LICE (SWE) – Woe betide you, 2019

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Niklas Kvaforth, alma mater de SHINING, es una de las figuras más controvertidas del metal contemporáneo. Abiertamente crítico con la escena actual del black metal, su música ha ido alejándose progresivamente de los cánones del género para convertirse en uno de los artistas más experimentales de nuestro tiempo. Provocando amores y odios a partes iguales, parece que su música y su personalidad no deja indiferente a nadie. En su último proyecto colabora junto a J, batería de los españoles TEITANBLOOD, y el ruso Kirill Krowli a la guitarra, formando LICE y presentando primer trabajo, Woe betide you. Como suele suceder en cada obra de la que el sueco forma parte, generará opiniones contrapuestas con total seguridad.

Referencias aparte, no me cabe la menor duda de estar ante uno de los álbumes más dinámicos que he escuchado nunca. La lista de influencias que muestra y la cantidad de subgéneros que encuentran su espacio durante sus casi cincuenta minutos de duración es difícilmente igualable. Entre las partes más agresivas podemos encontrar sobre todo pasajes de black metal con poca distorsión, pero también post punk, death’n’roll, post rock, post metal, pasajes con claras reminiscencias de ALCEST, surf rock e incluso devaneos a lo PINK FLOYD entre los que aparecerán sorpresivamente algunos invitados como teclados o violines.

Es evidente que para que esta mezcla no se convierta en una amalgama disgregada se hace imprescindible una formación con músicos versátiles. Woe betide you no sólo alcanza estas cotas, sino que las supera con creces y, si bien no tiene un nivel de exigencia excesivo en el ámbito de lo técnico, la composición es camaleónica. La batería a cargo de J vertebra toda la estructura de manera fluida, realizando transiciones perfectas entre la multitud de texturas que propone, mientras Krowli despliega un amplísimo catálogo de melodías, riffs, punteos, arpegios, trémolos y pasajes acústicos en consonancia con la mutable naturaleza de cada una de las pistas. Kvaforth no se queda a la zaga  presentando un abanico vocal de los más extensos que recuerdo. Voces claras, raspadas, guturales, aullidos, susurros y toda una pléyade de técnicas diferentes que culminan este cambiante álbum.

El arte, más allá de aspectos mensurables como el puramente técnico, es una cuestión subjetiva que tiene que ver más con factores que a menudo yacen en el subconsciente. Cuanto más polarizado está, y cuanto más se propone quebrar cualesquiera que sean los límites presupuestos, tanto más se polarizan las opiniones que suscita.

LICE no resulta una experimentación extravagante, pero sí rompe con ciertas barreras compositivas y estilísticas que no serán del agrado de todos. Quizá la finalidad que subyace bajo la obra de artistas como Kvaforth sea la de forzar bisagras musicales hasta revelar ángulos secretos con los que otros puedan orientarse, dejando marcas que anuncien: “aquí existe un camino”.

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