MELTDOWN – From this day to the grave, 2018

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Actualmente estudio tercero de periodismo en la UPV de Leioa y no os podéis imaginar la cantidad de camisetas de MELTDOWN que he visto durante estos dos años y medio. Lo digo completamente en serio. Alguna vez he llegado a pensar que se trata de una marca de ropa, como METALLICA o RAMONES.

Escuché -y creía haber reseñado; gracias, Pablo, por corregirme- su primer EP homónimo en 2014, y me dejaron un buen sabor de boca, pese a que me encontrase una banda que se encontraba dando sus primeros pasos. Pero no escuché su EP de 2016 I refuse to die here, así que me enfrento ante ellos sin conocer con exactitud qué evolución ha tenido la banda hasta ahora: tan solo vi sus primeros pasos y su madurez, me he perdido su adolescencia. Pese a esto, siempre que veo alguna camiseta suya pienso con orgullo: “Pues yo les conozco desde sus inicios“.

Si habéis leído alguna reseña mía anteriormente ya sabréis de mi amor por el metalcore más burro, aquel que combina la intensidad propia del hardcore con algunos destellos del death metal melódico sueco. Pues bien, MELTDOWN pertenecen a esta corriente de bandas, pero con una salvedad: al cantante Julen Sarasua no le gustan las voces limpias, algo que es de agradecer de vez en cuando, ya que quedan muy pocas bandas de este estilo.

Y es que desde la inicial “Rip out my eyes” hasta la final “Poison cliff” apenas tenemos tiempo para respirar, como mucho en algunos momentos de la explosiva “Love is rage” y en el interludio en euskera “Museo ibiltaria“, con la colaboración de Gartxot. El resto del disco es un auténtico cañón de metalcore y hardcore en la onda de bandas británicas como ARCHITECTS, WHILE SHE SLEEPS o los primeros BRING ME THE HORIZON -los que molaban- y canciones como “Just run“, “F.I.R.E.” o “Black and cold” así lo corroboran.

Aunque también dan rienda suelta a su vena más hardcoreta en “Underdogs“, un chupito de tequila -sin limón- corto e intenso -poco más de dos minutos- y en “Titans“, muy rollo HATEBREED, que cuenta con la colaboración de Rober de BELLAKO. La suya no es la única colaboración que nos encontramos, ya que en “Death is a promiseFlo de los marselleses LANDMVRKS también nos deja algún que otro growl.

La muralla sónica que ha creado la propia banda, que se ha autoproducido el disco, junto con Alex Cappa, con una mezcla marca de la casa, apabulla a cualquiera: las guitarras suenan afiladas, el bajo y la batería son pura potencia y la voz de Julen te desgarra por momentos. Así debería ser el metalcore y cuánto cuesta encontrar a una banda así. MELTDOWN son un pequeño tesoro que tenemos que valorar y este su primer disco da buena cuenta de ello.

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