K.F.R (كافر) (FRA) – Shayṭān 2.0, 2021

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Es una alegre mañana de sábado, el olfato ya está volviendo poco a poco y el aire lo llenan tanto el astro rey y como las vibraciones de ASH RA. Pero toca arruinar mi gloria interna y volver al pozo de alquitrán para escribir este artículo. En este viaje por la oscuridad no hay luna, no hay estrellas ni tampoco una claridad en el horizonte. La barca de Caronte ha zarpado y el oyente, sin reconocerlo aún, es su pasajero.

¿Quién es el responsable de tal euforia? Maxime Taccardi, una persona que parece ver noche durante el día. Solo hace falta ver las obras de cualquier cuenca artística por la que fluye…fotografía, vídeo, música y por lo que más se le conoce: artes plásticas con la sangre de sus arterias. Permeando desde hace quince años, alguna ya ha aparecido en portadas como la del último de GENFAERD. Fue precisamente por ello por lo que esos blackers me llamaron la atención y los reseñara aquí. Cerrando el círculo, escribiendo aquello contacté con Maxime y descubrí su proyecto K.F.R (كافر) – contracción del término en árabe “kafir” o “infiel”.

Shayṭān 2​.​0 (independiente) comienza angustioso, tenso y, creedme, estos ánimos no decaen en los cincuenta minutos. El viaje parece aún más largo debido a una rítmica generalmente tranquila, como una eterna calma antes de la tormenta. Sin grandes sobresaltos salvo en el plano emocional, este se torna de mal en peor a través de una mezcla equilibrada de black noventero-patatero (calidad kvlt) y de electrónica propia de una pesadilla heroinómana. Todo esto aderezado con elementos clásicamente siniestros como sirenas de guerra, voces infantiles, diatribas religiosas, tonos repetitivos y diálogos en francés.

Del lado más análogo, las cuerdas resuenan a máximo treble con acordes disonantes y arpegios parsimoniosos. Sin ser composiciones de alto nivel, la sencillez de estas guarda la inocencia desgarrada de unos querubines violados. La perversión y la parálisis del sueño se manifiestan en “A bitter tomorrow”, mientras que “I’m better than him” tiene un extraño y bailable groove entre las múltiples capas de agónicas voces. Casi uno podría ponerse un tutú, inyectarse krokodil y dar vueltas por Norilsk. Y bueno, algo parecido hace Maxime en el videoclip autoproducido de “Till there is nothing left in men”. Este homenaje visual a la comedia romántica Begotten (1990) aúna casi todos los elementos del álbum, vertebrándolo y disipando la sensación de aleatoriedad de los temas. Estos, sucios, se hilan con la voz de burbujeante flema del artista. De hecho, suele ser la protagonista al resonar por encima de la distorsión.

Sin embargo, es la faceta electro la que brilla, mostrándose en una vírica diversidad de formas. Aparecen Jean-Michel Jarre o Klaus Schulze esquizofrénicos (“Shayṭān 2.0”), sintetizadores propios de distopías setenteras en la que los humanos resultan ser robots (“New World Order”), melodías de slashers de serie B en “شَيْطٰان (Devil)” y hasta elektrodark a lo FUNKER VOGT pero sin beats (“يَأثَم (sin)”). El último corte cierra con estilo cryptwave (¿eh?), concatenándose al comienzo como un uróboros algo atragantado. Toda esta experimentación es realmente divertida y funcionaría como banda sonora de películas como Hardware (1991), Taxidermia (2006) y en las escenas de gore cuántico de Space Truckers (1996).

Shaytan 2.0 es una exploración de la misantropía, del autodesprecio por la condición humana y del deseo de la venganza definitiva (la del ángel caído). Antes de analizarlo en detalle, pensé que estaría repleto de referencias coránicas entre tantos términos religiosos en árabe. Saltan a la vista algunos títulos (acompañados de su traducción en inglés), la recitación de aleyas (“I’m better than him”) y la diatriba con la que se abre el álbum con elocuentes frases como “[…] es la vuelta del pecador al Nuevo Mundo, libertad absoluta para Shaytan […]”, que se repite luego en francés en “شَيْطٰان (Devil)”. Pero, según mi amigo sirio, se trata de una burda imitación del Corán en clave satanista al carecer del estilo y poeticidad de éste. De todas formas, cómo no celebrar un ejercicio de subversión religiosa no cristiana para variar. Aun así, la portada tiene similitudes con el Satán de dos fauces de la iglesia de San Petronio de Bolonia. Siendo, cómo no, obra de Maxime, apostaría a que el “kafir” de la frente superior lleva sus glóbulos rojos.

Con este, K.F.R (كافر) se apunta el décimo largo de un viaje por el eterno mal viaje. Se notan la mayor presencia de sonidos electrónicos, una voz más extrema y el adentramiento a una perspectiva religiosa poco explorada en el metal occidental. Respecto a esto último, Maxime se queda a las puertas de darle una buena vuelta shaitanista a alguna que otra sura… para ir componiendo un “Corán Negro” escrito con su sangre… En cualquier caso, este artista polifacético y multiinstrumentista sigue demostrando que es incansable, que es fiel a su estilo en todas las vertientes y que provoca muecas incómodas aunque, en el fondo, no se lo tome tan en serio como Niklas Kvarforth (SHINING, SKITLIV), por ejemplo.

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