MAKE THEM SUFFER (AUS) – How to survive a funeral, 2020

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Australia y su idílica relación con el metal y el metal extremo. Sus salvajes parajes, exótica fauna y exuberante flora hacen del país oceánico un marco incomparable para crear música de cualquier tipo con erótico resultado.

En el caso de los aussies sobre los que hablamos hoy, han sufrido una clara evolución a lo largo de los años y los discos, aunque siempre manteniendo la coletilla del core como estandarte bajo el que arrasar la escena. MAKE THEM SUFFER, nacidos en 2008, comenzaron sus andadas en la escena practicando un deathcore agresivo que recurría con asiduidad a la sinfonía y a elementos atmosféricos. De hecho, puede que los de Perth fueran de las primeras bandas que escuché de deathcore sinfónico, abriéndome las puertas de la exploración, y tras ellas el descubrimiento de bandas como GENUS ORDINIS DEI, SHADOW OF INTENT, BEFORE THE HARVEST y similares. Puede que, junto a CARNIFEX, MAKE THEM SUFFER fuera de los precursores de estos sonidos dentro del deathcore, pero eso es un tema sobre el cual podría escribirse un artículo entero, cosa que probablemente haga algún día.

La cosa es que estos muchachos han continuado con esa evolución lógica que les tocaba, viniendo de un disco como fue Worlds apart en el que ya comenzaban a implementar mucho más metalcore, dejando un poquito de lado la caña que emanaba de su etapa ‘deathcoreta‘ más pura. Esto es algo que, en comparación con Worlds apart, en How to survive a funeral casi ha desaparecido.

Pero no comento esto como un punto negativo. Sí, puede que estos australianos no suenen tan arrolladores como antes, pero suenan más emotivos que nunca. En lo que a la base instrumental se refiere, continúa muy presente el deathcore, aunque está aplicado en una proporción casi equitativa junto a un metalcore moderno que juguetea con el post rock con bastante asiduidad, aunque sin llegar a adentrarse en los recurrentes océanos del género. Me gusta que, a pesar de que la partida en cómputos generales la gane el metalcore (sobre todo por el apartado vocal, que comentaremos más abajo), sigan recurriendo al riffing y al blast beat para que no olvidemos de dónde vienen. Además es que cómo aplican esas partes más agresivas es la clave, ya que al soltarlas casi con cuentagotas el contraste es aún mayor, como si de pequeños tifones dentro de una apacible piscina se tratasen.

Muchísimo flow en lo que al apartado rítmico se refiere, como no debía ser de otra manera, ya que si no metes flow a un disco de metalcore y éste no te obliga a bailotear y mover la cabeza en signo de aprobación es que no se ha hecho como es debido. Alusiones al groove, al djent e incluso algún destello más propio del progresivo completan un apartado instrumental completo, compacto y con mucho mimo puesto en los pequeños detallitos: un pinch harmonic por aquí, un arpegiado por allá, una melodía armonizada en este trocito, un fragmento de guitarra sin distorsión en este otro… muchos y muy buenos detalles a lo largo de todo el redondo. Y por si fuera poco, todavía se reservan huequecillos para sorprender con algún recurso electrónico, como por ejemplo en ese interludio en el primer cuarto de “How to survive a funeral”.

Antes de acabar, y como bien adelanté unos párrafos más arriba, lo que hace que este disco sea más un disco de metalcore que uno de deathcore, o más bien lo que termina por decantar la balanza hacia ese lado, son las voces. Bestial trabajo el de las líneas vocales, que se reparten el protagonismo entre las guturales de Sean Harmanis y las voces limpias del también teclista Booka Nile. Si ya con los arreglos de teclado y piano de Booka y las melodías que propone Nick McLernon con su guitarra la carga emocional era bestial, no quieras ni imaginar lo que aumenta esta sensación con la inclusión de las voces limpias del propio Booka. Encima, podemos escuchar voces limpias femeninas, moduladas con criterio y aportando un toque robótico al conjunto, creando una extraña pero agradable sensación. Muchísima variedad y mucho juego entre las tres líneas de voz, tanto los guturales como los limpios masculinos o los femeninos; todos tienen su momento y su porqué, complementándose unas líneas a otras con muchísimo acierto y criterio.

Poco más que añadir sobre uno de los discos del año, ya no sólo por producción, por contenido o por ejecución, sino sobre todo por todo lo que transmite emocionalmente, ya sea a través de la propia instrumental o a través de la lírica. DISCAZO.

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