¿Los mismos borregos con distinto cencerro?

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música00Cuando en los primeros años de mi adolescencia comencé a identificarme con la música rock, tenía absolutamente claro de que lo que atronaba en los altavoces y traía de cabeza a mis vecinos, no era sólo música. El rock, el punk o el metal, formaban parte de una cultura que me enseñó a canalizar y a poner nombre a esas ansias de rebeldía que hervían por mis venas. Ese sentimiento que, junto con el acné, comenzó a aflorar en mí, me instaba a marcar la diferencia con el resto de compañeros de clase, me hacía sentir distinta a los demás y fue, en ese preciso instante, donde comencé a darme cuenta de que la vida es un camino marcado, y a tener la certeza de que yo no quería formar parte del mismo.

Han pasado ya muchos años, pero echando la vista atrás puedo ver con claridad que continúo siendo la misma. He evolucionado, he crecido y he aprendido a gestionar y a dar forma a tanto sentimiento, pero lo que me atenazaba las entrañas aún perdura dentro de mí y forma parte de lo que soy, al igual que mi amor por la música y esa certeza de que el metal o el rock no son sólo estilos musicales, sino que constituyen herramientas creadas para canalizar o expresar esos sentimientos de inconformismo y esas ansias de libertad. O al menos, para conseguir que el peso de la cruda realidad se torne más liviano y menos duro.

Esta idea me ha hecho creer que las personas que amamos este tipo de música poseemos algunos rasgos comunes que nos generan un vínculo especial. ¿No miráis con mayor simpatía a un compañero de trabajo al descubrir que le pone la piel de gallina el Keeper of the Seven Keys? ¿Quién no cambia de opinión sobre la vecina del quinto, cuando  la encuentra haciendo headbanging, enloquecida, en un concierto?

Soy perfectamente consciente de que podemos ser personas opuestas, incluso enemigas, pero esos detalles, inevitablemente,  suman un par de puntos en mi escala de simpatías y me hace sentir que tenemos algún nexo común.

Como absoluta defensora de internet y de las redes sociales que soy, creo que el universo internauta nos está ofreciendo en bandeja de plata parte de la libertad que la sociedad nos arrebata. Nos ofrece una posibilidad de expresarnos que siempre han copado los medios de información multitudinarios, los adeptos al régimen. Podemos hacer uso de nuestra voz sin necesidad de intermediarios, manipulaciones o descontextualizaciones, pero siempre asumiendo los riesgos que el ejercicio de nuestra libertad conlleva.

Si nos centramos en el ámbito musical, hemos conseguido detonar un mercado inmovilista que invisibilizaba todo lo no comercial o independiente. Tenemos a nuestro alcance una oportunidad histórica de hacer oír nuestra música y nuestra voz, de poder autopromocionarnos sin necesidad de intermediarios ni de cláusulas abusivas. Es fundamental que seamos conscientes de la situación que estamos viviendo, que abandonemos el lloriqueo fácil y el culpabilizar al vecino y que aprendamos a hacer uso de estas herramientas sin perder nuestros rasgos de identidad.

En los últimos años, gracias a diversas plataformas musicales y a las distintas redes sociales, estamos logrando revalorizar el metal. Entre bandas, asociaciones, radios libres, webzines y usuarios, a través de  redes solidarias, estamos siendo capaces de crear un universo paralelo, un pequeño mundo musical en el que todos aportamos un granito de arena para regenerar esta escena que ha permanecido oculta por tanto tiempo.

De repente, se arroja algo de luz en un escenario que ha pasado años en penumbra y todo grupo musical tiene su hueco, su oportunidad. Por primera vez en la historia cualquier banda puede hacer oír su música, ya que ese es el objeto primigenio de la misma; con un poco de interés puedes descubrir diariamente auténticas joyas sonoras. Y este universo no para de crecer, cada día, a cada instante. Y nuestra música, nuestra actitud y nuestra lucha incansable continúa reafirmándonos en que no somos rebaño, que no somos borregos, que no necesitamos a las grandes empresas ni a las marcas comerciales  que nos ofrezcan un contrato blindado, un avión privado y un hotel de cinco estrellas. Que nosotros/as nos bastamos. Con ganas, actitud y nuestro incondicional amor a la música hemos sido capaces de dotar de vida a esta escena, y esto es algo especial y maravilloso.

Pero… ¿todo vale en esta guerra? ¿Todo es lícito y está permitido con tal de llegar a lo más alto? ¿Qué entendemos por triunfar en la música? A mi parecer hay que tener claro que si reducimos la esencia del metal a un simple estilo de música, si buscamos enriquecernos a toda costa y si transformamos nuestra esencia en una simple marca comercial, perderemos todo lo que somos y  lo que ha marcado, históricamente, la diferencia .

Si con el objeto de conseguir un puñado de likes en las redes sociales nos dedicamos a importar comportamientos de la caja tonta, que transformen esta escena en un nido de cotilleo absurdo, creo que en el camino perderemos nuestro contenido, nuestro significado y la base de quienes somos. Y si la música pierde su fondo para quedarse solamente en forma y estética, todo este camino habrá sido en vano y este sistema en el que vivimos habrá logrado su cometido, que no es otro que transformarnos en productos.

Y creedme, que me duele visualizar la imagen de un metalhead sentado en el sofá de su casa, ataviado con su camiseta heavy del Lidl y con una cerveza de merchandising (oficial, eso sí) en la mano, mientras mira cómo el líder de su banda favorita “lucha” por la supervivencia en una recóndita isla. Y me ofende observar cómo otros, a través de un circo del metal, pretenden hacerse publicidad de dudosa calidad recurriendo al machismo o al sensacionalismo mediático .

