Los grandes desapercibidos VII: The lost tapes edition

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Siete entregas de la saga de los desapercibidos y aún no me había dignado a prestar mi aportación a estas listas. Si tengo que dar una respuesta sería una mezcla de pereza e inseguridad. La pereza implicaba reescuchar discos que me sé de memoria, pero también obras pasadas y futuras a las aquí referenciadas de cada grupo para tener un contexto adecuado con el cual hacerme el disco. La inseguridad llega al tener que inventarme mil criterios diferentes para incluir/excluir discos. ¿Será lo suficientemente poco conocido? ¿Estaré introduciendo la suficiente variedad? ¿Pero si se reúnen cuentan como desapercibidos? Y por supuesto una alarmante falta de memoria para ser capaz de recordar cinco grupos distintos y apuntarlos. El resultado es, como en la mayoría de entregas de Desapercibidos, un amorfo sónico que dice más del redactor que de los propios discos en sí.

Aunque algo en común sí que tienen. Todos los incluidos, de una manera u otra, han causado un impacto bestial en mis gustos. Mentiría si dijese que recuerdo el momento exacto en el que descubrí muchos de ellos. Mentiría si dijese que puedo rememorar el momento en el que me topé con ellos. Lo más que puedo decir es que con una especie de extraño orgullo los escuchaba como quien descubre un pequeño tesoro, sólo para él y nadie más. Hasta ahora. Como mis predecesores, no pretendo sentar cátedra. Algunos los conoceréis, otros serán mierdas sobrevaloradas bajo vuestro criterio. En cualquier caso, el resto del trabajo es vuestro.

 

7 HORNS 7 EYES (USA) – Throes of absolution, 2012

Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero, como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra”. Apocalipsis 5:6.

Creo que esta cita bíblica nos dice algo sobre la identidad de los estadounidenses. Un cordero que representa a Jesucristo en su segunda venida para la gran finale del Apocalipsis que acabará con todo en la tierra. Aunque también es justo decir que la banda norteamericana, por sus letras, denota más un espíritu del Nuevo Testamento de amor y redención, más que del viejo, con sus tradicionales incestos, pedofilias y masacres varias.

Aunque es más misterioso aún cómo un grupo de Seattle, que tan sólo había sacado un EP cinco años antes, de pronto se saca de la manga un disco único en su tiempo. Pensemos en unos FALLUJAH con un lado ambiental y etéreo muchísimo más acentuado. Precisamente estos un año antes habían sacado su opera prima, The harvest wombs, y, aunque estaba por encima de la media, aún había margen de mejora. Con el Throes of absolution de 7H7E no pasaba eso; directamente se sacaron de la manga una obra maestra posiblemente hecha a fuego lento durante ese lustro. 

Si uno escarba bajo esa capa celestial con coros, elementos orquestrales y pasajes limpios, encuentra un amor excesivo por el shredding por parte de su guitarrista Sean Alf, una base rítmica a medio caballo entre HYPOCRISY, el metalcore de finales de los 2000 y sus trazos de djent cuando este comenzaba a ser la próxima gran moda. El trabajo de JJ Polachek a las voces no es especialmente rompedor ni tiene mil registros, pero tanto su gutural profundo como su voz rasgada servían a la perfección.

Todo ello creaba un contraste muy característico, el de un death metal progresivo cuya bestialidad era amortiguada por su ambiente onírico.

Después de pasarle la mano por encima a todos, logrando incluso que su disco lo editase Century Media, ha habido planes para crear una trilogía conceptual, de corte más filosófico y abandonando el cristianismo, según las palabras del propio grupo. Pero dichos planes han ido postergándose hasta día de hoy. Ni 2014, ni 2017, ni 2018, y algo nos dice que 2021 tampoco será el año. Al menos tenemos la esperanza de que el grupo no ha anunciado formalmente ni un hiato ni una separación, con lo que sólo podemos imaginar que son las propias vicisitudes diarias las que nos han privado de un sucesor arduo de superar.

