MEAN MESSIAH (CZE) – Divine Technology, 2020

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Antes de comenzar la reseña tengo que formularos dos preguntas para ahorraros perder tiempo en leerla o darle una oportunidad a esta banda. ¿Estáis hartos de oír copias de copias? ¿Echáis en falta algún disco más en la discografía de STRAPPING YOUNG LAD? Dependiendo de lo que respondáis podréis disfrutar del disco o poner los ojos en blanco debido a su flagrante desinterés. Dicho esto, creo que incluso siendo reacio deberías darles una oportunidad, ya que no todos los días se encuentran bandas tan deudoras de los canadienses. Si eres capaz de aceptar las hordas de revivales y copias de copias no veo por qué no le prestarías atención. Creo que queda muy claro con lo expuesto lo que vamos a encontrar: una tormenta de ideas que cala hasta los huesos y afecta a tu estado anímico sacando reflexivos pero violentos razonamientos. Algo parecido a lo que hacía su principal influencia.

No es que todo sea un plagio descarado; lo único de lo que pecan es de copiar un sonido y sacar un brillo pseudopersonal pocas veces visto en bandas que se empeñan en seguir el sonido de sus ídolos y copiarlos sin pudor alguno. Por mi parte no hay pega respecto a esto, ya que este sonido no ha sido explotado hasta la saciedad ni se ha convertido en una tendencia que haya alcanzado el mainstream como le ha pasado, por poner un ejemplo, al power metal.

Para empezar, no los veo tan desquiciados. Son capaces de controlar perfectamente sus múltiples personalidades siguiendo una fórmula muy definida y atrincherándose en mecánicos salmos lavacerebros. Esa mecánica composición es sin duda una herencia de FEAR FACTORY. Si no, observad esa batería y riffs. ¡Un auténtico metrónomo! Capaces de detectar cada nanopartícula y golpearla de manera limpia y concisa. De esa manera se construyen unas canciones con unos principios, intermedios y finales muy marcados por ritmos polifacéticos bien encaminados. Esto supone un salto de gigante respecto a su primer disco Hell y que, en parte, se debe a que el peso compositivo está repartido, o al menos así lo veo yo, sabiendo que antes se encargaba de hacerlo todo Dan Friml, mente maestra de lo que es ahora una banda con todas las de la ley.

Se aprecia cierta ambición y trascendencia futurista muy ligada al concepto de álbum, algo que, si bien tienen en común todas las bandas con temática de ciencia ficción, pocas veces se ha visto hacer de manera tan pretenciosa, dejando en el proceso una sensibilidad conceptual apetecible y acertada. Cuando tiran de ambición profunda es cuando se vuelven más interesantes, ya que recuerdan a las grandes ideas que Devin Townsend ha desarrollado en solitario a lo largo de su carrera/proyectos o en las últimas etapas de la banda con la que dio el salto, destilando una grandeza universal. La lástima es que, si bien hacen lo posible para buscar personalidad, sólo hay dos canciones donde se pueden ver esas ideas y virajes inexplorados que da rabia no ver de manera mas clara durante todo el álbum. Esas canciones son la positiva y electrorockera “We shout” (que me ha recordado a Andrew WK a su manera) o la siniestra y oscura oda “Za světlem” (con un posible tufillo a los SEPTIC FLESH alternativos de Revolution DNA).

De las sorpresas más agradables que ha dado este año pandémico. Es un álbum que, si bien no es cien por cien original, viene como anillo al dedo en una época en que la desinformación, el odio y las falsas autoestimas construidas socialmente a base de putos me gusta en la redes sociales parecen ser la norma. Ideal para reflexionar, escupir o vomitar sobre todo eso; a ser posible lo último. Hay un potencial increíble, no se pone en duda, pero estoy convencido que puede dar más de sí. Hay que seguirlos de cerca para ver si son capaces de explotarlo en su totalidad y, ya de paso, ver si su propuesta se vuelve más personal.

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