INTO ETERNITY (CAN) – The sirens, 2018

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Creo que cualquiera a quien le guste un estilo de música en específico puede mencionar siempre una o varias bandas que son geniales pero que por la razón que sea no terminan de despegar a pesar de ser muy competentes y llevar ya unos cuanto años en la escena luchando por hacerse un hueco. Hoy quiero dedicar mi tiempo a presentaros una de esas bandas. Hoy vamos a hablar de INTO ETERNITY. Para situaros fácilmente, por aquí pasó un tal Stu Block que actualmente está en ICED EARTH clonando a Matt Barlow, pero, como se suele decir en estos casos, eso es otra historia que no viene a cuento.

Las razones por la que INTO ETERNITY no triunfan me son bastante comprensibles. Para empezar el baile de miembros es algo común, permaneciendo como líder que mantiene el barco a flote Tim Roth. Luego está el navegar entre dos estilos como son el heavy metal y un death metal melódico de alta técnica y de matices progresivos excesivamente rudo, cosa que a mi parecer les da bastante identidad, pero intentar abarcar un gran público con semejante mezcla es difícil. El caso es que la banda desde la marcha de Stu Block entro en un período de inactividad en estudio de diez años sin sacar un disco, hasta que el año pasado decidieron volver al ruedo. ¿Novedades? En lo que se refiere a la fórmula, sigue siendo la misma, pero la rudeza excesiva se ha ido. Por último, pero no menos importante, la primera incorporación de una vocalista en la historia de la banda, Amanda Kieman de THE BLACK ORDER.

El primer disparo que da nombre al disco “The sirens”, “This frozen hell” con su  pequeño protagonismo de bajo, la bien trabajada melódica “Devoured by Sarcopenia” y “Fringes of pshychosis”, esta última muy deudora de ICED EARTH, son buenas muestras del gran nivel compositivo de los integrantes, que a pesar de ser muy inestables siempre rayan el sobresaliente gracias a una gran destreza instrumental. Súmale los registros de Amanda, que además de clásicos y desgarradores están fielmente apoyados por Tim Roth y los guturales de ultratumba de Troy Bleich, por lo que el impacto es aplastante y consigue un dinamismo que hace que la cosa no decaiga en ningún momento. Más directos y menos enrevesados son los dos singles que la banda nos dejó con Stu antes de que se fuera. La diferencia entre esas versiones y estas es que las nuevas suenan más conexas y menos crudas, pero a cambio se gana en intensidad emocional. Esto último se puede apreciar con claridad en la balada final “The scaterring ashes” y en “Nowhere near”, en las que los sentimientos se manifiestan sin pausa pero sin prisa a flor de piel.

Tim Roth y los suyos se han marcado otro gran álbum para su notable discografía, uno que los pondrá en el punto de mira y los devuelve a la actividad otra vez, cosa que volverá contentos a sus fans, ya que diez años es demasiado tiempo. Esperemos que sean más prolíficos a partir de ahora y, si hay suerte, más estables en lo que se refiere a formación de una vez por todas.

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