MANES (NOR) – Slow motion death sequence, 2018

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Oriundos de Trondheim (Noruega), los singulares MANES siempre he pensado que se han caracterizado por tener, digamos, una carrera un tanto infravalorada. Facturando siempre un arte a veces incomprendido por muchos, se han encontrado en parte eclipsados y bajo el influjo de la estela de una banda tan seminal y reconocida como lo es ULVER. Y es que en la década de los noventa, ‘experimentar’, musicalmente hablando era tocar black metal. O, al menos, era considerado un estilo y una manera de entender la música diferente a las vertientes practicadas en dicha época. Volviendo al apartado de ‘experimentar’, el paralelismo que podríamos emplear hoy en día sería la vanguardia aplicada como forma de expresión musical.

Cabe no olvidar cómo rompieron moldes con un álbum adelantado a su tiempo como lo fue Vilosophe (2003, Code666 records). En 2011 se despedían, diciendo adiós y lanzado un trabajo póstumo que realmente no lo fue, Be all end all, lanzado por la escudería francesa Debemur morti productions. Un adiós en forma de creación artística, netamente introspectiva, bizarra y experimental como solo ellos mismos saben facturar.

Cuatro años más tarde, tras dicho amago de muerte anunciada y no materializando su defunción (¡gracias, chicos!), vuelven con Slow motion death sequence. La irrupción de una nueva obra de MANES, en mi caso personal, generó unas muy altas expectativas. También un miedo infundado en mí, rondándome la sensación de que no saciarían mi esperanza de volverme a sorprender. Pero lejos de todo esto, cual mago ante sus atónitos espectadores, vuelven a sacar el conejo de la chistera para reinventarse, sin dejar de mirar de reojo a la refinada vanguardia.

Slow motion death sequence es un disco atrevido, ecléctico, sumamente vanguardista (valga la reiteración) y magnético. Gran parte de culpa la encontraremos desde el personal e inconfundible timbre de voz del genio Tor-Helge, pasando por los escarceos de la teatralidad de sus atmósferas o las inteligentes bases de las programaciones en este plástico. Se trata de una grabación extremadamente inspirada, accesible incluso (sin connotaciones peyorativas) si uno se sumerge en él sin prejuicios musicales. Destreza, creatividad artística e imaginación instrumental, expresadas y plasmadas al servicio de los noruegos.

La tónica pegadiza trip-hopera la pondrán “Therapism” o “Scion”; el clarísimo single se postulará en “Endetidstegn”. Si precisamos de belleza y melancolía nos toparemos con “Last resort”, o si queremos un aire jazzy “Poison enough for everyone”, con esas marcianadas y distorsionadas voces a lo Manuel Gagneux de ZEAL & ARDOR, será nuestra receta. ¿Minismalismo? ¡De acuerdo! “Chemical heritage” será nuestra solución. Y es que cada uno de los ocho cortes que conforman este larga duración posee su propia personalidad y su propia historia bajo un único mantra global.

Una de las notorias clave es que no se juegan todas las cartas al desmedido uso de sintes y electrónica, sino que la saben conjugar a la perfección con la instrumentación orgánica. Por ejemplo, el peso e importancia de las guitarras es significativo, nunca en pos de los elementos electrónicos. Porque ellos son capaces de realizar un disco de trip-hop, electrónica, post-rock, industrial y metal sin que los cimientos se tambaleen.

Puede que sea pronto para dirimir el puesto/posición de este elepé dentro de su variopinta discografía. Estoy seguro que el tiempo dictará sentencia, pero sin temor alguno me atrevo a concluir que desde el inalcanzable Vilosophe este nuevo disco se encuentra en la cúspide de su carrera.

Si todavía no conoces MANES, te consideras una persona de amplia apertura musical y artistas como
ULVER, actuales THE GATHERING, DAVID BOWIE, NINE INCH NAILS o PORTISHEAD son artistas de cabecera en tu fonoteca, te recomiendo encarecidamente la atenta escucha. ¡Habrás descubierto un nuevo tesoro!

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