Martin Eric Ain (1967-2017): Construyendo un infierno helado

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El pasado 21 de octubre conocíamos la noticia: Martin Eric Ain moría a la edad de cincuenta años por un ataque al corazón. No se revelaron demasiados detalles, y quizá podríamos suponer que esto concuerda con el modo en que llevó su carrera: con su nombre para siempre ligado al de HELLHAMMER y CELTIC FROST, Ain siempre mantuvo un perfil mucho más bajo que el de la gran cara visible de estos proyectos y sus diferentes derivaciones. Sin embargo la contribución de Martin Eric Ain a estos proyectos, y por ende a la historia del metal extremo, no debe ser pasada por alto.

La relación de Martin Eric Ain con Tom G. Warrior estuvo teñida de constantes vaivenes. La entrada en HELLHAMMER se produjo en el momento justo, y los trabajos iniciales de CELTIC FROST que supusieron una continuidad con HELLHAMMER cuentan con su presencia; sin embargo, las idas y venidas posteriores, derivadas de sus propios negocios personales, hizo que no siempre estuviese mencionado en los créditos o incluso que su imagen apareciese teniendo un protagonismo secundario. En cualquier caso se puede considerar que ambas bandas construyeron su sonido no sólo por el particular estilo de Warrior, sino también por el de Ain tanto en la forma de componer como en la de tocar el bajo.

Comenzando por el principio, HELLHAMMER fue uno de los pilares del metal más oscuro de los ochenta. Su andadura comenzó en 1982 cuando Tom y Steve Warrior salieron de su anterior banda, GRAVE HILL, y unieron tres pasiones en una: la pesadez de BLACK SABBATH, el primitivismo y oscurantismo de VENOM y MOTÖRHEAD y el sentimiento punk de DISCHARGE (de hecho la influencia unida de HELLHAMMER y DISCHARGE puede ser el nacimiento de todo un género, el crust, como bien claro dejó esa banda española llamada DISHAMMER…).

La andadura de HELLHAMMER duró poco más de dos años, pero fructificó en varias demos y un EP, además de un curioso compartido con tres bandas como HELLOWEEN, DARK AVENGER o RUNNING WILD que poco o nada tenían que ver con HELLHAMMER, a pesar del título del compartido, Death metal. La aportación de Martin fue clave en una de las demos, el propio EP y el compartido; precisamente las grabaciones más influyentes de HELLHAMMER tanto en lo que luego sería CELTIC FROST como en una larga lista de bandas destacando sus compatriotas, MESSIAH, los franceses MASSACRA o los noruegos MAYHEM cuyos pseudónimos le deben mucho a Satanic rites, mientras que al otro lado del charco la influencia era evidente en OBITUARY.

Sólo BATHORY tenía un sonido tan crudo, aunque al otro lado del charco ya empezaban a andar bandas como DEATH, POSSESSED, SEPULTURA y SARCOFAGO que llevaron el incipiente thrash metal y el viejo heavy hacia terrenos mucho más oscuros y extremos. Este sonido es claro en Satanic rites, primero de los trabajos en contar con Martin, siendo evidente su presencia aunque sólo fuera compositivamente hablando, pues todavía no había puesto sus manos sobre el mástil del bajo. Era el año 1983 y la ebullición de los subestilos metálicos estaba en plena diáspora, siendo HELLHAMMER una nueva rama de este árbol tan fructífero.

El EP Apocalyptic raids ya tenía a Martin en el bajo y este hecho se nota y mucho. Como luego se podría comprobar en CELTIC FROST, Martin enriquecía mucho la música de HELLHAMMER. A pesar de que tanto ellos como CELTIC FROST tuviesen como seña de identidad la afinación de Warrior y sus característicos “ugh”, todo ello una evolución personal de VENOM, las líneas de Martin son palpables en todos los lanzamientos en los que estuvo presente, notándose su ausencia en los trabajos en donde no participó. En este EP y los temas que se incluyeron en el citado split, HELLHAMMER ya había puesto la piedra de CELTIC FROST en sus dos primeros EPs.

Por eso no era de extrañar que nada más acabar la andadura HELLHAMMER Warrior y Martin no tardaran en formar CELTIC FROST y dar continuidad a este sonido, ya con una producción decente, en Morbid tales y Emperor’s return, de 1984 y 1985 respectivamente y que con posterioridad se unirían en un solo trabajo en el que siempre irían juntos de la mano. La conjunción velocidad y tiempos pesados y cabeceantes, esa dicotomía que fue la nota dominante en estos primeros pasos de CELTIC FROST, tuvo su mejor exponente en estos dos EPs en donde Martin y Warrior fueron de la mano en todo momento.

