PALACES (USA) – Hellas Chasma, 2020

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Opino fervientemente que Estados Unidos es el mejor y el peor país del mundo. Una nación que en el ámbito político es capaz de desarrollar grandes avances sociales a la vez que hace auténticas burradas a nivel de Relaciones Internacionales. A nivel cultural podemos establecer paralelismos: su supremacía en este ámbito ha provocado que, sin oposición alguna, haya llegado a nuestras fronteras hasta el último bodrio, pero también otros productos geniales que en Europa habríamos sido incapaces de concebir desde nuestro tradicional academicismo y arrogancia. Y es que el mathcore, uno de esos movimientos musicales fractura-escalas y producto del mestizaje de corrientes, no podría haber salido de otro sitio que de alguna de esas pequeñas ciudades donde nunca pasa nada y los jóvenes no tienen otro pasatiempo que tocar un instrumento (o ir con una escopeta al instituto a saludar, pero eso es otro tema) y mejorar casi por inercia.

PALACES son otro vástago más de esa larga estirpe de bandas con ritmos mareantes cuya principal tarea es muy sencilla y muy compleja: que su música no sea una sucesión soporífera de notas (casi) al azar y que los temas tengan coherencia y sean realmente escuchables y disfrutables. Hellas Chasma llega a este mínimo durante la primera mitad del disco. Pero va a más en la segunda.

Quitémonos el monóculo por un segundo: sí, todos los cortes desde «Swarm» hasta «Finger on the pulse» son muy buenos. Riffs extraños, líneas de bajo que se deslizan de un extremo al otro del mástil e incluso blast beats en «Finger of the pulse» para incrementar la aridez del disco, para que todo esté en una locura constante en un tecnicismo muy entretenido. Y ya si ponemos una voz rasgada muy DILLINGER, pues hemos cumplido los mínimos con soltura. Pero en este estilo tan áspero, que suele ser música para músicos, se necesita un plus para trascender y no pasar al olvido rápidamente. ¿Por qué nadie se acuerda de THE SAFETY FIRE pero sí de BOTCH? Son las reglas del juego. 

A partir de «Isle of palms» es cuando el trío de Atlanta sube el nivel. Y no lo hacen mediante grandes cambios. Es más, a grandes rasgos todo sigue sonando igual, pero, como dice aquel refrán, el diablo está en los detalles. «Isle of palms» introduce una parte ligeramente post-metal que rompe con el caos de alrededor, «M7» se mete en terrenos progresivos para después romper lo creado con ritmos entrecortados, y la joya de la corona, «Wedge hammer«, emplea guitarras acústicas y usa la psicodelia como otro de sus pilares. Así, en cada uno de los ejemplos, cuando la banda vuelve a cauces habituales, la hostia duele más. La magia del dinamismo: si todo fuese duro y enrevesado se volvería monótono y nos anestesiaría.

Algún detractor diría que tan sólo han metido cuatro cosas diferentes y ya está. Pero como aquellas ideas tan simples que funcionan. Todo el mundo puede pensarlo, pero tan sólo uno lo lleva a la práctica. Y PALACES han entendido muy bien cómo funciona este mundillo, poniéndose en nuestro lugar y sabiendo que si vas siempre al máximo quizás termines provocando que a la quinta canción te hayan quitado del reproductor. Ojalá el trío siga adelante en el futuro con esas ideas tan claras. 

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