MEPHORASH (SWE) – Shem ha Mephorash, 2019

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Uno de los grandes enigmas del panorama musical actual es la razón por la que el nombre de MEPHORASH no se halla de manera habitual en las páginas y publicaciones especializadas. Esta banda sueca de black metal formada en 2010 no ha hecho sino mejorar con cada uno de sus lanzamientos. En 2015 su tercer disco, 1555: Rites of nullification, dio un salto cualitativo construyendo una identidad propia, facturando el que es sin lugar a dudas uno de los trabajos más completos de la última década a a todos los niveles. Sin nada que envidiar a otras formaciones como MGLA, BATUSHKA o SCHAMMASCH que sí han logrado adquirir renombre, MEPHORASH continúa evolucionando en el anonimato.

Quizá una de las razones por las que el nombre de este cuarteto no corre como la pólvora encendida a lo largo y ancho de las redes sociales es su complejidad. En su sonido no hay lugar para el black metal explosivo, de velocidad endiablada y actitud de asalto constante. En cambio nos presenta una concienzuda urdimbre de ritmos y tonos mutable y versátil, cuyas variaciones constantes hacen difícil incluso distinguir cuándo termina una canción y comienza la siguiente. Las obras de esta banda deben escucharse como una sola pista para ser disfrutados en toda su plenitud. Shem ha Mephorash no es una excepción.

Mientras 1555: Rites of nullification surgía de la más densa oscuridad proyectando imágenes de demonología, ocultismo y depravación, Shem ha Mephorash juega con el eterno contraste entre la luz y las tinieblas. A través de la imaginería cabalística (Shem ha Mephorash es el nombre oculto de Dios en la Cábala) nos transporta del cielo al infierno y viceversa, en un recurrente viaje  que tiene su reflejo en la música.

El tono general se mueve entre lo ambiental y el doom, e incluso cuando se desatan los blast beats más potentes las voces mantienen su cadencia ritual, como un constante recitar. El componente atmosférico es muy importante, y hay numerosos fragmentos en los que la guitarra se convierte en un susurro y la voz áspera suena como un gorgoteo ahogado en sangre, una plegaria al maligno o un lamento arrastrado. Sin llegar a entrar a mi entender dentro de lo sinfónico, los teclados orquestales son solemnes y exuberantes, creando escenarios terroríficos que dan forma a la dualidad del concepto. También abundan los coros de voces muy agudas, que nos ofrecen una visión angelical y fantasmal al mismo tiempo propia del terror gótico. A menudo pasaremos abruptamente de un paisaje avernal a uno más propio de cualquier obra de Tim Burton.

La música de MHEPORASH logra arrastrarnos a través de los infiernos, aderezada con gritos, llantos y un mascullar gutural ininteligible, para elevarnos después hacia el éxtasis litúrgico y ritual del fervor cabalístico en un círculo de retorno constante que ahonda en la contraposición de extremos. Shem Han Mephorash es la representación de lo celeste y lo demoníaco forjado en enigmático simbolismo y black metal excelso.

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