JUPITERIAN (BRA) – Protosapien, 2020

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De un tiempo a esta parte, parece cada vez más común encontrar bandas que se empeñan en que la identidad de sus componentes no se dé a conocer, ya sea mediante misteriosos pseudónimos, mediante outfits que ocultan su fisionomía o incluso ambas vías al mismo tiempo. Me gusta mucho que se haga esto, especialmente cuando va reforzado con artwork, concepto y, sobre todo, música. De poco me sirve que la peña lleve capuchas para darle un toque tenebroso a tu arte si luego la música no defiende esa imagen. No es el caso de los brasileños JUPITERIAN, quienes llegan de manos de Transcending Obscurity Records con su tercer esfuerzo en larga duración, al que han bautizado Protosapien.

Brutales las maneras con las que (para mí) se presenta este cuarteto, demostrando seguridad, maneras, criterio compositivo y capacidad de ejecución. Protosapien ofrece treinta y cinco minutos de densidad repartidos en seis temas que, a pesar de la densidad con la que avanzan en el tiempo, no resultan indigestos. Death metal combinado con doom, doom combinado con death metal… da igual cómo lo queramos definir, el caso es que transmite lo que un disco del estilo debe transmitir: pesadez, tedio, oscuridad y agobio. La virtud de hacerlo bien, es que el oyente pueda sentir todas esas sensaciones disfrutando de ellas. Pues precisamente eso es lo que me ha pasado a mí con Protosapien, resultando una de esas agradables ocasiones en las que el primer contacto con una banda propicia que esté atento a ellos de aquí en adelante.

Es cierto que no han inventado nada nuevo, pero el equilibrio entre los dos principales estilos que aúna su música es perfecto, reforzado de manera constante con el crepitante irrumpir del sludge. Además de ese factor, se echa buena mano de recursos que aportan dinamismo y atmósfera, buena prueba de esto la encontramos en las guitarras. Siendo realmente las que llevan la batuta en cuanto a la transmisión de sensaciones y texturas, recurren a melodías oscuras, que emanan tanto en forma de punteos como en forma de riffs, convocando la inmensidad de una tormenta de arena cósmica que nubla nuestro pensamiento y te enajena en un turbio éxtasis de existencialismo galáctico. Esas melodías, por lo general, son envueltas de atmósfera con componentes sintetizados, que aumentan esa sensación astral, reforzando de manera recíproca a la lírica que alimenta a los cortes de Protosapien. Pero también se emplean esos sintetizadores para producir chisporroteantes sonidos, que son los mayores culpables de que casi podamos acariciar las texturas resultantes.

Al mismo tiempo, a ese crepitar sulfuroso, casi nauseabundo pero cautivador, se le une el que expele el bajo, que resalta, sin emborronar, los espectros graves y disonancias que proponen las líneas de guitarra y los elementos atmosféricos o de ambientación. Por su parte, la percusión, quizá más discreta aparentemente, también hace por ofrecer recursos que se salen un poco de lo que está supuestamente establecido, habiendo incluso algún modo más movidito, como algún blast beat tradicional a medio tiempo que, la verdad, queda de maravilla. Mucho flow también en las partes en las que las guitarras casi parecen aludir al stoner, adhiriéndose como un guante a todas las propuestas de las seis cuerdas.

Muchísima calidad también la que podemos hallar en las voces, partiendo desde un cavernoso gutural grave, pasando por registros medios que suelen apoyar al resto de espectros de voz y terminando por guturales más agudos que elevan el énfasis en momentos cruciales. Modulaciones perfectas, delirantes susurros, narraciones subliminales y variedad de detalles ornamentan una muy buena labor vocal.

Una cuidada producción, sin procesar, bastante cruda, pero definida y disfrutable, pone el broche de obsidiana a Protosapien, que resulta una de las joyas de este 2020, digna de fundirse con la inmensidad de la bóveda celeste, oscura y densa como el cosmos.

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