OKER – Miedo,2016

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oker39Tienes dieciséis años. Sales con los colegas, con las zapatillas llenas de mierda de la noche anterior. La chupa huele a cerveza (o esperas que sea cerveza) y habéis quedado en el antro más cutre que puede haber. Pero como nadie pone pegas a que unos chavales pasen el tiempo allí, pidiendo temas hasta las tantas, antes de largarse con unos litros a cualquier descampado, nadie dice nada. Los primeros cigarros y otras muchas primeras cosas. Alguien tiene un aparato con el que reproducir música, y aunque no molestéis a nadie, lo ponéis bajito, para que la música suene de fondo mientras habláis de soñar con ser los próximos guitar heroes, de ser teloneros de tal o cual grupo, de mearte en la autoridad… …y al final la autoridad es la que te hace correr porque estáis bebiendo en una zona donde no está permitida.

Te da igual, no ves las consecuencias, ni quieres verlas. Te lo pasas bien y no pides más. El resto del tiempo cumples con tus obligaciones, como buenamente puedes, y esperando que las cosas cambien para poder hacer lo que te dé la gana, y cumplir tus sueños. Los que sean. Pero pasa el tiempo y todo cambia. Cambia la música y cambian los colegas. Algunos más, otros menos. Algunos para bien. De otros… ya ni te acuerdas hasta que alguien te dice “ha sido padre” o “sigue vivo, lo vi el otro día”. Del primero te alegras, del segundo, igual no tanto. Por algo será…

Y es que así como muchos nos hemos sentido con el paso del tiempo, y hemos terminado echando de menos bandas como OKER. No por nostalgia casposa, de esa que viene acompañada de calvicies y comentarios del tipo “antes sí que había grupos buenos, y no las mariconadas de ahora”. Es más porque antes nos daba todo igual, y bandas del estilo eran la banda sonora que marcaba el límite entre tener que tragar y aguantar mierda entre semana, y el descontrol de fin de semana.

Y no es que OKER sea una de las bandas clásicas de ese heavy rock duro, recordemos que llevan en esto una década (una minucia si lo comparamos con otras), pero han sabido recuperar ese estilo sin el esperpento ni la decadencia de, precisamente, muchas de las bandas clásicas. Porque… ¿Cuántas veces hemos dicho que las letra más combativas de, pongamos, OBÚS o BARÓN ROJO, son aplicables incluso a día de hoy? ¿Y quién no se ha llevado algún chasco con alguna que otra de las estrellas nacionales de los ochenta? Pues de esto nace OKER. De echarle más morro que nadie. De decir “a mí me mola este rollo” cuando todo el mundo te mira raro, pero tú te lo pasas bien. De saber entender que el mundo cambia, pero también nos gusta volver atrás y recordar que hace no tanto, éramos niñatos alocados, perdidos y despreocupados.

Este Miedo de OKER  (así como bandas como esta) no surge porque seamos unos ñoños, cuñadísimos del metal, negacionistas del talento porque no somos capaces de entender siquiera lo que dice la vocalista. Es solo otra forma de divertirse, y quejarse, y punto. Claro que hay mucho memo (es lo que tiene el ser humano), pero a veces hay que ver las cosas como algo más simple. Como cuando teníamos dieciséis años.

Guitarras con la distorsión justa, una batería super vacilona, y un bajo potente y redondo. Y voces chillonas. A todo trapo. Que se quede sordo Halford y mudo Kiske. “A ver quién es más duro” solo por las risas. Así de simple. Cinco canciones de una media de cinco minutos que siguen ese patrón, con un carisma que ya lo quisieran muchos. Y es una pena que el disco no incluya más material… podría haber sido un LP importante para el género. Una muestra de que a veces hay que hacer las cosas porque gustan (bien hechas, siempre) más que porque la gente te dice que hagas tal o cual cosa.

De todas formas, sería muy injusto e hipócrita llamar “viejuno” y todos esos epítetos para ese rock/metal ochentero, cuando todos los días estamos que no podemos con los revival de tal o cual género. Porque no nos damos cuenta que a día de hoy es imposible hacer música de géneros con más de veinte años sin aplicarles cambios, sin adaptarlo a la cultura y la sociedad actuales.

Este disco, es todo eso y más. No porque tenga esa pretensión, sino porque con cada estrofa, cada rasgueo y cada redoble, uno tiene la sensación de que se ha hecho con cariño, con mucho mimo, y siguiendo la llamada de lo que a cada uno le gusta más. Sin pretender gustar a nadie salvo a los fans de este género. Porque esas guitarras nos llevan acompañando a muchos toda la vida, y no hay nada de qué avergonzarse… porque muchos hemos querido cantar así “porque mola”… porque igual representa algo que teníamos y que no estaba tan mal.

Y aunque hay que saber hacerlo con estilo y con mucho arte (OKER, indudablemente lo hacen), evitando siempre ese estereotipo de viejo de bar con chupa de cuero, te sigue dando todo igual, ves las consecuencias, pero ya te ocuparás de ellas cuando vengan. Te lo pasas bien y no pides más. Porque a veces, a la música, no hay que pedirle más. Solo que nos haga disfrutar.

firmaeloy

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