KILMARA – Love songs and other nightmares, 2014

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kilmara29Mucho ha llovido desde que estos catalanes empezaran su andadura bajo el nombre de JADDE en 1999. Todavía no bautizados como KILMARA (así sería cuatro años después), en 2002 graban su primera maqueta, El Yang, siendo en 2003 cuando su cantante actual, de origen alemán y procedente de la banda DESYRE, entra en el grupo y propone el cambio de nombre.

Ya como KILMARA editan la demo Demasiado viejo (2004), debutando discográficamente tres años después con su primer LP, Hunting dreams. No obstante, el salto de popularidad dentro de la escena underground nacional se produciría en 2010 con la publicación de Don’t fear the wolf, un álbum con las ideas mucho más claras y asentadas que el disco anterior, y que les puso en el punto de mira de Sony Music, multinacional que ha apostado por ellos para la edición de su tercer largo, Love songs and other nightmares (2014). Todo un logro no solo para la banda barcelonesa, sino para toda la escena del heavy metal nacional, que viene acompañado transversalmente por el reciente fichaje por la agencia de promoción Zombie War Management, la cual deberá ayudar al grupo a estar en lo más alto.

Love songs and other nightmares ayuda a esto último, vaya que si ayuda. Y lo dice alguien que no pensaba lo mismo hace unos días. Desde luego la crítica del disco no sería la misma si no hubiera dejado “reposar” el mismo un tiempo prudencial. Estamos definitivamente ante un disco mucho más maduro que Don’t fear the wolf, al que cuesta acostumbrarse, en el que al principio uno echa de menos verdaderos highlights pretéritos como “Rock the night”, en el que se echa en falta esa frescura del álbum anterior. Love songs and other nightmares es fruta madura, la que cae del árbol tras tantos años de desarrollo completamente natural y, de ningún modo, artificial; una muestra de evolución y progresión continua, indiscutiblemente lógica y coherente, dos adjetivos muy bien considerados por el oyente metalero, que suele castigar justamente lo contrario.

Pero esta lógica y conexión con Don’t fear the wolf no queda en lo estrictamente musical. En esta nueva ocasión el grupo vuelve a apostar por la mano de Roland Grapow en la producción (en sus Grapow Studios de Eslovaquia), como ya hicieran en el pasado, dando a su vez importancia al diseño de la portada, esta vez a cargo de Jessica Allain, con fotografías tomadas por Gina Roma. En este sentido he decir que el artwork, a pesar de ser bien tratado por la crítica, y de contar Jessica con un trabajo fantástico a sus espaldas en multitud de trabajos, me parece bastante inferior al realizado por Abel Portillo en Don’t fear the wolf.

Pero vayamos a lo que importa. Love songs and other nightmares es un disco más maduro, con una base de guitarras / bajo más pesada y groove, sonido éste que, pasado por el tamiz de la producción de Grapow, dota al álbum de un alma mucho más contemporánea respecto a su predecesor. Esto gustará a algunos, a otros no tanto. Diré que a mí me ha costado aceptarlo, pero esa combinación entre el clasicismo del heavy metal / metal melódico del grupo y la actualización y modernización del sonido de éste combinan muy bien. Quizás ayude a encontrar nuevos seguidores conservando los ya existentes.

Ejemplos de esta base groove de guitarras los podemos encontrar en todo el disco, siendo más evidentes en “The devil’s eye” (que incluye un fantástico solo de guitarra de David Muñoz), “Nothing to me”, e “Insomnia”, hereditarios de composiciones pesadas y modernizadas como la pasada “Deceit”. En aquella ocasión recuerdo haber comparado aquel tema con el Dark Ride de HELLOWEEN, haciendo referencia nuevamente a Roland Grapow. En esta ocasión, siendo estos tres cortes antes mencionados, testamentarios de aquella canción, y siendo más pesados y oscuros que los demás, diré que si la música de KILMARA fuese la de PRETTY MAIDS de la trilogía Anything Worth Doing Is Worth Overdoing (1999) / Carpe Diem (2000) / Planet Panic (2002), “The devil’s eye”, “Nothing to me” e “Insomnia” serían este último álbum, Planet Panic. Al menos toman prestado de él ese punto de modernidad en la producción sin perder de vista las raíces.

El ejemplo más claro de lo que indico se encuentra en el tema inicial “Fantasy”, el cual tiene todos los puntos fuertes de Love songs and other nightmares y, también, su aspecto más negativo, en el cual incidiré más adelante. Sonido contemporáneo, inclusión de voces guturales a cargo de Pilar Villatobas de RESILENCE (una muestra más de la evolución, que no revolución, respecto a Don’t fear the wolf, y que contrasta con el tipo de voz de las colaboraciones femeninas del disco anterior), y una melodía que ilumina un disco para nada reflectante en las primeras escuchas.

Ítems, todos ellos, que ayudan a valorar un álbum que vuelve a apostar por los arreglos orquestales, aunque esta vez haya contado paradójicamente con menos medios y no hayan echado mano de ninguna orquesta, como en aquel “Blindfold”. En esta ocasión los arreglos orquestales corren a cargo de Sergio Rubio en el single “Cold rain” (uno de los grandes temas del disco) y se hacen más evidentes, junto al trabajo a los teclados del conocido Dave Imbernön, en “Time flies”, tema que tiene su repetición como bonus track cantado en español y alemán.

Además, a pesar de ser un álbum mucho más homogéneo que Don’t fear the wolf, y que en cierta forma pierde el factor sobresalto, sí tiene esos detalles sorpresivos que también tenía aquel disco. Si en Don’t fear the wolf podíamos disfrutar de un inicio de corte arábigo en “Let sadness be destiny” y de un tema al más puro estilo SATRIANI (“Dakujem castle”), esta vez contamos con una composición que toca transversalmente estilos como el folk metal y el viking, como es “Alpha” (a ello ayuda el violín eléctrico de Kaleb, otra colaboración del disco), y un tema como “Believe”, un medio tiempo que está a la altura del pasado “Blindfold”, con un inicio de guitarra acústica.

Quizás eche de menos algún growl más como en el pasado (“The dark inside – don’t fear the wolf” o “You won’t live forever”), aunque eso sería ponernos demasiado puntillosos con un disco que me parece realmente bueno. Realmente el punto negativo que encuentro al disco reside en el déficit de agudos a nivel vocal. Sí, lo sé, es algo que también sucedía en Don’t fear the wolf, pero en aquel trabajo las composiciones disimulaban más esta carencia. En Love songs and other nightmares hay temas que piden a gritos precisamente eso, un agudo aullido (nunca mejor dicho) por parte de Wolf, como en el final de “Fantasy” y “The break up”, temas que son de lo mejor del disco pero que no explotan de forma definitiva precisamente por eso.

Desconozco, en este punto, si es un querer y no poder, o por el contrario es un poder y no querer. Me inclino a pensar esto último, ya que Wolf, aparte de manejarse con maestría en tonos medios, sí utiliza la demanda de los agudos de forma puntual en “Alpha” e “Insomnia”, donde versatiliza su labor con la inclusión de este recurso. Creo que debería utilizarlo más, al menos cuando la ocasión lo requiere.

En definitiva, estamos ante un disco que supone una lógica evolución respecto a Don’t fear the wolf, totalmente conexo con éste, coherente, más maduro, trabajado, con una producción más actual, que quizás pierda ese factor sorpresa y por tanto parte del público no le dé las oportunidades que merece. Personalmente pienso que supera el álbum anterior, solo que cuesta más hincarle el diente. Expectativas cumplidas.

firmatopo

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