NECROBERUS – Éxodo, 2012

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Definitivamente NECROBERUS ha ascendido a una división superior. Cierto es que su demo, y sobre todo su primer largo (Génesis, 2010), me gustaron y tenían aspectos interesantes, pero igualmente se podía intuir en ellos un margen de mejora evidente, franja que han recorrido consiguiendo una superación palpable con este segundo trabajo.

Desde luego, estos oriundos de Guadalajara no rompen con el pasado, pero tampoco abogan por la continuidad más estricta. Es más, evolucionan su producto, y lo hacen crecer. No solo a nivel de sonido -lo más evidente en una primera escucha- con el excelente trabajo de Carlos Santos en los Sadman Estudios (Madrid) y la posterior masterización a cargo de Mika Jussila en los aclamados Finnvox de Helsinki, sino también a nivel musical y compositivo.

Podríamos decir que NECROBERUS pasa del metal rock crudo, mezcla de grupos como los clásicos del underground portugués 90’s  ADAMASTOR o los vallisoletanos ANIMALFANTASMA (salvando las distancias),  a un heavy rock fusión de lo clásico y actual. Todo ello con su sello personal, tan difícil de comparar con otras bandas y que ha propiciado que tengan su espacio propio, y que lo vuelvan a salvaguardar con un disco que supera, con mucho, lo anterior.

Hablaba de la conciliación entre lo clásico y lo actual en Éxodo. Esto es así en cortes como el inicial El Pacto, con riffs muy SAXON pero con partes hamletianas, algo así como en Odio, corte con un trabajo solista de guitarra bastante añejo y unas guitarras rítmicas muy Groove, que pueden recordar, nuevamente, al grupo de Molly.

Esa unificación del pasado y contemporaneidad en la música de NECROBERUS también es evidente con ellos mismos. Aunque la evolución es clara, ese regusto a los NECRO pasados se hace innegable en el mismo Odio y, sobre todo, en En El Fin del Mundo, pero con el atractivo de unas guitarras cortantes que suenan mucho mejor que en Génesis (2010). No obstante, hay cosas que quedan borradas del ayer, como el eterno inicial parecido de Sergio, a nivel vocal, con Bunbury de HEROES DEL SILENCIO.

En Éxodo, Sergio es mucho más versátil y refuerza su personalidad, consiguiéndolo con bastante éxito, fortaleciendo la virtud de la versatilidad (hay temas incluso que coquetean –en su alma y solo en partes- con el metal extremo, como Oscuridad, y otros que rinden culto a la melodía, como Días Inciertos, en las que se ayuda de la guitarra acústica).

En esa cierta oscuridad que transmite el disco Sergio es pieza clave, pero también esa pesadez y groove de las guitarras tienen su valor para conseguir esa lobreguez y turbiedad. Ejemplo de ello es Un Nuevo Amanecer, de ritmo machacón y penetrante.

No obstante, Éxodo nos presenta canciones oscuras, ambientadas en la negrura y cerrazón, pero las ilumina en partes con una evidente carga melódica. Esa alma bipolar se muestra en todo el disco, pero especialmente en el hit La Huida, muy clásico dentro de la apuesta del grupo, y si rendimos culto a lo complejo y a la estructura, Éxodo –el tema que da título al disco-, donde el grupo experimenta como ya hizo en el pasado con Luna Callada. El resultado vuelve a ser satisfactorio gracias, entre otras cosas, al trabajo al piano del guitarrista Jorge.

El artwork está a la altura, y es que el trabajo de Alejandro Blasi vuelve a ser notable. Quizás Génesis sirvió para advertir ciertos aspectos a mejorar y subsanarlos, en un trayecto –o éxodo– que les ha llevado a conquistar tierras centroamericanas y que les trae de vuelta a España, donde intentan hacerse un hueco en la saturada escena nacional. Con este disco están más cerca de conseguirlo… Y es que, como digo al principio, han ascendido, definitivamente, a una división superior.

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