LUISMA HERNÁNDEZ (ESP) – Soldurios, 2017

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Los soldurios eran una especie de soldados jurados del mundo céltico durante la conquista romana de Europa occidental. Las fuentes sobre ellos son muy escasas, pero parece que tuvieron un papel en las guerras de las Galias y aún se reconocen como parte del folclore cántabro.

Con ese espíritu combativo ha querido identificarse en su primer trabajo en solitario Luisma Hernández, veterano bajista que cuenta en su currículum con trabajos en muchas bandas del panorama del heavy metal español. Yo supe de él hace años cuando apareció el primer disco de ARWEN, que para mí fue uno de los mejores grupos de España aparecidos en el momento de mayor popularidad del power metal y que tristemente acabaron teniendo una producción muy reducida. Después Luisma ha formado parte de más bandas y ha colaborado puntualmente con otras tantas, sin dejar nunca de trabajar. En 2017 presenta su proyecto personal en solitario firmando con su propio nombre.

No obstante, lo de “solitario” hay que matizarlo. En este caso significa que Soldurios ha sido concebido, planeado y compuesto por Luisma, pero ha estado acompañado de toda una legión de colaboradores. Tomad asiento: Nacho Ruiz, Elisa C. Martin, Manuel Escudero, Jesús Izko, Dave Rubio, César Ortiz, Nata Martín, Ignacio Prieto, Alberto García, Andy Martínez, Pacho Brea, Irene Aumente, Araceli Ejarque, Isaac Palón, Israel Ramos, Gabi Boente, Miguel Rocha, Ana Castajeda, Marko Vrtovec y Óscar Sancho a las voces; Fran Soler, Javier Oliva, Cecilio Sánchez-Robles, Jorge Salán, Ix Valieri, David Pérez, José Rubio, Jon Flykiller, Alberto Maroto y Nacho de Carlos a las guitarras; Elena Álvarez, Elena Alonso, Manuel Ibáñez, Javi Díez, Ismael Filteau, Roberto P. C. y Rosalva Alonso en los teclados; Edu Brenes, Jaime Olivares, Nacho Arriaga y Juanjo Hernández a la batería; Jose Ángel Jiménez y Daniel Fuentes a los violines; Jesús Franco y Jon Zapa a cargo de arreglos orquestales; Fernando Ponce de León a la flauta y David Sánchez a la gaita. Luisma Hernández toca el bajo, por supuesto. Decir que es un montón de gente sería tomar el tema muy a la ligera. Ciertamente es poco común encontrar tal número de colaboraciones en un proyecto personal con nombre y apellido. Estoy seguro de que reconoceréis muchos nombres de haber compartido colaboraciones en distintos proyectos; la red de contactos es demasiado compleja como para detallarla aquí. Si podemos aprender algo de esto yo creo que es, simplemente, que si te portas bien con la gente, si eres profesional y comprometido y además haces bien tu trabajo durante muchos años, con el tiempo cosecharás una larga lista de aliados y aliadas que te echarán una mano cuando llegue tu momento de brillar. Parece que ese manido mito de la hermandad metálica a veces puede ser real.

Pues bien, Luisma y su ejército de soldurios interpretan un álbum de heavy/power metal melódico con toques progresivos y folk, un estilo de ya larga tradición en España y que el bajista lleva dominando desde sus inicios. Es un perro viejo que conoce todos los trucos y que además juega en casa, así que Soldurios resulta tan efectivo y satisfactorio como cabría esperar. La mayoría de los temas son relativamente cortos y ágiles, con muchos pasajes rápidos y épicos que se combinan con experimentaciones más progresivas y con momentos más pausados y sentimentales, todo ello con una soltura y una naturalidad que no son otra cosa que síntomas de maestría.

En cuanto a las interpretaciones instrumentales, lo primero que hay que señalar es lo obvio: Luisma Hernández es conocido principalmente por ser un señor que toca el bajo muy bien, y los amantes de este instrumento (no somos muchos pero somos peligrosos) encontraremos a lo largo de todo el disco muchos momentos de interés en los que despliega distintas técnicas e ideas. Todas las demás personas que participan en el disco tienen también momentos de protagonismo: la formación es casi totalmente distinta en cada tema y he encontrado que gran parte de la gracia del disco está en buscar y apreciar los detalles de cada intérprete.

En cuanto a las letras, que son siempre un aspecto importante en proyectos tan personales, tratan temas muy variados que son introducidos en el libreto del disco, con observaciones sobre temas de interés contemporáneos y bastantes llamadas a las armas contra la apatía social, pero también hay espacio para mostrar una cara más sentimental. En el apartado lírico los temas que más me han llamado la atención son “Ángel dormido”, en el que canta el propio Luisma y que es probablemente el tema más íntimo; “Vulnerables”, un tema sobre la prostitución que viene muy a cuento con la polémica actual; y la propia “Soldurios”, un tema épico con esos arreglos clásicos de folk a los que les sientan tan bien los compases compuestos y en la que se hace una metáfora entre la resistencia cántabra contra Roma y los temas de amor y lucha que impregnan todo el álbum. Por lo demás, mis temas favoritos son los más directos y enérgicos, como “Genio y figura” o “El talismán”.

Si tengo que encontrar puntos negativos en este disco creo que el más obvio es que no se trata de un material especialmente original. Como he dicho, viene de una tradición larga y consolidada, y si no te gusta este tipo de música no creo que Soldurios vaya a hacerte cambiar de opinión de la noche a la mañana. Quienes disfruten de este tipo de propuestas, por el contrario, no deberían perdérselo (huelga decir que cualquiera que toque el bajo debería escucharlo también). Soldurios es una obra a la altura de los nombres que la respaldan y que consigue evitar de sobra la sensación de decepción que en ocasiones producen los proyectos apoyados en nombres famosos. Este disco me deja con la sensación de que Luisma Hernández lo ha concebido con total dedicación, cuidando cada detalle y sobre todo con mucho cariño, y sería una pena que pasara desapercibido.

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