INORDEM – La Miseria de Dios, 2012

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Encarar la crítica de un disco de los madrileños INORDEM siempre lo consideré complicado. Difícil porque la personalidad de cada uno de sus trabajos hasta la fecha es harto compleja, delicado seguir una terapia coherente con ellos, vaya. Identidades que apuntan a la diversidad y a la disparidad, convirtiendo esa multiplicidad en disparate, en algunos casos, son las que en cierta forma alimentaban el alma de la formación.

Posiblemente sea demasiado crítico con sus álbumes pasados, pero nunca vi una naturaleza coherente en ellos, más si echamos la vista atrás, más allá de Destrucción Mutua Asegurada (2008), y recordamos aquel inconstante –aunque con verdaderos destellos- Progreso (2006).

En cierto modo caleidoscopio de múltiples influencias y matices, sus discos pretéritos me parecían ejemplo de intentos frustrados de conseguir algo nuevo y original. Sí, a partir de influencias hamletianas, hardrockeras, heavies, thrashers y quién sabe más, INORDEM pretendía edificar su música sin tener unos cimientos sólidos, sin poseer una base donde asentar con fuerza su producto.

Es aquí donde entra en juego La Miseria de Dios (2012). Y lo hace para romper las reglas hasta entonces esbozadas por el grupo. Con una excelente y magnífica presentación, diseño y formato (gran labor la de Laura Díaz Cubas), La Miseria de Dios cimenta su apuesta musical sobre una base thrashcore compartida por bandas como DOMINIUM, KATALEPSYA, S.A. o STORBAIS, pero con la heterodoxa herencia de su pasado.  Por eso no se parece a ninguno de estos grupos. El nuevo disco es crossover testamentario de antiguas composiciones como Condenados, limítrofe con el thrash metal, al que se añade parte del eclecticismo retrospectivo de la banda. ¿Ejemplo de todo esto? Pecado Capital, por citar tan solo uno. Quizás ahí –en saber cristalizar una base sólida pero salpicada con ciertos rasgos “distintivos” del grupo- está una de las claves para entender –y amar- este trabajo.

Un trabajo, como bien se puede deducir, mucho más definido y coherente. Más compacto, en definitiva. Sí, pierde variedad pero no personalidad. Solo ocurre que ésta ya no necesita de terapias complejas y enredadas, sino la existencia de un oyente al otro lado del equipo de música, ese que entienda a los actuales INORDEM no como un grupo demasiado disperso (como en el pasado), ni como una banda más del thrashcore o thrash nacional, sino como una formación con una apuesta original dentro del género.

En efecto, una apuesta original con la melodía genética del grupo, pero con un rostro que poco a poco ha ido endureciendo sus facciones. Esa progresiva ganancia de agresividad, comenzada en su anterior Destrucción Mutua Asegurada, se comprime –y expande- en La Miseria de Dios estallando en cortes como el que da título al disco (el cual también aparece cantado en inglés) o en el menos inspirado No Queda Nadie, por no olvidarnos de Indomable, Ya Nada Importa o Me Rebelo. Vaya, que no hay sitio para temas antiguos como Tanto Por Decir, Progreso o Arena.

Ese culmen en la agresividad de INORDEM se personifica no solo a nivel instrumental, sino vocal. Joan Hernández se estrena discográficamente con el grupo y no lo hace nada mal. Una labor más que aceptable bien complementada por el fantástico trabajo a las guitarras (Sergio Basanta en el segundo cd, él más Mario González en el primero), dobladas en muchas ocasiones, y con unos solos excelentes (me vienen a la cabeza Por un Gramo de Locura o III G.M). La herencia de las guitarras heavies del disco anterior se acentúa en La Miseria de Dios, acercando la propuesta actual del grupo a metalheads más clásicos.

Paradigma de esto último es Intacto, donde el heavy metal clásico supone base y no matiz, justo lo contrario que ocurriera en Destrucción Mutua Asegurada. Aparte, el thrash-speed de Líbranos del Mal recuerda a formaciones como VX, incluso Intacto II podría sonar a unos CALIBRE ZERO bárbaros y embrutecidos. Similitudes éstas difíciles de asociar, y quizás un poco injustas, debido a la personal apuesta del grupo.

Los riffs son uno de los puntales del disco. Inspirados y presentes en primer plano (pienso en Inevitable), son protagonistas, en cierto modo, de un film con un guión sin mácula y con una muy buena dirección. Grabado en los estudios Sadman por Carlos Santos y masterizado por Mika Jussila en sus Finnvox no podía tener mejor culminación.

Además, si a todo ello se le suman highlights como la crítica Indignados, la experiencia de disfrutar del redondo alcanza la plenitud. Y es que el disco es sobresaliente se mire por donde se mire. Lo han conseguido… Sí señor, por fin me han convencido.

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