Lars-Göran Petrov (1972-2021): Una voz terrenal

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¿Hasta dónde llega el legado e influencia real de ENTOMBED? Casi con toda unanimidad hasta Clandestine (1991), su segunda obra, difícilmente alguien estará en desacuerdo. Habrá cierta polémica con Wolverine blues (1993), pues mientras para algunos es innegable su influencia posterior en el metal extremo, el otro bando dirá que es un álbum mediocre que sólo ha creado plagas musicales. Los más aventurados incluso pondrán en esta lista de imperdibles  su cuarta obra, To ride, shoot straight and speak the truth (1997)… y paremos de contar. Algo triste teniendo en cuenta que la carrera de la banda sueca en activo duró hasta 2014, cuando empezó la guerra judicial por el nombre.

Quedaría precioso decir que si hay un nexo en común en toda aquella época dorada fue el recientemente fallecido Lars-Göran Petrov, pero la verdad es que ni estuvo en la época de Clandestine ni era el mayor compositor del grupo, tarea que recaía en Hellid y Andersson. Pero, paradójicamente, su legado va mucho más allá de su estilo vocal, y este sí que abarca toda la vida útil de la banda, hasta el punto de convertirse en el alma espiritual de ENTOMBED.

De sobras es conocido el meteórico ascenso de ENTOMBED a la cima del death metal europeo hace más de treinta años. El grupo que simplemente era líder de su generación, yendo siempre un paso por delante de sus compatriotas. Desde el uso del pedal HM-2, repetido e imitado hasta la náusea, evolucionando hacia una vertiente mucho más comercial que, guste o no, les hizo conocidos mucho más allá de los círculos de intercambio de cassettes y catálogos de CDs por correo. Hasta el punto de llegar a ser unas estrellas del rock, dentro de todo lo que puede ser una banda de death metal.

Los primeros noventa fueron tiempos de bonanza económica para el metal extremo. SEPULTURA, MORBID ANGEL o nuestros protagonistas tenían acuerdos de distribución con majors discográficas como Epic, Columbia o Warner. Algo que muy difícilmente se repetirá en un futuro de cualquier tipo. Con dinero de por medio, todo el mundo quiere quedarse en el barco. Lo difícil es quedarse cuando este se hunde.

No demasiada gente recuerda Same difference, el primer disco tras la marcha de uno de los cerebros de ENTOMBED, Nicke Andersson. Pero de ahí en adelante, con cada nueva obra con temas buenos, no tan buenos y de relleno e indignaciones variadas por no encontrar un Clandestine 2, ahí estaban Hellid y Petrov, siendo este último la cara más visible en cada concierto y gira interminable (porque el death metal volvió a su estado natural de ser un agujero negro económico). Sin egos y sin comportamientos, como demuestran los innumerables testimonios de músicos que le conocían: un buen tipo, trabajador, simpático, gracioso… Alguien indiferente a haber creado escuela en 1990 y cuya única diferencia con cualquier asalariado que iba a sus conciertos es que su oficina era la furgoneta de gira, sin posibilidad de dormir en su cama todos los días.

Quizás el legado de ENTOMBED fuese una jaula de oro para Petrov, atándole de pies y manos con respecto a sus verdaderas capacidades musicales. Sin embargo, había excepciones como Unreal state, aquel extrañísimo experimento realizado en 2002 donde el grupo puso su música al servicio del Ballet Real de Estocolmo, coincidiendo en un mismo escenario bailarines y músicos. Ahí Petrov rompía aquel tópico de que el cantante no sabe tocar y se ponía al mando del piano en la apertura de la actuación. ¿Una pista de lo que podría hacer de manera más libre? Puede que sus otras dotes musicales no encajasen en la fórmula de la banda madre, y él fuera feliz con la fórmula probada de ENTOMBED, como demuestran las últimas obras realizadas bajo el nombre original, así cómo su continuación con el sufijo A.D. 

Precisamente es el nacimiento de ENTOMBED A.D. otro de los acontecimientos que dicen mucho sobre la actitud del cantante. Ante la negativa de Hellid de irse de gira en 2013, el acercamiento hacia sus excompañeros de grupo, la posición de Petrov era contrapuesta y simple: quería seguir saliendo de gira y grabando más material. En otras palabras, quedaban pilas para la misma rutina de siempre. Todo ello desembocó en una batalla judicial por los derechos de la banda como han hecho otras agrupaciones con más renombre que salud bancaria. Así que Petrov hizo lo más sencillo de todo: decidió irse con sus compañeros de gira, sacando el material grabado con el apellido A.D. y alternando clásicos y nuevas canciones en el escenario. Todo continuaba igual, pero con sorteamientos legales. Un status quo que no variaría hasta que el cáncer le obligara a una retirada más temprana de lo que le hubiese gustado. 

¿Qué gana un señor de más de cuarenta años yendo de viaje por toda Europa en un bus/furgoneta con las comodidades justas? Nada, la misma ganancia que montar un grupo paralelo con un enfoque más old-school llamado FIRESPAWN.

Nada de vivir de rentas pasadas, conservando las mismas aspiraciones que cuando comenzó en el oficio más de dos décadas antes: grabar nueva música, girar y repetir ciclo. Daba igual si nada de lo que hiciese estuviese a la altura de aquellos clásicos de los 90, porque hacía lo que le daba la gana, sin más. 

No tuve la suerte de asistir a su última gira europea con ABORTED a finales de 2019, pero jamás oí una mala crítica de los conciertos de ENTOMBED A.D. más allá de aquellos señalamientos a los límites de la edad. Ni tampoco dejó constancia de los clásicos dramas entre miembros. La única baja durante la trayectoria del grupo fue la de Victor Brandt en 2018… pero siguió tocando en FIRESPAWN. Una situación improbable en caso de existir una mala relación.

El legado de Petrov es terrenal, alguien que vivió y murió dedicado a su oficio, sin molestar a nadie, sin causar dramas innecesarios, sin dormirse en los laureles y haciendo caso omiso a la leyenda que crearon a su alrededor. Porque cada día había que salir a demostrar lo que uno valía.

 

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