ORION CHILD (ESP) – Continuum fracture, 2019

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Parece que de unos años a esta parte, la tendencia a consumir metal se ha decantado en un porcentaje ligeramente elevado hacia el lado extremo de la balanza. No sé si llamarlo ‘moda’, pero el caso es que cada vez triunfan más los estilos extremos frente a los que no lo son (o no lo son tanto) y esto hace que la oferta de bandas de black, death o thrash sea cada vez mayor.

No pasa nada, excepto que quienes quieran despuntar y diferenciarse de los demás tendrán que trepanarse los sesos para conseguirlo y con el tiempo, muy probablemente, esto hará que el nivel de la escena sea cada vez mayor, cosa que, por otra parte, ya se puede percibir en mayor o menor medida. En nuestro país, durante los últimos años, el black, el thrash o el metalcore han sido algunos de los géneros que mayor número de nuevas bandas han visto nacer, siendo casi un hito encontrar nuevos proyectos de otros géneros. En este caso no traigo un proyecto nuevo, pero se lo presento a quienes no lo conozcan.

Hoy escribo sobre ORION CHILD, un poderoso combo de power metal procedente de Bizkaia. Formado en 2003, estos muchachos ya cuentan en su discografía con una demo y tres largas duraciones, contando Continuum fracture, su nueva obra, lanzada hace pocos meses y sobre la que hoy comentamos.

De hecho, tuve oportunidad de analizar su anterior obra, Into the deepest bane of hope, que me gustó bastante y dejó el listón muy alto, aunque si hay algo que hicieron bien estos ORION CHILD a la hora de avanzar de su primera obra a aquel Into the deepest bane of hope fue mejorar y mucho, cosa que se ha vuelto a repetir en este redondo.

Para empezar, es fácil disfrutar de un disco cuando su producción deja claros todos los elementos, ya que cualquier detalle, por pequeño que sea, lo vamos a poder percibir, y el caso es que en este disco hay unos cuantos. Comentaba antes lo poderoso que resulta el power metal de esta banda, ya que la base musical está dignamente teñida con elementos extremos y de metal más moderno. Esto le da, además de un soplo de aire fresco (fresquísimo, tal vez), una contundencia adictiva y que provoca que tu cabeza asienta enérgicamente con las cabalgadas rítmicas que propone Continuum fracture. Además, el sonido de las guitarras es demoledor, como una manada de ñúes irrumpiendo en una guardería.

Sin duda alguna y como mandan los cánones de Pachelbel, las guitarras de Daedin y Jones son uno de los puntos fuertes del disco, tanto cuando siguen la senda del power como cuando imprimen esos recurso más extremos o modernos, coqueteando sin tapujos con géneros como el death de corte melódico, el black o el metalcore más clásico.

Encima es que los solos molan, ¡joder! Y no sólo los de guitarra, ya que podemos disfrutar de los característicos solos de teclado de Jonkol, quien además aporta su granazo de arena con intros, outros y arreglos varios en forma de atmósferas o con algunas melodías que acompañan fenomenalmente en estribillos y versos. Una labor excepcional la de este polifacético teclista. Preciso y mecánico Jandro, como siempre, desplegando todo su arsenal, más rápido quizá que en anteriores entregas y con una pegada cojonuda, siempre bien escoltado de un bajo que, si bien no es de los que destaca demasiado en la mezcla, se percibe lo suficiente como para poder valorar el trabajo de Rafi, quien rellena esos huecos que tan necesarios son de tapar y que tan sólo el bajo puede.

Me dejo para el final lo mejor, como cuando vas a una hamburguesería donde las patatas fritas son caseras y te las dejas para el postre: el apartado vocal. Qué barbaridad. Vale que quizá no ha habido una evolución muy bestia en cuanto a maneras de Into the deepest bane of hope a Continuum fracture, pero combinan el chorro de voz de Víctor, con esos agudos y ese color de voz tan chulo, con los guturales de Jones y Jonkol, quienes se turnan para responder a Víctor cuando la ocasión lo requiere. Voces limpias, guturales graves y agudos, coros de todos los colores y, para colmo, colaboraciones de lujo, entre las que destaco, por la devoción que siento hacia su voz, la de Lander Lourido (INCURSED, MOONSHINE WAGON) en la que probablemente sea de mis tracks favoritas, “Sons of the sea”, aportando un sentimiento brutal al tema y siendo una de las sorpresazas de este LP.

Como broche de oro en forma de guinda, cierran el apartado de líneas vocales las narraciones, que hacen que el arte conceptual que envuelve a este disco (viene con un libro de regalo con la historia en una de las ediciones especiales que lanzaron a la venta) sea cuasi literaria y se torne más vívida y palpable.

¿Qué más queréis que os cuente? Si con toda esta parrafada no os he convencido para escuchar este ‘discarraken‘ es que probablemente seas una de esas personas que se quejan de los resultados electorales sin haber ido a votar o de las que aprietan el bote de pasta de dientes desde el centro.

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