MUTANT SPERM QUARTET – The way of the Stoic, 2018

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¿Cuántos grupos de hardcore hay en España? Muchos. ¿Y cuántos de metalcore? También bastantes. ¿Y de mathcore? A eso es más jodido responder. A mí, desde luego, no se me ocurre ninguno, y si quien lee esto conoce muchos, que lo diga en las RRSS de la web, que para algo están, además de para insultar y amenazar. Bueno, sí, se me ocurre uno: MUTANT SPERM QUARTET. Una banda que por el nombre cualquiera podría pensar que no se toman nada en serio, que todo es cachondeo. Pero bajo dicha apariencia se esconden unos músicos provenientes del pueblo cordobés de Palma del Río que técnicamente dejan en calzoncillos a muchos. 

¿Y qué es esto del mathcore? En pocas palabras: hardcore/metalcore con estructuras extrañas, que suena rápido y caótico, similar al grindcore (de hecho es una de las influencias del estilo), pero con unos patrones inusuales, más que caóticos, que a veces suenan incluso hasta aleatorios, como las canciones de jazz que se alargan y nunca sabes por dónde van a saltar. E irónicamente, a pesar de sonar disonante, puede contener riffs melódicos. Es este contraste una de las señas de identidad del género, que logra que de primeras no sepas qué escuchas por el desconcierto, pero que sí sepas que no suena como cualquier otra cosa. 

La trayectoria musical de los palmeños es breve, muy breve. Tan sólo un par de demos previas a 2012, un EP en 2016 y este single con tan sólo dos temas. Y si algo tienen en común esos tres lanzamientos, más allá del estilo del que parten, el cual los hace unos alumnos perfectos de THE DILLINGER ESCAPE PLAN, es que nos dejan con muchas ganas de más. 

Tanto «The way of Tao» como «The way of the Stoic» comparten los mismos elementos: riffs melódicos, alternados por cambios de ritmo rapidísimos, voz de hardcore rasgada y chillona, partes más directas y reconocibles, donde el oyente casual de este tipo de hardcore no se sentirá tan perdido, y escalas extrañas… Todo pasa tan deprisa que es imposible perder el dinamismo. Todo es una montaña rusa; quizás haya una parte que se concentra más en el medio tiempo y otra en la que metan sexta velocidad, pero todo está muy bien engranado. Así que cuando acaban estos cinco minutos y 38 segundos, lo más lógico es que nos preguntemos «¿qué ha sucedido?» Y que, como decía antes, pidamos más. Es tan poco que no podemos decir aquello de «así no saturan al oyente«. Si hubiesen hecho un disco de una hora, quizás esgrimiría ese argumento. En este caso, el material es excelente, pero es demasiado poco. Quizás debían haber esperado a sacar más canciones a la altura, aunque la espera fuese por ello más larga. Porque me jugaría un brazo a que un álbum de estos chicos sería genial. Ojalá pronto; un single no es suficiente.

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