LATE NIGHT VENTURE (DNK) – Subcosmos, 2019

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Cuando cae en mis manos un disco en el que alguno de los adjetivos que califican su sonido es el término doom, parece inevitable verse inmerso en la frialdad y oscuridad de un bosque en Noruega con la sombra de la noche perpetua sobre nosotros y la nieve cubriéndonos hasta las rodillas. Pues con LATE NIGHT VENTURE nos podemos dejar el plumífero y las botas de montaña, porque de poco nos van a servir en el destino que nos depara Subcosmos: el espacio.

Subcosmos es la última entrega de la trilogía que la banda comenzó con Pioneers of spaceflight en 2012 y al que sucedió Tychonians en 2015, en donde no sólo se debe pensar en el espacio como el único lugar en el que el ser humano puede sentir la soledad, sino que tiene connotaciones claramente urbanitas como metáfora del aislamiento y la misantropía. Gracias al libreto sabemos que el tema «2630» responde al código postal de la casa en la que vivían en la etapa adolescente dos de sus componentes. Etapa vital en la que el rechazo al entorno es manifiesto y que ha permanecido en la mente de la banda todos estos años.

El sonido de las guitarras es muy crudo, sugiriendo poco procesado y con mucha válvula de por medio. Se nota que se ha grabado a la antigua usanza: directamente en el estudio, siendo todo más fluido y natural que la grabación pista a pista. Esto también hace que su sonido final esté a caballo entre el doom y el sludge.

Los siete cortes tienen poca letra, pero no por ello se deja de percibir la tristeza y el distanciamiento con la realidad, a veces con composiciones tan sencillas como el inicio del tema «Far from the light» o «Desolated shelter«.

El papel del bajo en los temas resulta impresionante, ya que adquiere como si fuera de manera involuntaria un enrome protagonismo, siendo sobre el que recae el peso del doom propiamente dicho, lo cual no viene siendo habitual en este género en el que son las guitarras las que asumen dicho rol.

El recurso a los sintetizadores resulta un enorme acierto, especialmente si consideramos que son los que abren el sonido a una vertiente más «sideral».

Subcosmos es el merecido colofón a esta trilogía espacial que nos adentra en el aislamiento del ser humano.

 

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