NON SERVIAM (FRA) – Le coeur bat, 2020

Enlaces:

Se denomina crimen perfecto a aquel que está tan bien cometido que no ha dejado cabos sueltos por los que llegar a la identidad real del autor, un rompecabezas sin solución. El crimen perfecto no existe, pero una de las ideas que subyacen bajo este concepto es que hasta para hacer algo moralmente malo hay que ser bueno en ello. Poniendo un ejemplo más mundano y no tan radical, el alumno que progresa en el sistema educativo rompiendo reglas y copiando en los exámenes. Puede hacerlo porque tiene una habilidad distinta a su compañero de pupitre que invierte su tiempo en estudiar; él lo ha empleado en aprender a hacer las cosas mal. En otras palabras, hasta para hacerlo todo mal hay que saber. Pues en la música es lo mismo. No cualquiera puede hacer ruido en condiciones, por muy sencillo que parezca. 

En según qué estilos el ruido es una excusa para tapar la mediocridad, se evoca a los sentimientos con una etiqueta de autenticidad y todos tan contentos. No es la situación de NON SERVIAM. La banda francesa ha elaborado una obra tan espantosa y caótica y que no hay por donde cogerla. Tan orgullosos están de su aborto musical que han decidido presentarlo con un aborrecible corte de veinticinco minutos. La diferencia con aquellos que tapan sus carencias bajo bolas de ruido es que aquí hay muchísimo donde rascar, influencias muy diversas que denotan que los franceses son mucho más listos de lo que parecen. 

Lo que más llama la atención sin duda alguna es el tema homónimo. Sí, dura veinticinco minutos integrales, sin introducciones, outros o cualquier trampa de minutaje. Dista mucho de ser perfecto y es imposible de describir, pero es un salto por el precipicio sin cuerda de los que apenas se hacen. Para hacernos una idea, los primeros segundos (conscientemente) nos llevan al engaño, sonando similares a DEAD CAN DANCE, pero pronto vemos que no es así ni de lejos.

A partir de ahí las puertas se abren de par en par y no hay control alguno: los instrumentos están saturados en la mezcla, siendo una quimera el saber si lo que lleva el ritmo es una guitarra o un bajo distorsionado al máximo; hay voces superpuestas, desde voces rasgadas a coros femeninos limpios en un comienzo, a los que se unirán voces sampleadas como las que emplean ATARI TEENAGE RIOT. Apenas hay secciones que tengan una estructura que podamos considerar canción «normal»; las bolas de ruido se alternan sin avisar con secciones mucho más tranquilas. Y si alguien piensa que esto es como en la música progresiva y hay diversas partes que integren un todo… buena suerte tratando de saber dónde empieza y acaba cada una. Nadie hace toda esta cacofonía apretando botones al azar a ver qué sale; detrás de esto hay unas mentes pensantes que quieren crear un impacto en los oyentes. La clase de impacto que requiere que la policía acordone la zona, concretamente.

Aunque valore bastante esta valentía, sí es cierto que sobraban algunos minutos. La parte final protagonizada por el órgano eléctrico quizás se extiende demasiado durante los últimos cinco minutos, arrastrándose más de lo debido. Considero que podían haber conseguido el mismo efecto yendo algo más directos y sin restarle impacto a esta abominación. 

Los cortes restantes no impresionan tanto. Son más digeribles, pero por otro lado nos hacen más sencilla la tarea de ver todos los recursos empleados (para empezar porque estos sí tienen una estructura reconocible). Es impresionante escuchar cómo «Infanticide» cambia tantas veces en sus siete minutos. Hay trip hop, post punk, d-beat, black metal… todo formando parte de una masa irreconocible. O cómo el simple interludio de «Nights in black masses» decide mofarse de PORTISHEAD para después meterse en la parcela del dark ambient. Mientras que «Salem» juega a ser AGORAPHOBIC NOSEBLEED en muy contados instantes con esa batería programada a velocidad imposible. 

Así es todo Le coeur bat, las canciones están constantemente cambiando en el espacio de tiempo que tienen disponible, ya sean dos o siete minutos. Esto sí que es vanguardista por derecho propio. Primero, por los géneros tan dispares a los que apunta y que en teoría no tendrían por qué encajar, encajan. Y segundo, porque por cuestión de talento NON SERVIAM hace que los cambios sean bruscos o transicionales. En cualquiera de los dos casos, no te vas a dar cuenta. 

Quizás las dos canciones más flojas sean «I watch you from afar» y la versión del himno anarquista «Inno individualista» (como es de esperar, nada tiene que ver con la original) por lo relativamente quietas que están con respecto a cambios de estilo, calificándolas simplemente de black metal industrial. Casi suponen un descanso a la montaña rusa que suponen sus compañeras de tracklist.

Quizás esta sea una de esas obras a las que otro crítico le plantaría un cero y diría que es una basura. Honestamente, una opinión de este tipo sería perfectamente comprensible. Le coeur bat es un disco apropiado para los tiempos que corren, un álbum polarizador. Quien escribe esto considera que hay que tener mucho talento para mezclar todo esto y que no resulte ser algo insoportable.

Comparte: