Los grandes desapercibidos III: El retorno

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Hace ya casi un año Antonio Andrades publicaba en Subterráneo Webzine la segunda entrega de Los grandes desapercibidos, continuando la saga que había comenzado de la mano de Javi García unos meses antes. En ellas se homenajeaba a bandas o discos que habían quedado relegadas a un ominoso olvido a pesar de contar en su haber con discos de alto nivel.

Me permito recoger el guante de estos interesantísimos artículos, para reparar simbólicamente la injusticia del anonimato forzado que recayó sobre algunos nombres que nunca fueron los suficientemente alabados por las joyas que compusieron. Mi humilde aportación es la que sigue:

KAWIR (GRC) – Ophiolatreia, 2008

Más allá de los grandes nombres como SEPTIC FLESH o ROTTING CHRIST, Grecia cuenta con una fértil base de la que han emergido decenas de bandas merecedoras de nuestra atención siendo, además, uno de los países que mejor han sabido utilizar el metal extremo como herramienta para preservar la historia y mitología tradicional de su ancestral cultura.

Para los seguidores acérrimos del black metal, el nombre de KAWIR no será desconocido, y es que el quinteto ateniense se ha convertido, con el paso de los años, en un grupo de culto. Reconocidos en los círculos más especializados, pero prácticamente anónimos para el público general, comenzaron a practicar su pagan black metal a principios de los años 90. A sus espaldas cuentan con nada menos que siete álbumes y varios EP y splits que, con mayor o menor acierto, han mantenido una trayectoria muy consistente y coherente con la identidad que reclaman.

Me disponía a hablar de su magnífico debut To cavirs, aunque finalmente he decidido decantarme por uno de los discos a los que profeso más cariño, en el sentido amplio de la palabra. Ophiolatreia, publicado en 2008, resume a mi entender todas las virtudes de este proyecto. Se trata de una insólita variedad de black metal melódico con toques folk y pagan que opta por una producción muy cruda, cuya combinación resulta tan cautivadora como efectiva. Que en su matriz habita el black metal es evidente, y los blast beats, melodías y rápidos trémolos dan cuenta de ello. No obstante hacen uso de fórmulas poco ortodoxas, por lo que no vamos a escuchar influencias demasiado evidentes de los grandes del género, algo por lo que en ocasiones han sido criticados, incluso siendo etiquetados como “música pop” o “black pop”. Entender el black metal únicamente como un eco replicado de De mysteriis dom Sathanas o A blaze in the northern sky, por nombrar dos de los grandes, me resulta irritante, de modo que  reservaré para otra ocasión mi opinión acerca de quienes hacen uso de la etiqueta pop, de forma despectiva, para referirse a bandas de metal más o menos extremo.

La razón de este desencuentro es que KAWIR nunca han temido utilizar voces limpias como recurso ocasional, ni relegar los blast beats y a fiereza en favor de cadencias más ceremoniales y atmósferas místicas. Cierto es que en ocasiones nos encontramos, especialmente en los discos más recientes, con temas que se asoman a los límites del género, pero esto, concebido desde un sonido “raw”, no hace sino incrementar las sensaciones positivas. Este Ophiolatreia no reniega de unas raíces claramente asentadas en el black metal, y pistas como «Moirae«, «Nemesis» o «Ares (The god of war)» suenan crudas y frías a pesar de las omnipresentes melodías que se graban en la memoria. Los instrumentos tradicionales como la lira, el kanonaki o las campanas, acompañados de voces y cantos casi ceremoniales, nos transportan a la antigua Grecia y hacen de este viaje una auténtica delicia, haciéndonos sentir junto a la Pitia y el Profeta en el oráculo de Delfos.

Afortunadamente el anonimato no ha mermado la voluntad de estos veteranos, y aún continúan editando discos como  Εξιλασμός, que veía la luz el año pasado.

THE ELYSIAN FIELDS (GRC) – Suffering G.O.D. Almighty, 2005

Ha querido la casualidad que otro de los discos escogidos para este artículo no sólo surgiera también de tierras helenas, sino que su música vio la luz en las mismas calles que KAWIR. THE ELYSIAN FIELDS es un dúo ateniense que comenzó a hacer música a principios de los noventa, siendo probablemente víctima de una época muy prolífica para el metal extremo, en la que multitud de buenas bandas no tuvieron la oportunidad de hacer sombra a los nombres más ilustres.

Su debut Adelain presentaba una interesante  manera de mezclar el death y el black, añadiendo el uso de un piano en lugar de los artificiales y arquetípicos teclados pseudosinfónicos. Tres años después We… The enlightened pulía la producción y añadía elementos estructurales y compositivos, consolidando su fórmula y perfilando una identidad propia que estaba aún por alcanzar su máximo esplendor. A la introducción de teclados, utilizados con gran elegancia, se sumaban algunos pasajes de sintetizador sorprendentemente bien encauzados en un entorno musical que a priori no era propicio a ello.

El cambio de siglo profundizó esta marcada manera de componer, y 12 Ablaze adquiría un tono entre Gotemburgo e industrial que no dejaba de sonar muy orgánico, con los sintetizadores ganando protagonismo y compartiendo todavía escena con unos teclados y violines exquisitos. No cabía duda de que habían alcanzado a construir una identidad propia que les permitía desarrollar un sonido único.

2005 nos trajo la culminación de esta evolución. Suffering G.O.D. Almighty es una joya de producción límpida, que combinaba magistralmente una esencia de black/death noventero con un evidente cariz de digitalización entre lo clásico y lo futurista. Los teclados habían desaparecido casi por completo en favor de unos sintetizadores puramente electrónicos, ejerciendo un fuerte contraste con una música que ofrecía una textura notablemente analógica.

De manera similar a cómo el reciente lanzamiento de THE LION´S DAUGHTER se desenvuelve en una vertiente retro, este disco supone una suerte de eslabón perdido entre el industrial, la música electrónica y el metal extremo. Un claro candidato a salvar las reticencias de quienes encuentran antinatural la unión de estos géneros, que lamentablemente nunca arribó a las orillas del éxito.

EVENFALL (ITA) – Still in the grey dying…, 1999

Antes de que el metal gótico sufriera un plaga al estilo bíblico de nostálgicos de Eric Draven, aspirantes a soprano y teclistas con aires rococó, los pioneros del género apenas habían abandonado los territorios del underground. Entre la época macarra del heavy, la misantropía ocultista del black o el trasfondo gore del death, se fue abriendo camino una manera de entender el metal que entroncaba con la literatura gótica, algunos mitos clásicos como el del vampiro y el terror como género artístico.

Desde una Italia más ligada culturalmente a lo renacentista que a lo gótico, EVENFALL exploró el territorio de la hemofilia y la inmortalidad en su primer álbum Stil in the grey dying… Mediante un metal gótico influenciado por el black metal, consiguió recrear la mística vampírica con mucha eficacia. Bebía de las mismas fuentes que el Dusk and her embrace de CRADLE OF FILTH, con los que compartía ciertos elementos. No obstante la manera de utilizarlos era un tanto diferente, y su sonido se adentraba más en el gótico que el álbum de los ingleses.

La atmósfera con aires de novela gótica clásica enmarcaba el escenario sobre el que se desplegaba la música. Órganos, pianos y violines mantenían una constante sensación de solemnidad sin llegar a alcanzar una etiqueta de sinfónico con la grandilocuencia con que hoy se entiende el término. Tampoco faltaban las letanías satánicas narradas en latín ni los pasajes ambientales entre la solemnidad y el terror clásico. Los agudos gritos del vocalista, que no serán del gusto de todos, se convertían abruptamente en guturales propios del death metal y, más allá de las preferencias personales, no se puede negar que poseía una personalidad singular.

Muchos se sorprenderán a día de hoy al saber que Stil in the grey dying… fue lanzado por Century media, y los italianos llegaron a telonear a DIMMU BORGIR durante su gira europea de 1999, apareciendo en cartel por encima de DARK FUNERAL.

Desconozco qué factores influyeron para que la prometedora carrera de EVENFALL quedara en un fugaz álbum debut, aunque sospecho que las divergencias internas en materia compositiva  podrían haber tenido algo que ver. Esta teoría se ve reforzada con el cambio tan radical que vimos en su segundo y último disco, que tardó tres años en llegar. Tras la incorporación de un bajista y una segunda vocalista que cantaba con voz limpia, optaron por una propuesta de metal gótico mucho más convencional con aderezos electrónicos que se alejaba de la estética vampírica. Como curiosidad, este segundo álbum incluía una versión de «Entre dos tierras» que sorprendió a algunos y horrorizó a otros.

SHELLYZ RAVEN (NOR) – Desolation, 2000

El metal gótico no vive sólo de camposantos y criaturas nocturnas; también podía ser una forma de expresión urbana, alejada de lo fantástico sin perder ese halo de melancolía y desesperación, que encarnaba un espíritu trágico envuelto en una apariencia funeraria. Uno de los discos que mejor representaba esta vertiente fue el impresionante Isolation de SHELLYZ RAVEN que, como buen reflejo del amante romántico, cayó en la mayor de las desgracias para el alma apasionada: El más gélido de los olvidos.

Recuerdo que llegó a mis manos en formato cassette, cuando la piratería tenía más que ver con barlovento que con la ectoplásmica interpretación de la realidad en términos legales. Me impresionó la sensación de vacío que transmitía su música, tan difuminada y oscura que parecía surgir de las ruinas de alguna infraestructura suburbana, y sobre la que destacaba la voz de Jenny Hval. Probablemente no haya escuchado otra voz que pudiera conjugar al mismo tiempo un timbre tan agudo y aterciopelado con un tono que transmitiera semejante grado de hastío, frustración y  melancolía.

Hasta tal punto sobresalía que las guitarras quedaban siempre a sus pies, como un manto de espinas sobre el que se arrastraba doliente durante todo el disco. Este halo de abulia y abandono era quizá la clave de bóveda que soportaba el peso del conjunto, jugueteando constantemente con cadencias doom y creando una atmósfera pesada y depresiva realmente absorbente.

La banda se disolvió tras su primer disco y, aunque se convirtió en una obra de culto, la llegada de las redes sociales y las plataformas audiovisuales online no ha sido suficiente para rendirle un merecido homenaje póstumo.

Un dato para los curiosos: la carrera de Hval continuó por unos derroteros alejados del metal, cosechando el éxito que no tuviera con esa oscura creación llamada SHELLYZ RAVEN.

CRYPTIC WINTERMOON (DEU) – Of shadows… and the dark things you fear, 2005

CRYPTIC WINTERMOON ha demostrado sobradamente a lo largo de su carrera que los recursos melódicos no son contrarios a la intensidad y la autenticidad. No puedo dejar de mencionar sus comienzos, cuando sus teclados gozaban de gran protagonismo, y su su excelente A coming storm, que disputaría su trono particular con el disco que nos ocupa. No obstante centraré mi atención en Of shadows… and the dark things you fear, que a mi entender marca el punto culminante de su obra.

Continuando con el viraje de su disco anterior, oscila entre el black y el death con algún destello thrasher aquí y allá. Deshaciéndonos en primer lugar de los elementos menos destacados, cabe mencionar la repetitiva estructura de las canciones, compuesta en su mayor parte del predecible patrón ”estrofa-estribillo-estrofa”. El apartado lírico tampoco destacaba en exceso, abusando en ocasiones de clichés sobre la guerra, la religión y un listado de patologías que forman parte de la naturaleza humana.

A pesar del inicio poco halagüeño de este análisis, estos defectos se ven ampliamente superados por las virtudes. En primer lugar la fusión de géneros mitiga en gran medida las limitaciones estructurales, y nos transmite una sensación de variedad notable. Sirva como ejemplo el viaje que nos lleva desde un espíritu thrasher en «Thrasomatic overdrive» hasta «Bonegrinder 1916» y «Portals of nightfall» destilando pura esencia de Gotemburgo, pasando por una «Grave without a name» con cierto sabor a DISSECTION. La producción es otro pilar muy importante de su sonido. En una época en la que comenzaba el auge de la sobreproducción, lograba sonar moderna pero con un cierto aire underground. En conjunto CRYPTIC WINTERMOON logró construir una identidad propia, puramente reconocible, que supo nutrirse de diferentes influencias para crear un sonido genuino.

Su último disco hasta la fecha es Fear, que data de 2009. A pesar de no ser un mal álbum, no lograba superar las expectativas de su retorno y desde entonces no tenemos noticias de un posible regreso.

P.D. Para aquellos que se lo pregunten: no, el vídeo que se adjunta no supone alabanza alguna a la historia pasada de Alemania. Muchas de sus letras se enmarcan durante la Guerra de trincheras de la Primera Guerra Mundial y tienen una intención anti-bélica.

 

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