MOANING SILENCE (GRC) – A waltz into darkness, 2020

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moaningsilence_portada_awaltzintodarknessEn ocasiones, no hay otra cosa mejor que hacer que intentar detenerse en el tiempo, apostarse en una ventana y ver cómo las hojas de los árboles se desprenden de sus protectores ramas. Ver la vida pasar, regocijarse en esos ratos melancólicos de una tarde lluviosa y otoñal mientras en la televisión se encadenan, una tras otra, imágenes de un mundo que se desmorona. Coges el mando y apagas la televisión, cansado ya de tanta mentira, de tanta ira y tanto dolor. Ahora ves los árboles de nuevo, imaginando lo bien que quedaría retratada esa estampa otoñal fotografiada a través del cristal completamente mojado. Te imaginas editando esas fotografías para darle una apariencia más artística, pero necesitas algo de música apropiada que estimule la imaginación, una llave que abra las puertas de la absorción. Encuentras el segundo largo de MOANING SILENCE, A waltz into darkness, entre toda la maraña de promos pendientes de escuchar. No los conoces de nada, ya que se trata de una banda que no viene arropada por ningún gran sello discográfico, pero el primer surco, “Rite of decay”, te convence. Ese rollo a lo PARADISE LOST de la época Draconian times es ahora mismo perfecto. Ameniza la velada creativa en la que te sumerges lenta pero irremisiblemente y que a la vez te hace viajar a una época que te recuerda que algún día fuiste joven y despreocupado. Hete aquí, un viejo viendo a través del cristal de una ventana, testigo de cómo el mundo bordea el cataclismo global una vez más, con la esperanza y la convicción de que, como en otras tantas ocasiones, todo se volverá a reconectar, que todo es parte de una mala noche, deseando que los quejumbrosos alaridos de nuestro planeta den paso a una nueva era que ilumine a la humanidad.

El piano va cogiendo presencia a partir de la modosa “The silence of the gods”. Los quejidos rabiosos de Christos Dounis, que mueve los hilos de la banda, van tejiendo una red de sentimientos que van calando hondo, arropados por las melodiosas tonadas de Eleftheria Aggeloudi, que debuta en este disco sustituyendo a la anterior cantante. La voz de Eleftheria nos recuerda a los primeros tiempos de LACUNA COIL; no es nada especial en los tiempos que corren, pero logra poco a poco hacerse con las riendas del asunto con buen hacer. “Towards to sun” y el tema instrumental que da nombre al disco nos llevan a interesarnos por quien anda detrás de tan pulcra y clásica manera de acariciar las teclas, ahora de una manera todavía más misteriosa, y averiguamos que nos es otro que Bob Katsionis, más conocido por haber sido uno de los puntales de FIREWIND hasta el año 2017; todo un aval para que MOANING SILENCE llegue a un público más amplio. Con todo, es necesario aclarar que Bob Katsionis no es miembro fijo de la banda; su aportación se limita a este disco, ya que ese rol lo ocupa de forma permanente Harry Nakos.

Tras la instrumental, que marca un descanso en el camino, arranca el tema más largo, “Song for Winter”, cuyo título es bastante explícito de lo que nos vamos a encontrar. Aquí se abrazan al gótico de manual. Las guitarras arrastradas nos permiten apreciar más el trabajo del bajo en un corte muy melódico y triste. Ves cómo los árboles del exterior se difuminan en un bello efecto pictórico. Pasas la mano sobre el cristal humedecido dejando las marcas de los dedos, a través de las cuales logras atisbar algo de la realidad que minutos atrás se ha desfigurado como por arte de magia. “Stormbirds” sigue una pauta similar, con voces más narrativas; la banda se siente cómoda en los ritmos cadenciosos, pero no ofrece nada realmente nuevo respecto al anterior. Sin embargo, cerca del final, nos regalan una “I am the sorrow” que me ha parecido de lo más logrado y de las que pueden funcionar como verdadero single, un tema lento (que no balada) con un excelente uso de las guitarras y un estribillo logrado, siempre desde ese dominio que la banda demuestra para dotar a su música de un halo de calidez.

Competente trabajo; muy poco original pero cumple con la finalidad de cualquier disco que se encuadre dentro de los parámetros de lo que se vino a llamar metal gótico. Los seguidores y seguidoras de bandas como PARADISE LOST, THE GATHERING o LACUNA COIL, aunque especialmente de los primeros, tienen aquí un buen charco de lágrimas en el que verse reflejados.

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