 

ANGEL BLAKE (SWE) – The Descended, 2008

THE CROWN fue un grupo que llegó ligeramente tarde a las escenas musicales que los habrían encumbrado. Para cuando cambiaron a su nombre actual por motivos legales tras su etapa como CROWN OF THORNS, el death metal melódico estaba ya saturado con grupos de todo pelaje, lo que les privó de un impulso inicial (merecido) de popularidad que sí tuvieron los pioneros y creadores del estilo. Esto les colocó en la incómoda segunda línea, donde tienes una base de fans fiel pero no lo suficiente como para vivir de manera digna. Quizás esa vida en las trincheras fue la que causó la separación inicial de la banda en 2004. 

De las cenizas de la banda madre salió el grupo que nos interesa, creado por su guitarrista Marko Tervonen. Pero lo interesante de este proyecto es que el cofundador de THE CROWN decidió que a vida nueva, sonido nuevo, desvinculándose por completo de cualquier parecido con su anterior experiencia musical. 

Es difícil describir a ANGEL BLAKE, a pesar de que su aventura sólo duró un par de discos entre 2006 y 2008, pero sería algo así como un cruce entre la etapa inicial de DANZIG y el sonido prototipo de PARADISE LOST, aunque decantándose ligeramente por un toque más melancólico y deprimente que gótico. 

Tervonen, hombre de los «si quieres hacer algo bien, hazlo tú mismo«, decidió en ambos álbumes tocar todos los instrumentos y dejar las voces a un invitado distinto. Una posición en la que no habría nombres muy conocidos, pero sí con calidad contrastable. Es más, son las voces de Tony Jelencovich y Tobias Jansson (primera y segunda obra respectivamente) las que proporcionan la mitad de la identidad de ANGEL BLAKE

Si me he decantado por The Descended en lugar de su homónimo de 2006 es por la simple razón de que The Descended es una versión mejorada del primero. Quizás algo más duro y movido que su antecesor, aunque las diferencias son mínimas. Si bien la opera prima empieza como una patada en la cara con «The force» y «Retaliate«, la secuela sube la apuesta con «Anywhere but here«. Aunque, como es de esperar, un grupo nacido bajo el deprimente paraguas de discos como How the gods kill muestra sus himnos con los cortes más oscuros y tristes, llámese «Again«, «Alone«, «Silent voice» o la estrella del conjunto «You’ll never need to feel again«, el encerrarse en uno mismo y dejarse morir hecho canción. Era en esos momentos donde ANGEL BLAKE comenzaban a salirse de la estela de sus maestros  y demostraban que podían tener un camino propio.

Pero con la vuelta de THE CROWN un año más tarde, la banda, cuyo apartado promocional jamás fue uno de sus fuertes, se sumió en un profundo silencio del que jamás saldría. No hubo ni comunicado de despedida, ni explicaciones. Tan sólo se dio por hecho que con la vuelta a la vida de THE CROWN, ahora con un aura de culto tras su ausencia, ANGEL BLAKE quedaba como aquel sustituto temporal guardado en el baúl cuando volvieron los buenos tiempos.

¿No es acaso irónico que un grupo que tanto cantaba al olvido y a la soledad tuviera un final tan ignorado? 

 

AN AXIS OF PERDITION (GBR) – Deleted scenes from the Transition Hospital, 2005

Que una banda de música esté fuertemente influenciada por un videojuego no es algo único, pero tampoco demasiado común. Estamos acostumbrados a que otros productos culturales, como el cine o la literatura (incluyendo comics), nutran de ideas a los grupos, inclusive el metal. Por eso el caso de AN AXIS OF PERDITION es tan exótico, un grupo literalmente obsesionado con la saga de Silent Hill (concretamente la tetralogía original) y con el trabajo de Akira Yamaoka.

