MORDRED (USA) – The dark parade, 2021

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Portada del album The Dark Parade de MordredSi hay algo que me gusta más que descubrir bandas actuales, es ponerme en plan arqueólogo y lanzarme a la aventura a lo Indiana Jones descubriendo viejas agrupaciones que pasaron sin pena ni gloria. No sé, considero importante hacerlo. De esta manera uno se pone en retrospectiva, va entendiendo de dónde vienen ciertas cosas, y descubre modestas bandas que merecieron mejor suerte o cariño. Incluso descubre auténticas joyas que resulta incomprensible que hayan pasado tan desapercibidas por el gran público o ciertos sectores. También te llevas la sorpresa de que siguen activas o han vuelto tras un montón de años sin material. En un momento convulso y en pleno tiempo pandémico, hay que echarle huevos para regresar justamente ahora.

Este es el caso de estos thrashers de la gran Bay Area y con el nombre del hijo incestuoso del rey Arturo. El nombre, ya da sutiles pistas de que no nos encontramos ante una banda cualquiera y, tras escuchar su breve, pero productiva discografía, uno se da cuenta de que son especiales. Factor que en parte fue determinante, entre otros, para que nuestros protagonistas quedarán en nada. Y es que, por desgracia, debutaron ya casi a finales de los ochenta. Ya comprendéis lo que significa eso para el género, no voy a ser pesado con el tema, y si no, ya sabéis. Id a los nombres de las vacas sagradas y me contáis que tal con vuestra experiencia con esos discos que lanzaron por la época. Os resultarán interesantes en el mejor de los casos, pero indiferentes… No lo creo.

Si bien podríamos considerar a MORDRED unos ANTHRAX funkies, está claro que eran mucho más, y si hubieran tenido la oportunidad de desarrollarse lo hubiéramos visto. Afortunadamente tenemos este disco para comprobar que mi teoría se confirma. Disco atípico donde los haya, sin duda. Gran heredero del sonido noventero y a la vez, adecuado a los tiempos que corren. El funk, gran determinante en su fórmula, se diluye. Recuperan en parte la agresividad de su debut, y la camuflan cual camaleón con un toque alternativo que bebe claramente de The ritual de TESTAMENT. Esto provoca un mar de sensaciones extrañas y por qué no decirlo, rechazo. El thrash nunca se concibió de esta manera y nunca ha sido un estilo que haya querido romper sus limitaciones. Sólo unos pocos se atreven y de hacerlo, lo hacen tirando por la técnica o el progresivo. No parece que haya más caminos. Y si estaban los que coqueteaban con el funk como ellos mismos, INFECTIOUS GROOVES, IGNORANCE o SCATTERBRAIN, todo quedó como anécdota minoritaria noventera.

Por si esto poco fuera poco, encima son rompedores porque el aire urbano que utilizan es más propio de artistas de géneros como el hip hop o nu metal. El ejemplo más claro es cuando utilizan técnicas recurrentes como el scratch o en la voz del cantante Scott Holderby, la cual es totalmente diferente a antaño. Lejos queda esa voz melódica heredera de Joey Belladona, aquí se basa más en el spoken world y está más cerca de parecerse a Jello Biafra, es difícil acostumbrarse. Ahora bien, una vez hecho esto y conectas, ocurre lo imposible. Consigue apañarse para darle un montón de matices que pocas veces se ve en cantantes más capaces y dotados de una increíble voz. Un claro ejemplo de cómo sacar lo mejor de tus puntos débiles, sin duda. Increíble la capacidad que tiene para recitar ciertos versos y ciertos estribillos, le da un toque de embobamiento ideal para su estilo tan particular.

Supongo que leídos hasta aquí ya habré espantado a los thrashers más puretas y, creedme, los pocos que quedéis vais a huir como alma que lleva el diablo. Si bien hay momentos en los que el thrash más enérgico choca estallando en mil pedazos y se pueden formar pogos sin problemas, como en «All eyes on the prize» o «I am Charlie», donde los mejores ANTHRAX locuelos que tanto echo de menos aparecen casualmente (sobre todo en los estribillos), MORDRED insiste siempre en llevar todo más lejos. Riffs interesantes y más raros que un perro verde, los cuales bailan vals con un buen bajo lacerante que deja paso a una lenta lobotomía. Consiguen crear un ambiente oscuro que compagina con la sátira y la crítica mordaz. Añádele encima una capa de sintetizadores y la sensación de desazón te dejará patidifuso. Seguirlos se convierte, por lo tanto, en un ejercicio. Uno comparable al de andar sobre una cuerda floja, aguantar en un toro mecánico o perder la noción del tiempo mirando las agujas de un reloj. Lejos de querer continuar, vas a querer rendirte, debido a la hipnosis colectiva que inducen sin pretenderlo. Muy estimulantes y disociativos. Mezclas que no deberían pegar y, sin embargo, lo hacen a la perfección. Es difícil de entender.

Es ahí cuando la caída libre por el agujero al país de las maravillas distorsionado e influido por Dalí o Vincent van Gogh te absorbe. Ideas abstractas, irreales o inexistentes, se convierten en abortos que no deberían haberse producido y se metamofosean en experimentación. Si, experimentación. No se puede calificar de otra manera a ciertos momentos o al tema título «The dark parade«, en el que el uso de instrumentos de viento se convierte en un bizarro festival en que la protesta se eleva por una sociedad enferma y representativa en todo el mundo, recordando en el proceso a DIABLO SWING ORCHESTRA o ciertas bandas de avantgarde. También podemos meter en el saco a «Dragging for bodies» o a la rockerilla y, hasta cierto punto melódica, «Smash goes the bottle» en las que la influencias del grunge de bandas como ALICE IN CHAINS, PEARL JAM o los NIRVANA de In Utero, terminan de hundirte en la miseria y provoca nostalgia a los que recuerden los noventa con cariño.

Desde luego no es un  álbum para todo el mundo, es para el thrasher convencional. De hecho, no se me ocurre bandas de thrash metal que suenan o lo intenten de la misma forma hoy en día. Creía que este tipo de álbumes sólo se hacían en los noventa, cuando a las bandas no les quedaba más remedio que intentar adaptarse a los tiempos que corrían por aquel entonces, pero no, todavía existen y no solo eso. Lejos de sonar fallido como en la mayoría de esos casos, aquí funciona. Si eres fan de discos inusuales y que hasta las propias bandas suelen hacer nula o poca mención como Green o Distortion de FORBIDDEN, Grin de CORONER o el mencionado The Ritual de TESTAMENT échale un vistazo a esto. No deja de ser una revisión de estos estilos pasada por el estilo irónico y creativo de humor condenado al fracaso de MORDRED y créeme, merece mucho la pena. Si tienes un mínimo de curiosidad musical y sed de un thrash metal diferente escúchalos. No los dejes pasar que bastante denostados están ya a mi juicio.

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