METH. (USA) – Mother of red light, 2019

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El metal extremo suele buscar una experiencia catártica a través de las emociones más viscerales que el ser humano experimenta. La ira, la agresividad, el odio o la misantropía forman parte del elenco habitual de nuestros demonios más exacerbados. Suelen ser éstas expresiones relativamente planas y directas, como un grito descontrolado que desborda la garganta cuando ya no podemos contener los impulsos. Por debajo de ellas se encuentran laberínticos corredores en los que anidan algunos de los males más retorcidos y complejos de la psique humana.

Es en estos rincones insalubres donde METH. ha anclado sus raíces para alimentar sus propios demonios. Si quisiéramos comprender a grandes rasgos a qué nos enfrentamos, podríamos decir que tocan una suerte de chaotic hardcore empapado de powerviolence, con esa vena enfermiza que podemos reconocer en los primeros SLIPKNOT, CODE ORANGE o AI640. Con una excepción: aquí no hay lugar para un hospitalario espacio de luz a la que encomendarse. Incluso las partes más pausadas duelen, punzan las entrañas y no dejan lugar para la redención.

Failure” comienza con una ambientación drone que parece presagiar la aproximación de algo terrible. Cuando hacen su aparición las guitarras, cadenciosas y disonantes, parece que escuchemos a los primeros KORN tras una larga estancia en el frenopático. Aquí encontramos el gran acierto de METH., que no cae en la tentación de pisar el acelerador hasta estrellarse contra un muro. Muy al contrario, juega con los tiempos mediante partes reposadas, instrumentales o casi dentro del ambient. Hay incluso pasajes muy cercanos al post punk, o al menos una versión retorcida y delirante de éste.

En esta modulación rítmica la voz principal realiza un trabajo que roza lo perfecto. No hablamos de cualidades estrictamente técnicas, sino de la capacidad de transmitir un constante caudal de emociones desgarradas que varía desde la ira, la frustración, el hastío o la depresión. En su vertiente extrema sus gritos tienen mucho de hardcore, pero también algo de black metal cuando alcanza tonos agudos. Sonando limpia también muestra varios registros diferentes que, sin buscar el tecnicismo lírico, demuestran una buena intuición para conectar con lo que requiere cada pasaje.

No era ésa tarea menor, pues Mother of red light es sin lugar a dudas un trabajo exigente a ambos lados de la partitura. Para el sexteto estadounidense requiere un desgaste físico y emocional brutal, especialmente en directo, para que el lenguaje corporal y la energía esté en consonancia con cada una de las atormentadas canciones.

También el receptor se ve sometido a un alud de sensaciones negativas que le arrastra y le clava mil puñales. Escuchar METH. resulta por momentos incómodo e inquietante, y su engranaje parece accionar la maquinaria que guarda nuestros pensamientos más oscuros empujándolos hacia el exterior.

No debemos buscar entre sus notas un mensaje catártico ni pretender liberar la presión de nuestro día a día con un par de alaridos balsámicos. Tras el silencio que precede al último compás la escombrera seguirá ahí, conteniendo nuestras ruinas más íntimas, si antes no hemos desfallecido en un sueño exangüe.

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