La mejor producción permite notar esa presencia fundamental de Martin, tanto en temas más sangrientos como la mítica “Into the crypts of rays”, donde los ritmos d-beat se mezclan con pasajes mórbidos herederos del oscurantismo de los setenta; como en los temas más pesados y envolventes como “Procreation (Of the wicked)”, donde la línea de bajo de Martin siempre se sale de la estela de Warrior, más centrado en sus propias distorsiones y disonancias, siendo el pulso fundamental que da orden y concierto a los temas.

Los primeros toques experimentales en forma de estructuras más repujadas y ambientes tétricos empezaron a hacer su aparición en el siguiente EP Emperor’s return, aunque todavía las líneas básicas de crudeza como la de la versión primigenia de “Circle of the tyrants” seguían siendo las dominantes, pero ya aparecían temas más elaborados y con más efectos como “Dethroned emperor” o “Visual aggression”. Lástima que la primera marcha temporal de Martin se produjese precisamente después de este lanzamiento y para el debut larga duración de CELTIC FROST el músico no estaría entre los créditos.

El propio Martin lamentaría años más tarde en un documental no haber sido parte de To mega therion de finales de 1985, para muchos entre los que me incluyo la obra culmen de CELTIC FROST en esta concepción inicial. Es precisamente en este disco donde esos otros elementos teatrales y oscurantistas más fueron desarrollados con un gusto orquestal muy acertado que hizo que hasta la nueva versión de “Circle of the tyrants” tuviese otro significado, aunque se nota y mucho la ausencia de Martin, pues el bajo es mucho más estático y seguidor de las guitarras.

Martin volvería, aunque con carácter temporal y ya con la disolución en mente, en Into the pandemonium, que fue el primer atisbo de despropósito que tuvo la carrera de CELTIC FROST. Este trabajo tiene un problema la dispersión y la presencia compositiva de Martin se eclipsó por las ideas del propio Tom. Es curioso pero los temas más destacados del redondo son una versión y el corte más “tradicional” del programa. La curiosa versión de “Mexican radio” de WALL OF VOODOO dice mucho de la influencia que el post punk estaba teniendo en la cabeza de Warrior. No obstante la tonalidad de la guitarra y el propio ritmo la convierten en una de las piezas más típicas y menos locas del disco.

La otra pieza es “Inner sanctum”, que es un nexo de unión directo con el pasado de CELTIC FROST. Aún así a Warrior se le empezaba a ver el plumero: quería abandonar el estatus de banda de culto e ir más allá. Esto simplificó bastante la música de CELTIC FROST y suavizó su sonido, especialmente su voz. La otra curiosidad de este disperso plástico, que al menos aún mantenía un estilo fiel (y no como luego en Cold lake) es “I won’t dance (The elders orient)”, donde aparecen hasta coros de inspiración soul.

CELTIC FROST necesitaba un descanso para focalizar sus esfuerzos y centrar sus líneas, y así ocurrió en 1987 después de salir Into the pandemonium (seguramente esa declaración de Martin sobre lamentar no haber estado en la grabación de To mega therion tenga como segunda lectura el lamentar también sí haber estado en Into the pandemonium…). En este momento Martin tenía otras inquietudes aparte de la banda y hasta volver a involucrarse en CELTIC FROST se dedicó a estos menesteres.

De nuevo Martin se encontraba fuera del grupo, pero por una razón bastante sencilla: CELTIC FROST ya no existían como tal. Tom, el capitán del barco, harto de todo, decidió disolver el grupo. Poco dinero y muchos disgustos. Ahora son una banda de culto, pero hace treinta años eran incomprendidos y odiados, y eso se pagaba muy caro.

En la siguiente encarnación de CELTIC FROST no estaría involucrado nuestro protagonista, ya que Warrior tuvo que reactivar el grupo por presiones discográficas. El resultado fue el más que conocido Cold lake del que mucho se ha dicho ya y no nos compete, al no participar Ain.

A pesar de ser el segundo de a bordo en el grupo y ser un gran contribuidor al sonido de la banda, Ain era una persona muy distinta a Warrior. Quizás por eso se compenetraban tan bien, quizás por eso el bajista entraba y salía del grupo constantemente. Pero con esto quería apuntar un dato que Tom, años más tarde, destacaría con cierta amargura: “Para Martin, CELTIC FROST era un hobby mucho más de lo que lo era para mí. Para mí esto es una pasión, es mi vida. Martin es propietario de varios restaurantes y clubs en Zurich y gana mucho dinero con eso, por lo que CELTIC FROST para él era un mero hobby. Para mí, esta banda es mi vida. Es todo lo que tengo. Esto es lo que soy. Estaba claro que si había problemas, Martin volvería a sus clubs y sus bares, donde gana dinero con mucha más facilidad que siendo miembro de la banda”.

Y es que Ain decidió invertir el dinero ganado con CELTIC FROST en otros negocios. Como el futbolista que sabe que su trabajo no es estable ni durará para siempre y decide planificar para lo que vendrá después de su retirada. Y es que sudar sangre para vivir mínimamente de tu grupo no es algo nuevo, ni mucho menos; es, para bien y para mal, la esencia del underground. Por mucho estatus que tenga hoy día la banda, CELTIC FROST siempre fueron bastante underground, con todo lo que ello implica. No debemos, pues, rasgarnos las vestiduras con que la banda fuese tan sólo un hobby para uno de sus miembros.

