MORTSUBITE – Deimos, 2016

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MORTSUBITE son el grupo para el que nunca vas a estar preparado. Su segundo disco, Deimos, lleva esa afirmación al extremo. En el sentido más amplio de la palabra.

Para nada me atrevería a catalogarlos de “progresivos” (sobre todo porque considero una etiqueta que ha dejado casi por completo de lado su sentido original, para servir de título nobiliario a gente con más ego que talento), y mucho menos de “técnicos” (en cuanto a géneros extremos, se ha de ser técnico siempre para no terminar produciendo un muro de ruido absoluto, y suele usarse para grupos más centrados en técnicas concretas usadas como contraposición a la brutalidad más extrema).

Y teniendo estos conceptos claros… ¿Qué son MORTSUBITE? En el pasado los llegué a describir como una falange romana (“Siempre juntas, siempre fieles”), y voy a tirar de este concepto para que quede un poco más claro. Si antes eran una legión de la República, ahora son una potente máquina de guerra Imperial. El “cliffhanger” con el que cerraron el disco anterior, encaja sorprendentemente con la apertura de este, a modo de transición (casi como una advertencia) de lo que suponen los siete cortes que componen Deimos.

Siete nada más, frente a los diez del Black Nécora, y sin alcanzar la hora de duración. Lo cual nunca ha de servir para señalarlo como un producto escaso (recordemos que el Show No Mercy de SLAYER duraba solo 35 minutos, y menuda bomba…) sino como todo lo contrario: rasero para saber diferenciar si se trata del puñetazo que provocará el KO o solo un mareo temporal.

Pero basta de metáforas. En el aspecto creativo, Deimos supera a su predecesor. Conceptualmente me parece más compacto, más lineal. Menos disperso. Se sigue guiando por (vamos a ponernos pedantes) un estudio antropocéntrico, solo que esta vez, en vez de centrarse en ser humano per se, parece hacerlo en todo aquello que trasciende de este, a un nivel superior. No pongáis caras raras, que os veo. No soy yo el que ha trabajado estos conceptos, pero basta echar un ojo al libreto para comprender por dónde van los tiros, y salir pitando a la Wikipedia. Recomiendo especialmente el artículo relativo al “Cronófago” (pista dos).

El apartado técnico es aun más complejo si cabe. Lo sé, después de la lección de filosofía, esto es difícil de digerir. Pero si prestamos atención, veremos que es mucho más sencillo. No solo es impactante, sino que las transiciones entre las secciones más agresivas y las más melódicas, es impresionantemente fluidas. “Péndulo” es un ejemplo instrumental que conecta perfectamente dos mundos, separados por un abismo que gracias a la voz, parecen aun más lejanos.

Y es que el trabajo vocal es inmenso. Altibajos, cambios de ritmo, apoyos corales, distintas técnicas guturales… Siempre he usado a Dani Filth (lo sé, eso para otro día) como ejemplo de un gran vocalista con un rango amplio y mucha facilidad… pero creo que es hora de mandarlo al asilo, y poner en su lugar el trabajo de Manuel Blanco y Ángel Bello, que trabajan como una sola garganta, que declama apoyada en la narrativa instrumental.

Y es que no solo existe un factor creativo importante en lo que aporta el conjunto instrumental… las guitarras son capaces de desmarcarse para aportar melodías, pero mantener el impacto rítmico (con una definición impresionante para un grupo extremo), sin que este flaquee ni un solo segundo. Usad un buen equipo (lo mejor que tengáis a mano) porque prestar atención al bajo y la batería es esencial para apreciar todos y cada uno de los detalles. Nada queda en el aire y todos tienen momentos de protagonismo excelso sin romper nunca la sensación de cohesión.

Un trabajo inmenso de Carlos Santos (Sadman Studios) grabando y mezclando, y Jens Borgen a la masterización (Fascination Street Studios) habiendo pasado por sus manos gente como OPETH, SOILWORK, THE DEVIN TOWSED PROJECT, PARADISE LOST, AMON AMARTH, ORPHANED LAND… (¿Sigo?)

Es la tercera escucha solo hoy (no puedo evitar escuchar decenas de veces un álbum antes de reseñarlo) y vuelvo a sentir lo mismo que con Black Nécora (que me perdone la banda por las comparaciones, en este caso son inevitables). Las voces son lo suficientemente claras para que con un poco de oído y un par de vueltas, se entienda todo. Sigo apoyando las letras en castellano de MORTSUBITE, porque son un valor añadido inmenso. Y como tantos y tantos grupos, el abandono de los esquemas de versos tradicionales, lo que les permite otra libertad a la hora de jugar con la métrica de las canciones. A la mierda lo cuadrado. Hasta en ese sentido, están demostrando la capacidad que tiene esta formación para el concepto de “escapar de la zona de confort” a la que estamos acostumbrados.

Y cerrar esta review sin hablar del artwork me parecería un despropósito tan inmenso, que no podría llamarme crítico ni periodista nunca más. Mario C Vaises, un nombre que me era por completo desconocido (es inevitable a veces en este país, en el que se pone de moda un tonto, y o trabajas con él, o no eres nadie) pero con obras maravillosas como la portada del Crush Them de BECOME WRATH, o LES TEMPS DU LOUPS. Voy a hacer una referencia comparativa excesivamente concreta, pero que puede servir para que algunos se orienten, y otros se involucren más. En primer lugar pensé que habían conseguido a Dustin Weaver (dibujo/tinta) y Cristina Strain (color) para este proyecto; ambos han trabajado juntos en una saga de cómics de SHIELD (Marvel) en el que personajes como Tesla, Da Vinci o Nostradamus tienen un papel importante en el trama. Así de bueno es este trabajo, sin nada que envidiar y un toque personal magnífico.

Poco más se puede decir… Evolución personal, progresión musical, cero pretensiones y un señor disco que para mí, es imprescindible entre quienes gustan de composiciones que se arriesgan a ir un poco más lejos, sin perder ni una pizca de identidad.

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