KING WOMAN (USA) – Celestial blues, 2021

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Cuando escuché el primer tema homónimo del disco sobre el que intentaré escribir hoy, mi cerebro se quedó frito con una bonita capa de tempura bañada en soja y wasabi -creo que el impacto que me produjo ha quedado claro-. Durante años, por algún motivo absurdo que ya está fuera de lugar y no quiero volver a encontrar, no he escuchado demasiadas bandas con cantantes femeninas. Los sonidos agudos de algunas de las cantantes que, antaño, me habían perforado de tal manera los tímpanos hicieron que creara un absurdo rechazo, y a llegar a pensar que nunca encontraría en ellas dolor, melancolía, o ira. En resumen, todos esos tópicos que le puedo intentar encontrar al doom que suelo consumir.

Rectificar es de sabias y escuchar diferentes propuestas abre la puerta a conocer a grandes artistas. En este caso, Kristina Esfandiari ha supuesto un gran descubrimiento para esta humilde mortal. Es una mujer con un pasado complejo muy marcado por la religión, en concreto por la que practican los cristianos carismáticos. Por motivos cercanos a tener que trabajar de canguro para pagar los estudios, he conocido como son, y puedo afirmar que ha sabido gestionar todo el dolor y daño emocional que le hayan podido llegar a ocasionar. Os aseguro que dan para más de una película de terror, sobre todo si son sobre sus retiros espirituales.

Kristina Esfandiari es una cantante, compositora y productora, que forma parte de varios proyectos con estilos y personalidades totalmente diferentes. En octubre presentó un nuevo alter ego con el que se atreve incluso con el rap, sin dejar de lado su personalidad atormentada. Parece que necesita dar rienda suelta a un gran torbellino de creatividad y energía. Ella misma comenta en una entrevista que un “psíquico” le observó tener muchas reencarnaciones en su “aura” por lo que no sería de extrañar que canalice esas “energías” con todos sus proyectos.

Presentada la protagonista, os hablaré de Celestial Blues, el trabajo que KING WOMAN, uno de sus múltiples proyectos, publicó el pasado mes de julio. Editado por Relapse Records, os adelanto que para esta que os escribe va a ser uno de sus discos del año. Su música destila rock alternativo, doom metal, y progresivo, en cada una de sus notas. Su puesta en escena respeta totalmente las dinámicas del shoegazing, y huyen de cualquier artificio o efecto que puedan alejarlos del grunge que seguro han escuchado en su adolescencia.

Celestial Blues es el segundo larga duración que han editado y, tras leer algunas críticas del primero y escucharlo, pienso que han madurado y han sabido evolucionar con calidad. No es un disco con grandes efectos, fraseos, solos o arreglos impresionantes. Es un disco crudo, sencillo y elegante, que relata con sus canciones y letras todo el proceso de superación de traumas y deleite por la oscuridad que tiene Kristina Esfandiari.

Con riffs resultones y efectivos, ritmos que acompañan los cambios de modulación y registros de voz, y un sonido impecable en el que se nota que ha sido grabado en Oakland, California, por el ingeniero nominado a los Grammy, Jack Shirley (DEAFHEAVEN, AMENRA, OATHBREAKER). Esfandiari y sus compañeros; el guitarrista Peter Arensdorf y el batería Joseph Raygoza, nos hablan del apocalipsis, el trauma religioso, y la vida después de la muerte en cada uno de los tracks que forman Celestial blues.

Hablar de cada canción que podemos escuchar en Celestial blues sería romper la unidad que tiene y considero que es aconsejable una primera escucha en su totalidad. Si tuviera que elegir alguno me quedaría con «Psychic wound«. Es un corte sencillo con un riff repetitivo y cercano a un mantra -salvando las distancias- culminado por una línea de voz claustrofóbica pidiendo salir de algún agujero profundo con sus gritos desesperados. Aunque pueda parecer tener estructura muy llana e ingenua, le confiere al tema la personalidad adecuada dejando una sensación de desasosiego muy atractiva para las que disfrutamos con ello.

Otro asunto que me ha llamado la atención por el diálogo que hay entre los parches de Joseph Raygoza y la voz de Kristina Esfandiari, ha sido «Boghz«, donde todo está elegantemente hilvanado por unos arpegios limpios de guitarra que se intercalan con riffs distorsionados. Todo ello ayuda a explicar la historia que se describe en la letra, puesto que se antoja como la descripción de una relación muy tóxica con alguien maligno, que se parece mucho a un conocido ángel caido.

Cierra el disco «Paradise lost» con lírica inspirada en el poema de John Milton, pero huyendo del estilo del mismo dejándose llevar por letras más descarnadas, y haciendo que el oyente se quede pensando en qué acaba de pasar por sus orejas. La voz de Kristina Esfandiari, acompañada por los acordes de una guitarra limpia es el perfecto final para este trabajo, dejándonos a la espera de entender todo lo que hemos estado escuchando al no resolver la cadencia final.

Pienso que es un disco que puede gustar a todas aquellas personas que se sientan atraídas por lo que he explicado en mis anteriores palabras, y que tengan ganas de descubrir nuevos sonidos y  artistas. Mi resumen “mainstream viral” de este año ha cambiado mucho con respecto al anterior, y no me arrepiento en absoluto. Aquellos oídos acostumbrados a CHELSEA WOLFE, EMMA RUTH RUNDLE e incluso me aventuro mencionar a DARKHER, no han de dudar en acercarse al atormentado mundo de KING WOMAN.

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