MATANZA (ESP) – Días de matanza, 2018

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Veinticuatro años es mucho tiempo. Algunos de los que lean esta reseña ni los tendrán, con lo que imaginaos. Pues esa es justo la extensión temporal del parón que ha tenido la banda MATANZA sin que se sepa de ella. El grupo de Torremolinos se formó a principios de los noventa como un cruce entre los death metaleros FETAL INJURY y los crossover EPIDEMIA. Sólo dieron de si para una demo llamada Acumulando muertos y para un concierto en Torremolinos en 1994. Desde entonces nada más se supo. El que entonces fue el encargado de las voces en el grupo, Alfredo Puch, siguió su periplo por otras laderas, hasta recalar en CORPORATE DEATH MACHINE, donde unió fuerzas con Rubén González. Con un estilo muy avant-garde que hace suya la etiqueta de John Zorn y NAKED CITY “jazz thrash assassin”, nada hacía sospechar que de sus mentes saldría la necesidad de devolver a la vida a MATANZA. La idea surgió al querer hacer un proyecto de death-grind al uso en castellano, justo lo que en su momento hacía el grupo. Así que, aunque sólo esté presente de aquéllos Alfredo, han parido un disco “debut” bajo este nombre, tan sangriento en portada como en contenido.

Vaya por delante que en Días de matanza no vas a encontrar nada ni especialmente llamativo ni, sobre todo, nada especialmente personal. Los detalles menos ortodoxos de CORPORATE DEATH MACHINE se los han dejado en casa y aquí se limitan a combinar velocidad inaudita y groove en temas de death grind con cierto toque moderno en algunos riffs de guitarra. Pero nada que no hiciese ya NAPALM DEATH en su etapa noventera. Por otro lado, desde el primer corte una referencia vendrá cristalina a la cabeza, sobre todo motivada por la voz de Alfredo: BRUJERÍA. A veces uno tiene la sensación de que en cualquier momento van a decir “machetazo” o “matando güeros”. Teniendo claras estas premisas, el resto es dejarse llevar por un puñado de temas espontáneos y directos, que no tiran del típico bailoteo reinante ni tampoco de efectos raros, y se limitan a jugar con tempos y estructuras para dar variedad. En esto sí son notables y consiguen que un disco excesivamente largo para pertenecer a este género (dura casi una hora…) se haga bastante ameno.

Por otro lado tenemos el reparto de los roles en el grupo. Alfredo se limita a poner las voces, que aunque recuerden a BRUJERÍA están muy conseguidas, porque combina muy bien partes más aspiradas y death con otras más chillonas y grind. A veces me recuerda también a TU CARNE en este sentido. Por otro lado tenemos a Rubén. Él pone todo lo demás. Destaca sobre todo en las guitarras cuando nos encontramos en alguno de los temas que tratan de aportar variedad. Es el caso, especialmente, de “Maldita esclerosis lateral amiotrófica“, corte tan claustrofóbico como su letra y lo que describe, donde las guitarras suenan atmosféricas y se añaden algunos efectos de postproducción que dan mayor inquietud. En el resto, tanto en los momentos más acelerados como en los más groovies, Rubén pasa con nota en inventiva sin tampoco decir nada que no se sepa. Por otro lado también se encarga de la batería y aquí, aunque creo que es una batería “real”, el sonido de platos me confunde un poco, especialmente en las partes de velocidad casi absurda como en “Ash el Tajos“, que además es uno de los “singles” del disco y que sirve de homenaje a la saga Evil Dead, o más adelante “Matarife soy“.

Mención aparte para la portada, que no por simple es menos efectista con tanto sirope de fresa derrochado que sirve para recordarnos que MATANZA sigue acumulando muertos. Y también merece resaltar la versión que meten de los citados EPIDEMIA, “Suicidio colectivo“, que adaptan al tono general del disco y a su vez pone el toque más thrash al disco, con un riff que se quedará grabado a la primera sin darte cuenta, unido al típico ritmo adictivo de batería que te hace mover el cuello sin querer, todo ello combinado con elementos más grind para que no desentone del resto del trabajo y al mismo tiempo sirva de buen homenaje al grupo en general y a Emi Marcelo en particular.

No sé si Días de matanza puede considerarse verdaderamente un regreso de MATANZA o esto es simplemente una excusa para retomar el nombre y la idea sea simplemente hacer un disco de death grind al uso para divertimento propio. En cualquier caso, como no habrá muchos que conociesen a los originales (como era mi caso hasta que cayese en mis manos este trabajo), creo que esto es bastante irrelevante. Lo que tenemos entre manos es un disco algo extenso, pero bien trabajado dentro de su corsé estilístico y que, sin iluminarnos, nos aporta dosis de cabeceo y odio bien dirigido.

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