ONIROPHAGUS (ESP) – Endarkenment, 2019

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Vayamos con la verdad por delante: he de reconocer que me cuesta, y mucho, ser objetivo con ONIROPHAGUS. Desde que me topé por casualidad con su EP debut autoeditado Defiler of hope, allá por el 2012, tuve claro que aquella banda iba a dar que hablar. La oscuridad y podredumbre que desprendían aquellos treinta y pocos minutos de metraje me tuvieron enganchadísimo un montón de tiempo, y aún sigue estando entre mis trabajos preferidos de doom-death de los últimos tiempos. Consiguientemente, fue un alegrón enterarme de su fichaje por parte del sello Xtreem Music, primero para reeditar de manera profesional el citado EP y posteriormente para su primer larga duración, Prehuman, en el 2013.

Prehuman fue un gran disco que, si no me llegó a sorprender tanto como el debut de los de Barna, sí que los puso en una posición de visibilidad en la escena, entrando para muchos a ser considerada la «cuarta púa del tenedor» del doom nacional, a continuación de AUTUMNAL, HELEVORN y EVADNE (no incluyo a los mallorquines GOLGOTHA, no por falta de calidad ni mucho menos, sino por una trayectoria marcada por largas temporadas de inactividad que afortunadamente parece estar superada). Tuve la suerte de poder asistir a la presentación de Prehuman en Madrid en el denominado Ritual Zombi fest, compartiendo cartel con bandas con la veteranía nada menos que de AVULSEDCHRIST DENIED,DISSECT (Holanda) y PURTENANCE (Finlandia). La puesta de largo de la banda fue impecable, sabiendo llevar perfectamente a las tablas la sobriedad y oscuridad de sus composiciones para meterse en el bolsillo a una audiencia ávida de death metal para la que, a priori, ONIROPHAGUS era el elemento discordante del cartel.

Por fin, seis años después y tras la salida de la formación de Ghort, guitarrista, y Khrorum, bajista, ONIROPHAGUS vuelven con nuevo disco bajo el brazo, Endarkenment (Illumination through putrefaction), además de una renovada formación que presenta como principal novedad la inclusión de un tercer guitarrista. Este segundo larga duración, que inicialmente iba a ver la luz en la primavera de 2018, finalmente lo hace casi un año después, y viene precedido por el adelanto de un tema promocional por parte de Xtreem Music: «Dark river«. El corte, de casi once minutos de duración, ya desvela la acojonante portada del álbum, obra del artista estadounidense Adam Burke (EVOKEN, HOODED MENACE, SÓLSTAFIR…).

Y tras la chapa de rigor, nos encontramos por fin con Endarkenment (Illumination through putrefaction), un trallazo de 57 minutos compuesto de cuatro temas de longitud mastodóntica, componiéndose el último de ellos de tres diferentes partes que suman un metraje de prácticamente 35 minutazos. ¿Y qué nos ofrecen los de Barna en esta nueva entrega? Pues, sin lugar a dudas, su trabajo más completo y grandilocuente hasta la fecha; una auténtica bestia a todos los niveles donde ONIROPHAGUS llegan a las máximas cotas que han alcanzado hasta la fecha, tanto componiendo como ejecutando sus temas. Añadir una tercera guitarra puede parecer una apuesta arriesgada y, aunque en algunos pasajes más machacones no llegue a apreciarse, lo cierto es que aporta muchísimo color al conjunto, ya sea armonizando las líneas de las otras dos guitarras o añadiendo arpegios acústicos y pequeños punteos que llevan los temas a una nueva dimensión. Todo un acierto por parte de la banda que, estoy seguro, tiene que resaltar especialmente en directo.

Como decía, los miembros de la banda han ganado enteros brutalmente como músicos. Edu está pletórico, explotando al máximo la expresividad de esa voz tan característica, que es una jodida caverna. Uretra ha rubricado en este álbum su mejor trabajo a los parches, con un repertorio realmente cojonudo de breaks con los timbales y virguerías con el doble pedal que no es habitual encontrarse en un estilo como el doom. Sin embargo no se despeina a la hora de alternar partes lentas y agónicas con furibundos tupatupas o ritmos machacando la caja a negras. Por parte de los tres hachas (el veterano Moregod y los dos nuevos fichajes, Desecrator y Shogoth), tal como anticipaba antes, no hay un pero que poner a su trabajo. Las dos nuevas incorporaciones se han integrado perfectamente en la dinámica compositiva de la banda, y en ningún momento se aprecian conatos de ruptura respecto a los temas de Defiler of hope o Dehuman. Más allá de lo anterior, las posibilidades sonoras de la banda han crecido, y de qué manera. Lo mismo ocurre con los bajos de Grindmad, sólidos y totalmente en la línea de los trabajos anteriores.

ONIROPHAGUS siempre han apostado por la faceta más death dentro del doom, de riffs pesados y atmósferas densas, pero con Endarkenment (Illumination through putrefaction) han potenciado su faceta más emotiva, con fraseos de guitarra jodidamente melancólicos que se entrelazan mientras Edu transmite auténtica desesperación. Es una auténtica pasada escuchar el disco con auriculares y dejarse llevar por los intrincados caminos que se separan y confluyen de estrofa en estrofa por parte de cada instrumento, y cómo van progresando, construyendo temas de estructuras totalmente faraónicas. Sin que te des cuenta ha transcurrido la hora de metraje del disco sin necesidad de recurrir a ningún elemento convencional para captar tu atención, desasosegarte y concederte alternativamente una sensación de paz (olvídate de estrofa, puente, estribillo y repítase hasta el final de la canción; aquí las cosas no van así).

No quiero terminar sin referirme a la barbaridad de sonido del que goza el álbum: gordo y rotundo y, a la vez, abierto y atmosférico, perfectamente equilibrado y definido. ONIROPHAGUS han vuelto a apostar nuevamente a caballo ganador para grabar, mezclar y masterizar el disco, trabajando con Javi Félez en sus Moontower Studios. Una auténtica delicia para los oídos lo que ha conseguido ayudar a parir y que ayuda a sacar adelante con nota sobresaliente un proyecto de tal envergadura que, de otro modo, quizá hubiera terminado haciendo aguas por algún lado sin una calidad de producción a la altura de las exigencias de la composición.

Trabajo, y con esto termino, que pasa directamente a estar a la cabeza de los editados en el género en España. Espero que, no a mucho tardar, tenga el reconocimiento que merece, pues me temo que hasta la fecha no está generando todo el movimiento que debería un titán de estas dimensiones tanto en su repercusión en medios especializados como en la actividad de la banda en directo. No entiendo cómo no se está moviendo en festivales de todo el país un repertorio que podría poner patas arriba cualquier sala mientras nos desayunamos día sí y día también con anuncios de carteles que parecen el puto día de la marmota. Luego llegarán las quejas de que la gente no los apoya… Es lo que hay.

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