MOTHER EEL (AUS) – Svalbard, 2019

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Nombrar un álbum en honor a determinada región, país o zona suele tener una serie de trasfondos limitados: o bien es el lugar de origen del grupo o es el lugar al que se quiere evocar con la música. Es una regla que no siempre se cumple, pero que en la mayoría de los casos lo hace. Svalbard es un pequeño archipiélago al norte de Noruega, pegado al círculo polar ártico y que, a pesar de su ubicación y temperaturas extremas, siempre tiene su ración de turistas. Por ello dudo mucho que sea un entorno 100% salvaje, en el que la supervivencia del ser humano corra peligro. Sin embargo el título podría servir para una de esas bandas de folk metal nórdico cuyas canciones están cantadas en un idioma que nada tiene que ver con las lenguas romances.

Lo divertido es hablar, cómo no, de excepciones, y MOTHER EEL no es una banda de vikingos con guitarra, sino una panda de descerebrados con un gusto desmedido por el ruido, procedentes de la otra punta del mundo, más concretamente de las Montañas azules de Australia, una región natural cercana a Sydney y que nada tiene que ver con nuestra imagen mental de unas islas nórdicas.

Y siguiendo con las excepciones, aquí no hay épico folk metal, sino un sucio sludge metal cuyo condimento principal es el noise. Ya sean interferencias de radio, reverbs o ruido blanco, el noise se emplea como elemento conductor para la fluidez de los temas y a su vez para enmascarar a estos, con una sonoridad caótica, saturada de distorsión, cuyo esqueleto son temas de sludge con una estructura normal (como si en este género normal significase agradable). Y es que MOTHER EEL son un auténtico fraude; tras esa apariencia de desorden, ruido y gritos lo que hay son unas canciones perfectamente ensambladas que llevan años bajo un rodaje intenso, ya que varios de los temas del álbum han aparecido en antiguos EPs y bootlegs, lo que ha permitido a los autralianos perfilarlos hasta el punto que querían. La banda se ha tomado su tiempo para grabar su primer álbum, teniendo en cuenta que existen desde 2003.

Cada una de las canciones de Svalbard tiene una base cíclica, con el mismo riff ultrapesado repetido hasta la extenuación, hasta que supliquemos que acabe el tema. No por aburrimiento, sino porque MOTHER EEL se ocupan de que cada minuto sea lo más incómodo posible. El nivel de distorsión elevado, los gritos de todos sus miembros (desconozco quién ha llevado la voz principal) y el lento desarrollo de cada una de las canciones logran que este disco sea una fiel representación del mono de heroína.

Dentro de cada corte, cada uno tiene sus recursos diferenciadores, ya sea rompiendo la estructura por completo con un aparente patrón sin sentido de batería («Sucking to gain«) o introduciéndose en el noisegrind («Erection of pain«). «Listen to the elderly for they have much to teach» es la más interesante de todo el álbum. Sus primeros segundos presentan un drone minimalista (nada de reventar tímpanos como SUNN O))) o BORIS) para adentrarse en el funeral doom y progresivamente deteriorar a través de disonancias y ruido, hasta que finalmente el harsh noise lo devora todo. Al igual que existen canciones que van subiendo poco a poco en intensidad hasta llegar a un climax espectacular, aquí todo es un proceso de putrefacción y decadencia. Incluso con riffs limpios, todo es malevolencia, por muy cliché que suene, ya que cuando hemos llegado al cierre con «Not my shade» la media hora de odio sonoro ha calado de manera muy profunda.

A pesar de todo no es un álbum revolucionario o vanguardista, como he podido leer en algunas descripciones del álbum. Más allá de la misantropía y el sludge, los riffs basados en EYEHATEGOD y los primeros CELTIC FROST o el uso como conductor del harsh noise, no hay intrumentos inusuales ni estructuras heterodoxas. Algo que puede valorarse como positivo si buscamos el sludge más hiriente posible, pero negativo si tratas de encontrar un álbum inusual. Esto no es FANTOMAS (por aquello de que ellos han utilizado en alguna ocasión el noise), pero sí que juega a llevar todo al extremo, a ver cuánta pesadez y odio podemos inyectar en un estilo lento y oscuro de por sí. Se encuentran en la frontera de hacer algo realmente incomprensible, para bien o mal, pero han decidido quedarse como amos de la cárcel, controlando el caos hasta donde pueden.

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