MAKE THEM SUFFER (AUS) – Worlds apart, 2017

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MAKE THEM SUFFER pertenecían a esa extraña etiqueta denominada «symphonic deathcore», un nombre que no deja mucho lugar a la imaginación y bajo cuyo paraguas se agrupan ellos y los angelinos WINDS OF PLAGUE. La fórmula es sencilla: el habitual deathcore con teclados de fondo, más o menos presentes. Para qué engañarnos, es una propuesta no muy desarrollada y, salvo ciertos temas de ambos grupos, la canción sería la misma con o sin los susodichos teclados. No hay una simbiosis real como en otros estilos mucho más asentados. Pero si WINDS OF PLAGUE digamos que siempre han tenido un carácter más hardcore e incluso histriónico (lo que les ha valido no pocas burlas), MAKE THEM SUFFER en su primera obra, Neverbloom, se obsesionaron por potenciar una imagen oscura, gótica y brutal, lo que creaba un sonido demasiado saturado y repetitivo. Sin que la base fuese mala, abusaban de recursos en todos los sentidos. Llegaba hasta el punto que uno de sus temas en la mezcla presentaba el típico ruido blanco provocado por subir demasiado los decibelios. 

Old souls representaba un paso hacia delante: más melódico, no tan repetitivo, más variado. Se atenuaban en cierta medida sus defectos. Sin embargo ha sido en su tercera obra cuando se han librado de las cadenas del pasado y han evolucionado notablemente su sonido. Worlds apart es con diferencia su mejor trabajo, mucho más maduro y que representa aquello de «menos es más». Parece que los MAKE THEM SUFFER de 2012 y los de 2017 son dos grupos casi distintos, y digo casi porque, a pesar de haber mutado tanto, quien esté mínimamente familiarizado con ellos sabrá reconocerlos fácilmente. Nada más empezar con «First movement» es evidente que los cambios están ahí. Las guitarras no están bajadas tantos tonos y los riffs se orientan más al metalcore y el death melódico. Como es lógico, la voz de Sean Harmanis se adapta a esto, y es más raspada, en los derroteros del hardcore, desterrando prácticamente por completo los guturales profundos. Ya empezó esta senda en Old souls y aquí se ha potenciado. La ventaja es que, al no tener que al usar una técnica menos cargante, es más sencillo que cambie la velocidad de cantar y muestre más registro. Véase el conmovedor discurso final en «Save yourself«; si no fuese por la música de fondo, hablaríamos más de un spoken word.

Siguiendo con las voces, las femeninas y los teclados están mucho más presentes, realmente crean una ambientación y no es algo que está ahí al fondo. Aquí realmente importan, el corte no sería el mismo sin ellos. Algo que se acentúa con otros cortes en los que el teclado manda, como «Uncharted«, «Contact«, «Power overwhelming«; o llevan el peso de la melodía, véase «Fireworks«.

Pero durante todo este tiempo he estado hablando sobre evolución, diferencias, separación. ¿Y qué queda del sonido original? Bastante poco. Old souls sí que se parece a su sucesor, por aquello de un mayor uso de los teclados, una afinación mucho menos grave y unos breakdowns más naturales, nada forzados. Incluso alguna canción como «Ether» no habría desentonado aquí. Pero precisamente esto juega más a favor de lo que comentábamos antes: la evolución ha sido ejemplar y lógica. Quizás «Dead plains» sea el corte que más nos retrotraiga a sus orígenes, siendo el más duro de todo el disco. De nuevo, la variedad se convierte en una de las mayores bazas de este Worlds apart. Por muy manido que suene, estos chicos pueden llegar a donde quieran, y no me tiembla el pulso al decir que son el mejor grupo del género de su país, teniendo en cuenta la fuerte escena deathcore que hay en el Down Under. Pero es que lo que han logrado MAKE THEM SUFFER es jodidamente difícil, sin más. 

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