejemplo. Minutaje idóneo al que no le falta de nada, arreglándoselas el trío para exponer su clásico museo de los horrores, metiendo en cada canción las variaciones justas para que no abandonemos el viaje. No dejan de ser minimalistas con sus riffs ultralentos en afinaciones graves en exceso y los ocasionales feedback molestos y amenazantes, pero el demonio está en los detalles. Cuando «Foul» atraviesa su segunda parte, donde la voz de ELM está ausente y el drone de la guitarra principal está al frente, un segundo riff se desdobla. Y este no será estático, sino que se pondrá el peso de la canción sobre sus hombros con pequeños cambios de notas, otorgándole ese aire malévolo al tema, evitando que tomemos la canción como un simple paseo de elefantes.

Immersion te hace sentir sucio e incómodo de muchas maneras, sea con una guitarra que se pega a una de tus orejas al principio de «Entity» hasta el punto de que parece un bucle o pasando directamente a la agresión sónica con el ruido blanco del interludio.  En ciertas ocasiones les da por hacer algo más «convencional» con ritmos más dinámicos y blastbeats, como en «Menacing» o «Consumption«, pero representan apenas una parte del corte, que acabará engullido en el agujero negro. 

Con pocas notas se las apañan para crear un score de película de terror, sludge/doom con alma de dark ambient. Una supuesta película que además acabaría con un desenlace nada feliz, con esos ritmos tribales del final que, si acaso, sirven para invocar a entidades innombrables y que traen la perdición con ellas.

Otras bandas sonarán más pesadas, otras tantas, más sucias. Pero la negritud absoluta les pertenece a ellos. 

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