INSULTERS – Metal still means danger, 2017

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Cada vez tengo más claro que INSULTERS son como aquella persona sin modales, sucia, desagradable, que de su boca sólo salen barbaridades y palabras hirientes varias. Queda patente en el propio nombre del disco, tan efectivo como un escupitajo a la cara, como el título de sus dos obras completas: We are the plague (algo así como «aquí estamos» pero con cerveza y cocaína)  y Metal still means danger, una declaración de intenciones. El metal tiene que volver a ser hiriente, desagradecido y puerco. ¿Y cómo se hace eso? De la misma manera que su genial We are the plague: con mucho thrash, speed (no descartamos que también sea la droga, aparte del subgénero musical), black, bastante cariño por el D-Beat y unas gotas de death metal. Rápido, sencillo y efectivo, sin complicaciones ni virtuosismos.

Obviamente, con respecto a We are the plague hay ciertos avances, es patente que no han querido hacer la misma obra calcada punto por punto, aunque a simple vista parezca lo mismo. Para empezar, han sacrificado cierta oscuridad en pos de una mayor efectividad directa. La voz de Blasphemic Vomitor sigue siendo igual de rasgada y asquerosa, pero ya no tiene tanto reverb en ella, es más directa. Al igual que la producción, mucho más clara y sencilla, provoca que la batería y las guitarras sean más fáciles de seguir. En otras palabras, se genera ese efecto de «directo-a-tu-cara» que por la putridez sónica de su antecesor no estaba tan clara, no sabías por donde te iban a caer las hostias. Había un mayor caos, ahora está todo más ordenado. No es ni mejor ni peor, es un matiz distinto.

Pero la esencia sigue ahí, el grupo apesta que da gusto a HELLHAMMER, a CELTIC FROST, a OBITUARY, que en el fondo fueron los que mejor supieron trasladar al fango de los cayos de Florida el sonido de los suizos. Incluso «Burn the witch» incluye ese famoso «ugh» que se ha convertido en la seña de identidad de Warrior. Pero el resto del tema tiene esos riffs tan característicos de sus maestros. Cada ritmo pesado, cada medio tiempo… Todo nos recuerda a los grupos antes citados. E incluso, algo de speed se cuela por ahí en «Highway of the dead» y «Age of terror», que por ese aire tan punki que transmiten, me ha hecho acordarme inevitablemente de los italianos CHILDREN OF TECHNOLOGY, aunque estos últimos son más sucios (ya es decir) y speedicos.

Sin embargo, lo paradójico de este grupo es que a pesar de rememorar muchas veces a sus bandas preferidas, tienen cierta personalidad dentro del palo black/thrash. ¿Por qué? Porque no te sonarán exactamente como DESASTER o AURA NOIR, porque, como he mencionado antes, aquí cabe el speed y el death, porque no cierran fronteras. La etiqueta se les queda corta. De ahí que este álbum vuelve ser tan efectivo como el anterior, porque te da por un lado una dosis de algo ya conocido, con lo que puedes sentirte familiarizado y no cuesta nada que entre en tus oídos, y por el otro, aunque no hacen nada rompedor, lo realizan a la perfección. El punto exacto de oscuridad, de velocidad, de agresividad. Todo ello condensado en casi 40 minutos. Todos los géneros mezclados de manera perfecta: Una rapidez muy sucia, con momentos ocasionales de brutalidad absoluta, con blast-beats en según qué momentos, perfectos para el moshpit, alternados con otros riffs super densos que te pegan al suelo.

Al principió pensé que echaba de menos la oscuridad de We are the plague, pero por otro lado, era una bala ya gastada, tiene sentido que avancen hacia delante, pero tampoco demasiado. Que innoven otros, aquí en la vieja escuela, donde casi todo permanece impasible, siempre hay alumnos dispuestos a molestar a todo y todos, y que así siga.

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