MORTUORIAL ECLIPSE (ARG) – Urushdaur, 2018

Enlaces: Facebook

La verdad es que no son muchas las bandas argentinas de metal extremo que pueda recordar con facilidad, menos aún que practiquen black metal. Las dos que recuerdo a botepronto me tuvieron muy enganchado en la época en la que más bandas de corte pagano descubrí, allá por 2008. DWIMOR y WULFSHON mostraban ya por aquel entonces a un servidor la calidad de la escena del país.

Hoy, mucho tiempo después de aquello, vuelvo a descubrir un nuevo proyecto que reafirma esto: MORTUORIAL ECLIPSE. Confieso que ya solo con leer el nombre me entran ganas de realizar sacrificios ritualísticos con pijos de polo de Lacoste; luego ya al escuchar su música no solo me apetece realizar rituales con ellos, sino también hacerme un traje de neopreno con sus pieles para nadar en su sangre y beber de esta usando sus cráneos de copa. Esta peña se sale y mucho. Black/death metal sinfónico del que pone la piel de gallina. Con maneras de la escuela clásica y algunas más modernas, estos argentinos hunden fuerte en nuestra mente las atmósferas poderosas y épicas que crean esas sinfonías, que a su vez y en consonancia con la base extrema suenan oscuras y malignas, como si una terrible profecía de muerte se cerniese sobre nosotros de manera irremediable y funesta. Muy buen trabajo de las bases sinfónicas, que no suenan para nada monótonas y realmente aportan mucha calidad al conjunto.

En cuanto a las cuerdas, hay que apuntar que igual que a las líneas de bajo, aunque se nota su papel, les falta un pelín de nivel para mi gusto; como os decía, si no estuviera el bajo se notaría, pero en algunas ocasiones cuesta de distinguir. Las guitarras demuestran, por otro lado, que es fácil para MORTUORIAL ECLIPSE enlazar riffs machacones más propios del death con los afilados tremolos típicos del black metal, todo con homogeneidad y bien hecho, sin dejar lugar a ‘peros’.

Voces guturales con ejecución soberbia, que recuerdan mucho al carismático Nergal de los polacos BEHEMOTH, además de unas baterías contundentes y que huyen de ir empalmando ritmo tras ritmo de manera lineal y convencional (me han flipado las líneas de percusión), rematan esta obra de manera magistral, en la que no hay lugar para la mediocridad.

 

Comparte:

COMENTARIOS