LENG TCH’E (BEL) – Razorgrind, 2017

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LENG TCH’E ya lleva una trayectoria extensa a sus espaldas de casi dieciocho años. En su momento surgió como un proyecto de Sven de Caluwé, de ABORTED, en donde al mismo tiempo que en su banda madre se alejaba del grindcore al uso vertió toda esta inquietud en su particular vehículo para expresar sus torturas (que es el significado del nombre de la banda). Casi al mismo tiempo se metió en IN QUEST, en donde la otra cara de Sven, la más experimental y ajena al grindcore, tenía reflejo, de manera que ABORTED se quedaba como el elemento de mezcla y los otros dos proyectos los de la pureza de cada rama. Lo de IN QUEST le duró poco, pero con LENG TCH’E llegó a editar hasta cuatro discos en donde compartía labores vocales con las de encargado de las baquetas. No obstante, en 2007 Sven decidió que era el momento de que ABORTED volviera a la senda del pasado y la tortura china de los mil cortes quedó en barbecho.

Pero que Sven no estuviera no era impedimento para que sobreviviese LENG TCH’E y así fue a partir de 2010 con un nuevo trabajo y ahora en 2017 con Razorgrind. Eso sí, las cosas han cambiado un poco. Ahora LENG TCH’E es más un alter ego de ABORTED en versión más death metal. El sonido es mucho más grueso y contundente. Los temas, aunque siguen teniendo una estructura minimalista y predominio de tempos rápidos, se orientan más a los riffs y el groove, y la combinación de voces tiene más peso de las aspiradas y pastosas. Finalmente, la producción es mucho menos caótica y más poderosa, lo que le resta bastante personalidad pero le da un mejor ropaje para las ideas actuales del grupo, en donde ya no hay ningún miembro original aunque se puede considerar que Nicolas Malfeyt ha asumido el rol de voz principal en cuanto a composición y desarrollo.

Lo que me gusta del sonido actual de LENG TCH’E es que es más dinámico en el sentido de combinación de elementos y que aun así no ha perdido “la esencia” de lo que era (y temas como “Commitment fail” son un ejemplo). Hay cortes más accesibles que me recuerdan a unos MASTIC SCUM más death, como “Spore”, y otros con cierto aire experimental, como “Redundant” o “Guinea swine”, donde hasta meten teclados; y, por supuesto, “Magellanic Shrine”, donde en más de seis minutos parecen una banda de doom death, con muchos detalles de melodía que llaman la atención. Pero si escuchas el disco en conjunto la sensación con la que sales es de ser un trabajo completo y conectado con el pasado de la banda, aunque formalmente poco tenga que ver con aquello esta encarnación de LENG TCH’E

Sin haber escuchado el precedente de Razorgrind, y aún con Marasmus como una obra culminante para mí del grupo, creo que el sonido actual de LENG TCH’E sigue siendo interesante y, aunque se haya acercado bastante a los derroteros de ABORTED y similares, sigue teniendo personalidad propia y calidad sonora. El filo de la navaja está bien cuidado y listo para hacer los miles de cortes de LENG TCH’E.

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