NO SANCTUARY (ESP) – Weird slow punk of mystery & imagination, 2019

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No se exactamente qué fue lo que me atrajo para coger este álbum, escucharlo hasta hartarme y poder escribir sobre él. Las etiquetas de crust punk/post punk que lo rodean, que el nombre de la banda sea un álbum de AMEBIX, que el título del disco fusile a la antología televisiva británica de terror de los 60, la portada tan peculiar que destila cierta oscuridad añeja… Todo eso me indicaba que los pamploneses NO SANCTUARY se mueven por unos terrenos muy pocos visitados en este país. Sólo por ese hecho, aunque luego la música en sí fuera autentica basura, merecía al menos una oportunidad. 

Habría sido más divertido que este Weird slow punk… fuese una mierda para poder destriparlo, pero resulta que es harto original. Y no por los estilos en sí, sino por la manera de mezclarlos. Como la fórmula de la Coca Cola. No pueden ocultar los ingredientes que contiene el brebaje, pues cualquier ministerio de sanidad con dos dedos de frente ilegalizaría el producto, pero nadie dice nada de cómo combinarlos. Si alguien se da una vuelta por diversas reseñas de este álbum verá chorrocientas bandas mencionadas como influencias. ¿Por qué? Porque suenan a tantas cosas distintas que es imposible categorizarlos de ninguna manera. 

Lo más curioso es que un álbum tan cerdo y tan punkarra parece estructurado como un disco de metal progresivo, a base de actos. 

Aquí nada está hecho de manera normal, y así el disco comienza con los samples naturistas de «Merlin e familia«, acompañados de una línea de bajo que desemboca en una canción de post punk bastante burlona. Como si KILLING JOKE se rieran de ti. Sin embargo a partir de ahí se acabó la coña y comienza el segundo acto: «Curse of the werewolf» mete el acelerador y ya tiene ese ritmo más típico de CELTIC FROST o sus vástagos más modernos como CHILDREN OF TECHNOLOGY y que esperaríamos de un grupo crustie. Y sin embargo incluso en lo más previsible hay una cuota de impresibilidad. La voz de Edorta suena agresiva pero distante, por debajo del resto de instrumentos, casi como si quisiera darle un toque fantasmagórico. 

«He lives» continua este segundo acto más guarro, yendo incluso más rápido y aumentando la mala hostia, pero pronto cambia completamente las normas del juego y se mete en los terrenos del doom y comienza de manera abrupta, como un choque de tráfico, el tercer acto. No obstante, y aunque me hubiese gustado que continuasen yendo lo más rápido posible, es la parte lenta la más interesante del corte. 

Si leemos las letras, veremos un homenaje constante a John Carpenter, mencionando el mayor número de largometrajes clásicos del director y usando samples de los mismos. Pero el mayor tributo está en esta parte lenta. Un doom ultrapesado que no encaja en los estándares clásicos del estilo, pero tampoco es lo suficientemente abrasivo como para ser sludge o lento para encuadrarlo en el stoner. Es una atmósfera fúnebre que en espíritu evoca a su más famosa banda sonora. Una percepción totalmente subjetiva y que admito que pueda ser considerada como meada fuera del tiesto, pero con tanta referencia previa, es lo que hay. 

Este tercer acto fúnebre llega a su culmen con la instrumental «Смерть» y, como no se puede ser más bestia, la banda decide otra vez cortar abruptamente la atmósfera y mutar una vez más. «Seeker, hunter, fool» no vuelve a meter el turbo, sino que nos mete en un lento ritual hipnótico, la voz de Edorta es ahora la de un chamán y para encontrar referencias hay que mirar a ORTHODOX o PYLAR.

«The weaver in the vault» directamente me jode la teoría de los actos, quedándose entre medias del aire ritualístico, la agresividad crust y el doom, siendo quizás la canción más representativa de todas. Y finalmente el mastodonte de «Altos hornos de Vizcaya/Meditación del carbón y el acero/Portugalete Über Alles«, con once minutos de duración, es el tema más monumental del disco. Un doom muy cercano a HIGH ON FIRE, donde parece que la canción va a coger velocidad y llevarnos al principio del álbum… pero nunca ocurre nada de eso. En su lugar todo se vuelve cada vez más opresivo y desagradable. En especial cuando el feedback de las guitarras van comiéndose todo, hasta dejarnos con un cierre áspero y hostil. Si la industria siderúrgica vasca del siglo XX tuvo un mal final, este homenaje no iba a ser menos. 

Después de esta lluvia de palabras poco o nada queda por decir de este debut. Es un desafío doble: para la propia banda, por no permanecer quieta en su sólo género, y para el oyente, para que este nunca sepa qué esperar. 

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