Su sustituto en la banda fue un desconocido Curt Victor Bryant, que aunque la historia le haya dejado bastante de lado aportó más de lo que parece, ocupándose de la totalidad del bajo en Cold lake y parte de las pistas de guitarra. Su responsabilidad aumentaría en la grabación de Vanity/Nemesis, con más peso en las seis cuerdas.

Pero la redirección a un sonido más tradicional en CELTIC FROST implicaba llamar a viejos conocidos, y así Martin Eric Ain volvió para colaborar en la composición del disco. Una colaboración que, una vez más, tornó en el regreso de Martin al grupo. No en vano, co-compuso cinco temas del disco, “The name of my bride” (que está acreditada a Bryant y Ain, ni tan siquiera a Warrior), “Phallic tantrum”, “A kiss or a whisper”, “Vanity” y “Nemesis”. Teniendo en cuenta que de los once temas dos son versiones, nos deja que en más de la mitad del disco estuvo presente, aunque irónicamente tan sólo grabase la pista de bajo de “The heart beneath”, la canción de apertura en la que compositivamente nada tuvo que ver.

Sin embargo la vida de CELTIC FROST estaba cerca de llegar a su fin, pero, ¿por qué? Varios factores jugaron a favor de su desaparición: el fiasco de Cold lake a todos los niveles, la perenne etiqueta de ser los raros del lugar, por mucho que las bandas de metal extremo que surgían a principios de los noventa les reivindicasen, el final del contrato con Noise Records, cuya relación daba para un artículo aparte, la falta de otra discográfica que les apoyase, el hecho de que Vanity/Nemesis vivió a la sombra de sus dos primeros EPs y álbumes completos y, por último, el interés de Warrior por otros sonidos, más en boga con lo que estaba por venir en la escena metálica y que acabaría derivando en APOLLYON SUN.

Los últimos vestigios de vida serían una demo llamada Nemesis of power, grabada en 1992, mientras el grupo buscaba algún sello para continuar su carrera.

Mientras que Warrior decidía seguir trabajando en nueva música durante los 90, a Martin no se le conocen proyectos paralelos ni, en definitiva, actividad musical alguna. Lo cual tiene sentido: su trabajo “real” lo mantenía bastante ocupado, entre restaurantes y la sala de conciertos que poseía.

El regreso de CELTIC FROST, a diferencia de las reuniones de hoy día, fue bastante más silenciosa y calmada de lo que cabría esperar. Si bien Monotheist data de 2006, su proceso de composición se remonta prácticamente al mismo año de reunión del grupo, 2001. Pero si a lo largo de la carrera de CELTIC FROST había sido Warrior quien había llevado el peso de prácticamente todo, en Monotheist Ain se metería más que nunca en el proceso de creación.

Es bien conocido el interés de Warrior por la cultura babilónica y el ocultismo. Pero gracias al interés y vasto conocimiento de Ain sobre este último tema, en Monotheist las letras viraron más hacia dicha materia, algo que venía como anillo al dedo a esta tenebrosa obra maestra.

Ain tomaba el control lírico en “A dying god coming to human flesh”, donde además por primera vez tomaba el rol de cantante principal, y para sorpresa de todos tenía una preciosa voz limpia; “Os Abysmi Vel Daath”, donde una vez más volvían a la figura de Alister Crowley; o “Ain Enhoim”, basada en los manuscritos apócrifos del mar muerto. Podría enumerar todos los temas en los que o bien ponía su granito de arena en la música o en la letra, pero para resumir, tan sólo en “Ground”, “Drown in ashes”, “Totengott” y “Winter” no intervino en su creación.

Si bien Warrior siempre será el espíritu de CELTIC FROST, no menos cierto es que sin Ain la última obra del grupo y que marcaría fuertemente la dirección musical de la actual banda de Warrior, TRIPTYKON, quizás sería diferente.

A pesar de todas las peleas internas que tuvieron las dos cabezas de la hidra durante toda la trayectoria, con un final bastante amargo, fueron ambos los que anunciaron que la bestia estaba muerta para siempre.

Hasta su muerte Martin siguió trabajando fuera del mundo musical, ajeno a todo, como cualquier otro currante. La muerte le pilló de improviso.

Tom escribió sobre su fallecimiento: “Nuestra relación era muy compleja y definitivamente no estaba libre de conflictos, pero la vida de Martin y la mía estaban estrechamente entrelazadas, desde que nos conocimos en 1982. Mi vida estará dolorosamente incompleta sin su existencia“. No era para menos, el metal extremo no sería lo mismo sin CELTIC FROST, ni CELTIC FROST sin Martin Eric Ain.

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