NUCKIN’ FUTS (ESP) – Abyss, 2018

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Parece ayer cuando escuché por primera vez Evilution, el EP de esta banda barcelonesa, y me ganaron por completo. 2012 fue el año en el que empezó la andadura de esta formación, con un sonido muy macarra dentro del thrash. Era el momento de separar la paja del grano en lo que a esta oleada de velocidad, palm mute y voces rabiosas se refiere dentro de nuestras fronteras. Solo hacía cinco años que parecíamos haber visto rebrotar un género que mucha gente consideraba perdido (con o sin razón, depende del punto de vista que tengamos a la hora de analizar el fenómeno) y en el que los fans más tradicionalistas no tenían esperanza ninguna.

Ya hace seis años desde 2012, y fue el momento perfecto para que NUCKIN’ FUTS pusiese sobre la mesa ese EP de seis canciones sobre la mesa con un sonoro puñetazo. Seis años de gestión incansable, de recreación personal y de sudar la gota gorda. ¿El resultado? Abyss, 2017 (finales, ya pegando a 2018), reconocimiento en redes sociales y capacidad más que suficiente para convocar y conseguir que la gente se quede. Seguro que hay bandas ahí fuera que han trabajado igual de duro. ¿Pero que estén camino de agrandar la lista del thrash de la misma manera? Pocos.

Quiero evitar caer en tópicos como “han evolucionado” o “han madurado”. Es algo que salta desde la primera escucha si comparamos por separado sus lanzamientos. De lo que quizá muchos no sean conscientes es de la barbaridad sonora que han editado, y de lo que puede suponer para este género. No hace falta darle muchas vueltas para reconocerlos como una fuerza de la naturaleza a la que no desafiar ni subestimar. Es algo que fuera de nuestras propias fronteras (por experiencia con fans con los que he podido hablar) ha calado desde el primer riff, y cada vez va a más. Les encanta el juego de palabras del título, y la variedad de influencias que presentan en cada lanzamiento.

TANKARD, TESTAMENT, un poco de esto, un poco de lo otro… Algo de OVERKILL, un pellizco EXODUS y dejes de MUNICIPAL WASTE aquí y allá. Pero nada de quedarse en lo tradicional. Reproducir punto por punto el pasado es morir. Esa ha sido la clave del éxito de los dos grandes exponentes que hemos mencionado antes, y es la receta que NUCKIN’ FUTS ha seguido.

Y todo esto se nota en cada una de las ocho canciones de este disco. Un número perfecto para una época en la que el casete y el vinilo están volviendo a resurgir; a cuatro por cara. No por el formato físico, ojo. Eso ya es cuestión de opiniones y gustos. Es más por aquello de no alcanzar la eterna hora de duración. De que el disco sea un puñetazo contuntende y sádico. Pero uno solo.

Abyss es un Practice what you preach. Un Ride the lightning, South of heaven o un Bonded by blood. La batería es un carro de batalla en el que van montadas las guitarras, afiladas, pidiendo sangre en cada riff, con un bajo que parece más un mazo de guerra y una voz implacable y con una identidad propia. Nada de la típica voz nasal (calco a Mustaine) que no suele ser otra cosa que un intento de distanciarse de METALLICA para que no te llamen vendido. Claro que Tolo no tiene la voz de Hetfield, ni falta que le hace. Tiene identidad, tiene timbre y calidez propias, y eso hace de pegamento para presentar un disco único, elegante y, a la vez, mortal.

Creo que no podría escoger una sola canción. Es de estos discos que necesito engullir de principio a fin, porque todo está en su lugar. Es una obra de ingeniería en la que todas las piezas encajas y hacen que se sostenga sin necesidad de filigranas, opulencias y mamarrachadas o gracietas que hagan de relleno. Es coger thrash de toda la vida y recordar que ya hace treinta años (casi cuarenta en el caso de algunos) de los Kill ‘em all, los Fistful of metal o los Metal on metal.

El resultado del esfuerzo más titánico (además de sincero) es este Abyss, ejecutado, producido, grabado y masterizado de tal manera que nuestro “yo” de doce años pensaba que esas cosas estaban al alcance de gente con cuentas bancarias casi obscenas, y no de gente con una dinámica de trabajo adecuada y un nivel de profesionalidad que se va formando poco a poco. Y no tienen pinta de que vayan a separarse (Lemmy me oiga), sino que además van a seguir sacando material que se superará a sí mismo. 

Sin duda los aspectos técnicos de este disco son importantes, pero quizá sea justo, digno y más constructivo valorar todo lo que implican discos como este. Saber expresar el mimo y el cariño con el que están hechos, y que cuando escuchéis (otra vez) este disco sea como “Joder, en toda la cara. Otra vez. Dame más”.

Si buscáis pasión, si buscáis metal a todo trapo, si buscáis que vuestro coche, vuestro salón o vuestro garito se sacuda y tiemble hasta que todo el mundo sienta terror y a la vez la tentación de mirar a este abismo… este es vuestro disco. Su única pretensión, y la que deberían tener todas las bandas de metal moderno, es destruir el mundo.

Yo voy a pinchar otra vez el disco. Sugiero que hagáis lo mismo.

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