Para quien no lo sepa, la mitad del impacto de esta saga de terror psicológico se debía al trabajo del compositor japonés, cuyo trabajo en estos videojuegos resaltaba por su atmósfera sucia y claustrofóbica. No es fácil catalogar su música, pero en mayor medida era dark ambient, música industrial y noise, a excepción de piezas mucho más convencionales y melódicas empleadas para momentos emotivos. 

Evocar lo que provocaba el señor Yamaoka, y por extensión los juegos clásicos de la saga, era algo más difícil de hacer que de decir. Pero el conjunto de Middlesbrough fue puliendo su propuesta progresivamente para alcanzar esta meta. Su primer EP y su ópera prima (Corridors y The Ichneumon Method) eran ámbumes de black industrial extremadamente agresivo y sucio, pero con unos pasajes de dark ambient y noise muy marcados y, cómo no, muchísimos samples de la saga de Konami.

Quizás el único defecto es que no presentaban la suficiente homogeneidad entre dichas secciones, pero a pesar de eso eran obras tan agobiantes como el mundo de óxido de la colina silenciosa. Y, sobre todo, a principios de los 2000 nadie hacía exactamente lo que hacían ellos. Ni tan siquiera BLUT AUS NORD, que en comparación sonaban limpios y asépticos. 

Tras un EP algo más metido en el industrial y el noise, llegaba la culminación del estilo, Deleted scenes from the Transition Hospital. Un disco perfecto en su propuesta y sentido. Una obra no tan extrema como sus predecesoras, pero más equilibrada en todo: en black industrial, en dark ambient, en noise… metiendo incluso pequeñas secciones de piano o coros. Todo en muy pequeña medida con tal de incrementar esa inquietud que presentaban los videojuegos. Más que un disco es un viaje de casi una hora por el otro lado de Silent Hill, con pasajes que parecen incluso plagiados de cualquiera de los momentos del videojuego. No es sencillo de escuchar, por la densidad del resultado, pero consigue dejarnos con mal cuerpo y agobio. Logra esa sensación de miedo bajo las circunstancias adecuadas. Una sensación poco evocada en el metal, perdida entre tanta agresividad. 

Tras la culminación de su estilo, los británicos llevarían hasta el extremo el concepto de viaje sonoro con Urfe (2009), un disco doble que resultaba ser un híbrido entre dark ambient y dramatización radiofónica. Una historia propia a la que había que prestar mucha atención para seguir el hilo, ya que la banda nunca ha sido de poner las cosas fáciles para nada. Y aunque como obra era igual de excelente, se alejaba demasiado de la identidad original del grupo (de ahí que no me haya decantado por este).

Antes de su separación hubo tiempo para una obra más, Tenements (of the Anointed Flesh) (2011), pero que resultaba ser un tanto decepcionante, por perder algo de originalidad y acercarse al tecnicismo y disonancias de DEATHSPELL OMEGA o GORGUTS y disipando por el camino ese aura opresiva que conservaban. 

Sin embargo, y a diferencia de las bandas anteriores de este artículo, AN AXIS OF PERDITION sí que volvieron en 2019, lanzando un EP al año siguiente bajo el nombre de Effluvia, pero, siguiendo su ánimo constante de reinvención, este se enmarca al completo en el mundo del dark ambient. 

Todo ello nos hace pensar que posiblemente nunca veamos una obra similar a la de 2005. Algo, por otra parte, positivo. Siempre es mejor dar espacio a una futurible obra de calidad pero tan distinta que pueda huir de las comparaciones. Mientras tanto Deleted scenes from the Transition Hospital permanece como un viaje único a la ciudad de la niebla. 

