NORDLAND (GBR) – European paganism, 2017

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Desde siempre me han interesado mucho los proyectos de un solo miembro y más todavía si encamina sus tendencias musicales hacia el black metal. Creo que, lógicamente, al tratarse de las ideas de una sola persona, resultan productos muy personales y eso se nota en la música, por regla general, de manera muy positiva.

Para hoy, tenemos en nuestro menú musical del subsuelo el último trabajo de NORDLAND, proyecto del polivalente Vorh, quien se encarga de todos los instrumentos así como de la composición. Creado en 2011, NORDLAND suma ya con este cuatro elepés y un EP; el de este año, titulado European paganism, ha sido editado por Satanath Records y vamos a dejarnos de preámbulos de una vez para comentar qué nos ha parecido.

Nunca antes había escuchado la música de este inglés y, aunque me esperaba algo ligeramente distinto, me ha agradado igualmente. El black metal que en este redondo se presenta es rudo, con cierto aire pagano que se hace más fuerte según momentos y de una personalidad fortísima. Sí, es verdad que no estamos ante algo novedoso, pero está bien hecho y, como decía, al tratarse de un ‘one-man band’ se siente música muy personal, con una oscura atmósfera de fondo, casi arcana, propiciada por unas guitarras con cierto toque funesto, crudas y que lideran constantemente el sentimiento de este LP. Sentimiento que, como apunté unas líneas por encima, se acentúa por momentos, pero que casa a la perfección con el título del disco.

 

 

Siento cosas parecidas a las que sentía al escuchar a los primeros KAMPFAR, a los argentinos DWIMOR o incluso a los españoles BERSERK; black metal de corte pagano pero sin florituras ni complicaciones, haciendo alusiones constantes a lo primigenio.

Voces obviamente adecuadas para la ocasión, ritmos de batería que varían desde lo lento a los medios tiempos y a la caña, acompañando siempre debidamente en cada capítulo de riffs que forman la columna vertebral de la musicalidad de este trabajo, repartidos correctamente en tres pasajes que suman poco más de cuarenta minutos. Una obra modesta, bien hecha, bien ejecutada y que muy probablemente, y muy a pesar del que escribe y seguramente del propio Vorh, pase desapercibida entre los más exigentes, pero que seguro será del agrado de los más clásicos.

 

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