Y todo esto hace que rebusque en mis raíces y me replantee si realmente somos diferentes y continuamos haciéndonos oir con la misma pasión que cuando iniciamos este camino, o si por el contrario, formamos parte del mismo rebaño que los demás, sólo que en lugar de cencerros, llevamos collares de pinchos.

firmamarta

 

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2 thoughts on “¿Los mismos borregos con distinto cencerro?

  1. Buena reflexión, yo también pienso de esta manera, a los 9 años descubri el Metal y a día de hoy me sigue apasionando tanto o más. He vivido las tardes de TDK en casa de los colegas, los vinilos, que vuelven, el compact disc que antes se decía así jajajaja y ver ciertas cosas por la red me pudren sobremanera… En fin que mucho Metal por las venas para tod@s !!!

  2. Muy bien expuesto. Aún así, me gustaría añadir un par de cosillas.

    En primer lugar, nos olvidamos de algo importante, y es que, por mucho que nos duela, el Rock es el «nuevo pasodoble».

    El Rockero medio hace tiempo que dejó de ser un adolescente. Ahora los chavales escuchan otras cosas, bajo mi punto de vista mucho peores cualitativamente, pero que aceptando que el propio punto de vista es siempre subjetivo, quizás no sean «tan peores» si no diferentes. Y en esa situación estamos, en la que los garitos Rockeros y Metaleros programan bolos los domingos al mediodía porque el momento fuerte de afluencia es la hora del vermú, y donde los panfletos de trapitos tipo EMP empiezan a dedicar más páginas a ropa de bebé que a «disfraces» de adulto.

    En segundo lugar, tenemos que reconocer el daño en forma de «aperturismo inverso» que ha ocasionado, a largo plazo, el vivir en un pais subdesarrollado culturalmente. Me explico:

    En un pais civilizado cualquiera, el hecho de que los Beatles tuvieran el pelo más largo de lo normal era algo méramente anecdótico, pero en una dictadura nazionalcatólica opresora como la española, el flequillo de McCartney fue casi motivo para que el fascismo de pandereta declarara la guerra santa al reino unido en nombre de dios y la virgen del pilar. Y en semejante tesitura, lo lógico y normal es que la juventud oprimida decidiera que el primer paso para cagarse en la puta madre que parió a franco fuera dejarse crecer el pelo. Pero eso, como todo, tiene un lado oscuro, y es que cuando el principal motivo de que la juventud de un pais siga a los Beatles sea el movimiento flequillero de Ringo al endiñarle al ride, y no el sonido de ese plato ride, pues genera que se plante la semilla para el futuro postureo. Y así estamos 50 años después: Mucha gente se alarma por el hecho de que Fortu esté concursando en un reality de Telecinco, pero viendo que, en Españistan, la mayoría de la comunidad metalera gasta más tiempo y dinero en tatuajes y champú que en discos y conciertos, y que la mayoría de músicos invierten más tiempo en mendigar likes y diseñar carteles que en ensayar, pues se podría decir que Fortu es el perfecto reflejo de cómo está la situación en las bases jebis.

    En tercer lugar, a colación del postureo galopante causado por vivir en un país de pandereta, y enlazando con el concepto de «Rock=Nuevo Pasodoble», llegamos a la madre del cordero, la imagen rockera/metalera.

    Hoy en día, todos los medios -especialmente TV- dirigidos a oficinist@s en plena crisis de la mediana edad (Energy, Divinity, Discovery Max, Cosmopolitan, FHM, etc…), así como las redes sociales y los contenidos de Internet dirigidos a esa franja de público, se dedican casi en exclusiva a relatar las bondades de tener una Harley Custom, a recordarte que si no tienes el suficiente poder adquisitivo para visitar al tatuador una vez al mes eres un pepero de pro, y a instarte a hacer cola para ver a AC/DC lo quieras o no, no vaya a ser que la peña no te vea por allí y quedes como un apestado. Y al final pasa lo que pasa, que el Metal se convierte en un desfile de modelos sin criterio y en una fiesta de disfraces continua para que los treintañeros/cuarentones alardeen de modelito. De manera que en esta desagradable convergencia entre Metaleo y Hipsterismo, con el postureo como denominador común, el tatu y la greña han ocupado el lugar del traje de Armani, y la moto el del móvil «zapatófono» de finales de los 80.

    Y por último, como epílogo de todo esto, llega el tema de los grupos, de internet y cómo encaja son el postureo:

    Ahora mismo, todo el mundo que quiera tocar puede hacerlo: un instrumento de gama alta es ahora bastante más barato que la mayor cutrez de hace 30 años, hay más escuelas de música que charcuterías y los tutoriales y cursos en youtube son una «epidemia» en el mejor sentido de la palabra… en semejante contexto, es normal que el músico sea, por regla general, un frikazo de tomo y lomo, y que la norma general para distinguir a los de la banda en un concierto sea «Mira, aquellos de allí, los que tienen pinta de informáticos».

    Y ahora que estoy felizmente emparejado ya no, pero a mi, que he tocado/grabado con 30 y tantos grupos y ahora ando en 4 bandas, en mis tiempos de salir al pille me ha pasado de estar hablando con alguna en algún bar, salir el tema de «¿Y tu que haces en tu tiempo libre?» y responder «Nada, lo de todo el mundo, salir y eso…», porque tocar un instrumento puntúa negativo y había que esconderlo jejeje.

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