 

CATHARSIS (USA) – Passion, 1999

La década de los 90 fue la de mayor evolución y crecimiento para el metalcore, preparando el terreno de la explosión de mediados de los 2000. Durante los 80, en gran medida, el hardcore clásico no dejaba de ser un punk más agresivo, y toda fusión con el metal pasaba única y exclusivamente por el thrash. El New York Hardcore lo cambiaría todo, y en el undeground más profundo las influencias de South of heaven lentamente dejaban paso al death metal. Todo ello muchísimo antes de que lo que conocemos como deathcore fuese tan siquiera una febril imaginación. Algunos como DARKEST HOUR ampliaron un poco más la paleta de sonidos con el death metal melódico. ¿Pero y qué pasa con el otro gran género de metal extremo de esta década, el black metal? Pues que apenas unos pocos decidieron girar la cabeza a un estilo dominante en Europa pero que en EEUU seguía siendo una aplastante minoría. Apenas puedo nombrar a tres grupos que transitasen este camino desolado: UNDEROATH (sí, los que son catalogados de «emos»), GEHENNA (no confundir con el grupo noruego de culto) y CATHARSIS

El grupo de Carolina del Norte estaba tan fuera de lugar que quizás sólo hoy día, con la tolerancia que hay a experimentar con black metal, habrían tenido un éxito tangible. 

Durante su primera demo y EP podrían haber pasado por la típica banda de crust anarquista, que incluso en una muestra de coherencia ideológica creó su propio sello, CrimethInc, dirigido por su cantante Brian Dindledine, bajo el cual saldrían los dos álbumes de CATHARSIS. Pero ya entonces había ciertos momentos de su demo que podríamos etiquetar como inusuales. Aun así era imposible prever el gran cambio que realizarían en su ópera prima.

Samsara nació en 1997 y podía definirse fácilmente como raro y muy oscuro. Que una cantante de ópera y unas siniestras notas de piano abriesen el disco era una pista de que CATHARSIS transitaban por extrañas carreteras. Para 1997 muy poco de Samsara era normal. Sí, estaban los momentos lentos y los riffs de death metal como parte fundamental, pero el grupo adquirió la costumbre de bajar las revoluciones casi hasta el silencio, mientras que Dindledine susurraba y hablaba al oyente directamente. En «Evolution of dying» tenían la osadía de jugar en el terreno de NEUROSIS y salir bien parados. Y a pesar de lo rompedor que pudiera resultar este debut, en retrospectiva uno lo ve como una preparación de lo que estaba por venir.

Dos años más tarde Passion saldría para pulverizar el listón. Aquí el black metal era mucho más explícito, no se quedaba en una cuestión de sensaciones. Era real. Los tremolos estaban de fondo, pero siempre presentes, ya fuese en «The witch’s heart» o en «Duende«, a los que había que añadir breakdowns técnicos, muy cercanos al incipiente mathcore de aquella época, el trabajo demoledor de Alexei Rodríguez en la batería durante todo Passion y finalmente la afición de la banda por demoler las estructuras de los temas, con lo que una sola canción podía tener partes radicalmente distintas, confundiendo nuestra percepción de cuando empieza y finaliza cada corte.

El grupo estaba en racha e iba más allá en la introducción de elementos alejados del metal y el hardcore. La parte rítmica tribal de la mencionada «Duende» se quedaba corta, así que decidieron meter un tema cien por cien reggae llamado «Dessert without mirages«. Eso sí, tan siniestra que podría haber servido para el funeral de Bob Marley.

Pero cada momento del disco palidecía con el cierre monumental llamado «Sabbat«. Los nortamericanos retorcían perversamente una canción folk búlgara y la usaban como introducción para esta pieza de black/hardcore perfecta (por exagerado que pueda parecer) y por la cual vale la pena escuchar las ocho canciones previas. Porque «Sabbat» es el final del trayecto hacia el ritual. 

Desafortunadamente la trayectoria del grupo no pasaría del 2001, en un split con NEWBORN, pero ni este breve canto de cisne logró acercarse al momento de brillantez de Passion.

