OBSIDIAN KINGDOM (ESP) – Meat Machine, 2020

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Portada del álbum "Meat Machine" de Obsidian Kingdom.Si tuviese que enmarcar a los barceloneses OBSIDIAN KINGDOM en algún género, probablemente me decantaría por la genérica pero cómoda etiqueta de «progresivo». Su primer lanzamiento, el Mantiis de 2012, era un disco muy cohesionado, con canciones que se conectaban entre ellas, a la manera clásica de muchos álbumes de prog. Con A year with no summer (2016) se lanzaron a la piscina, recogiendo lo más interesante de las por entonces de moda corrientes de post-rock y post-metal e integrándolas en un álbum con mucha personalidad. Si bien los temas no estaban tan directamente conectados como en el caso de Mantiis, se podía hablar de una obra tan redonda como holística, incluso más que la primera, en la que el mensaje desolador que la banda pretendía transmitir se podía sentir con fuerza en la sombría atmósfera que envolvía a todas y cada una de las canciones.

Este Meat Machine confirma que el lanzarse a la piscina es, sin duda, un rasgo más de la personalidad de los barceloneses. OBSIDIAN KINGDOM siguen con su tradición de realizar álbumes conceptuales en los que la temática de los títulos y las letras está íntimamente ligada al apartado musical, e incluso al diseño de las ediciones físicas de sus trabajos. Esto es algo que echo tremendamente de menos en un gran número de bandas actuales, y considero que se trata de un aspecto injustamente olvidado de la rica herencia del rock progresivo setentero.

Mientras que A year with no summer era más frío (sin segundas) y desgarrador, Meat Machine es agresivo e infernal. Basta con echar un vistazo a la espectacular portada o a cualquiera de las letras para darse cuenta de que, en esta ocasión, el mensaje gira en torno al profundo sentimiento de horror propio de la maquinaria pesada, producción en masa, carne procesada, vísceras, sangre y dolor. Suena críptico dicho así, pero confío en que si entre los lectores de esta crítica se encuentra algún aficionado al terror psicológico o al body horror sabrá entenderme sin problema. Puede verse un ejemplo de ello en la letra de “The pump”, segundo tema del álbum: “Your body is not a temple / Is not holy / It’s just food for the pump”, o también en la del quinto tema, “Flesh world”: “A clay‐grinding time machine / A crushing rhythm to lead the blind / Bruises drawn like galaxies / The cistern breaks when the rivers overflow”.

El grito inicial de “The edge”, tema que abre el disco, es toda una declaración de intenciones. A pesar de un inicio tan explosivo, pronto podemos empezar a percibir rasgos propios del sonido que la banda, con el paso de los álbumes, ya puede considerar como personalmente suyo. Tanto esta canción como la siguiente, “The pump”, son necesarias para establecer el tono industrial y pesado del álbum. Sin embargo, hace falta llegar hasta la tercera pista, “Mr Pan”, para que se despliegue ante nosotros el amplio abanico de influencias que OBSIDIAN KINGDOM sabe condensar en unos pocos minutos. Ritmos de guitarra rayanos al funky, notas largas de piano propias del jazz más ambient, elementos propios del rock electrónico… Como decía en un principio, la banda suele encajar perfectamente en la definición de “progresivo”, y más por la variedad y la elegancia que muestran en su música que no por un criterio puramente técnico.

Con esto último no pretendo desdeñar el talento musical de los integrantes del grupo, que es realmente destacable, sino resaltar que saben ponerlo de manera efectiva al servicio de la música. Todos los instrumentos tienen su lugar, ninguno está de más y ninguno se echa de menos. Gracias a sus cambios de cadencia, frecuentes pero muy naturales, la batería permite articular las distintas partes de cada canción en un todo cohesionado, y facilita que las melodías fluyan con espontaneidad entre las diferentes secciones. Quizá el mejor ejemplo de ello lo podemos encontrar en la épica «Meat Star«, primer sencillo del disco, y un ejemplo (entre muchos) de qué es OBSIDIAN KINGDOM en su estado más puro. También merece destacar la mayor presencia de voces femeninas, que aportan sin duda un extra de variedad al ya de por sí redondo apartado vocal.

Como cabría esperar, Meat Machine no está ausente de elementos innovadores. De la misma manera que A year with no summer introducía sonoridades propias de la electrónica de manera abundante en la mayoría de sus temas, aquí podemos encontrar algunas sorpresas como el excelente uso del autotune en la voz de «Womb of wire«, y otras muestras del gran trabajo de exploración sónica que hay detrás del álbum y sobre las que podría llegar a escribir otra reseña entera.

Del mismo modo que ocurría con sus trabajos previos, es difícil destacar un highlight específico de Meat Machine. OBSIDIAN KINGDOM se mantienen en sus trece creando obras conceptuales, perfectamente integradas y holísticas, y este nuevo álbum es una prueba más de que aún les queda recorrido por delante y pueden seguir sorprendiéndonos con su música. Quizá, a nivel personal, prefiero los anteriores discos, pero aquí ya entro en el pantanoso terreno de lo subjetivo: como fan del heavy metal en su sentido más clásico, me atrae más el romanticismo de un mundo desolado que los barceloneses esbozaron en A year with no summer que la pesadilla industrial dibujada en esta nueva obra. Es indiscutible, sin embargo, que la intención que hay detrás de Meat Machine se transmite con una intensidad inigualable. OBSIDIAN KINGDOM han puesto, de nuevo, toda la carne en el asador (insisto, sin segundas), y han vuelto a demostrar por qué son una de las bandas de metal más innovadoras de esta última década.

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