NOVEMBRE (ITA) – Ursa, 2016

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novembre01Tras más de un lustro en completa ausencia, muchos pensábamos que NOVEMBRE habían desaparecido de la peor de las maneras posibles, en el silencio. Tras su obra maestra de 2007, The Blue (aunque algunos dirán que este honor recae en Materia, también merecedor de la gloria, para qué negarlo), nada sabíamos de los romanos. Ni tan siquiera una mísera nota de despedida o separación. Lo cual habría sido una auténtica lástima para un grupo que nunca obtuvo el reconocimiento que mereció por su calidad compositiva.

De todos es sabido, que la trinidad inglesa del death/doom, compuesta por ANATHEMA, PARADISE LOST y MY DYING BRIDE, fecundó con sus semillas a muchísimas formaciones a lo largo y ancho del globo, que florecieron, principal aunque no únicamente, en el metal gótico que dominaría la segunda parte de los noventa. Ya sabéis: TRISTANIA, WITHIN TEMPTATION, THEATRES DES VAMPIRES… Mientras que, a su vez, otra corriente más underground llevaría esta fórmula (daría para debate si estas bandas desarrollaron el sonido en paralelo o inmediatamente a posteriori) hasta extremos abisales. Ahí tenemos a THERGOTHON, DISEMBOWELMENT, EVOKEN… Por su parte, la propia trinidad evolucionaría, con cada una de sus partes tirando hacia rutas radicalmente diferentes: ANATHEMA se convirtieron en una banda de rock progresivo muy personal. MY DYING BRIDE coquetearon incluso con el trip hop, pero siempre se mantuvieron en el metal gótico más melancólico. Mientras que PARADISE LOST… bueno, ellos tienen mil caras y daría para una entrada entera.

Pero NOVEMBRE tomó sus semillas de un modo distinto a las corrientes antes mencionadas. No pertenecían a ninguna, simple y llanamente. Aunque la fórmula era muy primitiva en su ópera prima, Wish I Could Dream It Again… en el 94, a partir de Arte Novecento su sonido iría tornándose en inconfundible. A grandes rasgos, el gótico predominaba, pero también el progresivo, y las partes de death, aunque pocas, seguían teniendo fuerza. En otras palabras, si la triada británica no se hubiese puesto a experimentar hacia otros géneros y hubiesen continuado la senda de GothicShades of god, The angel and the dark river o The silent enigma, habría salido algo muy parecido a lo que estos italianos hacen, pero NOVEMBRE tienen ese toque especial, inconfundible. A veces han endurecido su propuesta un poco más, otras veces la han suavizado (el controvertido Materia) pero la base continúa inamovible.

Ursa es un álbum continuísta con respecto a The Blue… por definirlo de algún modo. Un disco con muchísimo trabajo (y matices) por detrás, con una producción impecable de Dan Swäno, que hace que todo fluya de manera espectacular. Por ejemplo, mucho se ha hablado del famoso solo de saxo en «Oceans of afternoons» y para bien, debido a que encaja perfectamente con la atmósfera del tema, su base rítmica… Tanto es así que si escuchamos sin poner atención, se nos pase desapercibido. No porque sea algo anodino, sino porque está integrado en el ecosistema.

Toda en Ursa son buenas noticias, Carmelo sigue cantando como los ángeles y cuando quiere (aunque en contadas ocasiones) saca a pasear la voz gutural rasgada con esa facilidad pasmosa que tanto le caracteriza. Véase los primeros compases de «Bremen», el de «Fin», o «The Rose» y cómo las canciones va cambiando de ritmo y de ambiente completamente del death metal melódico a su peculiar manera de entender el metal gótico, todo de manera paulatina. La voz de Carmelo cambia de ritmo, pero de fondo el riff continúa en Gotemburgo y el bombo sigue su trabajo. Así, como el mago que nos distrae para que no veamos entre bambalinas cómo se crea la ilusión que nos engaña, la voz nos entretiene para que nos demos cuenta de la evolución de la canción cuando esta ha variado musicalmente de manera considerable. Se permiten incluso el lujo de mentirnos, con total descaro. La casi instrumental «Agathae» parece a priori un tema suave de reposo… Hasta que a la mitad del mismo revela su auténtica naturaleza con los pasajes más duros del álbum, bordeando el groove y el death puro y duro.

Pero el gran encanto de NOVEMBRE, y más en Ursa, es esa magia de seguir alargando los temas y no sólo no se nos hagan pesados, sino que además nosotros sepamos que la canción puede y debe continuar, sintiendo una necesitad imperiosa de esto, mientras que ellos cumplen nuestro deseo. Todas las canciones rondan los seis minutos, algunas como «Agathae» llegan hasta los nueve, algo que no es nada nuevo en los romanos, por otro lado. Incluso, y esto es percepción 100% personal, con el paso de los años han aprendido a que todos los temas largos no bajen en intensidad y nunca nos aburran, que no falte ni sobre ni un minuto, todos cuentan. Y por intensidad no me refiero a meter 15 tremolo picking, cada uno más veloz que el anterior o a un breakdown eterno, no. Esa intensidad puede llegarnos de otras maneras, tocando algo dentro de nosotros que conecta con ellos. Esa que hace que, cuando lleguen los momentos de mayor calma, nos quedemos de piedra por lo vivido y escuchado y anhelemos que el tema vuelva con esa misma fuerza.

Podría seguir describiendo en vano Ursa, pero sería absurdo, porque su entendimiento va más allá de la razón. Tal vez sea cierto aquello que dicen que los italianos tienen una sensibilidad particular hacia al arte, tanto para crearlo como para vivirlo. Pero no voy a decir si esta es su mejor obra o deja de serlo, porque NOVEMBRE no han parido jamás un disco que no fuera sobresaliente. Quién ya los conozca, ya sabe qué esperar y que no lo van a decepcionar. Para los que no los hayan oído aún, deberían hacerlo con premura.

Sólo espero que no tengamos que esperar tanto para un nuevo opus, el mundo es un poco menos mierda gracias a ellos.

firmabalbo

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