Separados un año más tarde, volverían en 2013, aunque sólo como banda de directo, sin material nuevo hasta la fecha, y con tan sólo Dindledine a los mandos de la nave. Quizás su mayor pecado fuera el estar demasiado adelantados para su época… Un grupo tan comprometido con sus ideas, e inusuales propuestas musicales, lo tendría difícil incluso bien entrado el siglo XXI. Aunque quizás este romanticismo de arder rápido tiene su atractivo…

 

DEATHEVOKATION (USA) – The chalice of ages, 2007

Tan sólo les hizo falta una demo de cuatro temas lanzada en diciembre de 2005 para demostrarle al undeground que tenían muy claro cómo enfocarían su death metal. Y tan sólo les hizo falta un álbum debut para dejar huella, un sonido que no ha vuelto a ser replicado del mismo modo, y más de una década después seguimos lamentando que The chalice of ages no tenga un sucesor. 

Por el nombre, extraído de un tema de CARNAGE, no es difícil intuir que estamos ante un grupo muy deudor del tradicional sonido sueco, como tampoco es difícil errar en la predicción. Cierto es que el grupo de San Diego, tanto en su demo Blood como en The chalice of ages, podría pasar por centroeuropeo (o lo que a dicha zona asociamos), con ese sonido denso, algo lineal y con bastantes trazas de melodía, sobre todo en las guitarras principales (sin llegar al death metal melódico), quizás por culpa de su vocalista/guitarrista de origen alemán Götz Vogelsang. Pero esa clarividencia musical va más allá de esta base de death metal europeo. Casi como una obsesión desde su concepción, el grupo se empeñó en hacer de The chalice of ages un todo indivisible, que las canciones fluyesen unas con otras.

La manera más lógica de hacer esto es mediante interludios, sólo que estos no están separados de ninguna manera en el tracklist de la obra. ¿Por qué? Porque están realizados no como mero trámite, sino como parte integral de la canción a la que preceden/cierran, siguiendo su melodía y sin desentonar. Y al igual que cada canción debe tener su propia personalidad, así lo hacen los interludios. Ya comenzaron con esto en Blood, pero aquí simplemente lo perfeccionan. «Rites of desecration» comienza con una introducción orquestral que podía haber servido como banda sonora de la trilogía original de Resident evil, «Embers of a dying world» cambia del horror a la épica en sus primeros segundos para acabar en la melancolía con su último minuto de cello… y podríamos seguir destripando todo a base de ejemplos.

Si The chalice of ages ha causado tanto impacto en el mundo del death metal es por el buen gusto con que todo está realizado, porque en ocasiones la música es como el ecosistema de la Tierra, es extremadamente delicado y un ligero desequilibrio de una de sus puede causar un auténtico desastre. Claro que hay muchas bandas de death que introducen elementos orquestales y arreglos de cuerda en sus discos desde antes y después de 2007. Pero este ecosistema es único, cada elemento ajeno al death metal está introducido con la suficiente naturalidad y mesura como para que sea indispensable. Y porque es imposible que no se te caiga el alma a los pies con «Embers of a dying word«. Más allá de que sea el típico corte que encapsula al resto, es de esos momentos donde la inspiración divina bajó al estudio del cuarteto de San Diego. Irreplicable incluso para ellos mismos. 

Pero las grandes obras no garantizan la continuidad del artista. Las dos únicas contribuciones de DEATHEVOKATION a partir de entonces fueron un par de cortes sueltos en un par de splits en 2009 (uno de ellos, por cierto, con los catalanes GRAVEYARD), para después retirarse silenciosamente, sin una fecha conocida, probablemente debido a las vicisitudes de la vida diaria. Como tener la idea de reunirse a principios de 2020 y que una pandemia trastoque sus planes, con lo que mejor no tener expectativa alguna con respeto a cualquier futurible grabación y difusión de la misma. Jugando al ¿y sí?: ¿serían capaces de superar este altísimo listón con un nuevo disco? Ojalá que esa pregunta no tenga que ser conjugada con verbos condicionales. 

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