INERT (int) – Vermin, 2019

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Es curioso lo que la música logra a veces. Juntar a dos personas separadas por más de dos mil quinientos kilómetros para formar un ser bicéfalo de grotesca muerte musical es una de ellas. 

INERT comenzó así, como un proyecto de un sueco y un catalán que unieron inspiraciones, gustos y habilidades para dar vida a un proyecto de death metal en el que mostrar sus inquietudes y machacar al oyente con violentas acometidas. Así dieron vida a su debut, Obliteration of the self, como un dúo de brutalidad desatada que llamó la atención de los adeptos del underground más infecto. Hoy, ya como cuarteto, INERT dan a luz a Vermin, su primer LP, editado por Neckbreaker Records

Y qué deciros… Vermin me ha parecido un auténtico trallazo. Ya en su día me gustó mucho Obliteration of the self, pero este nuevo monstruo me ha gustado más. Lo cierto es que la fórmula no ha cambiado demasiado: death metal visceral, con destellos de otros estilos bastante pronunciados, pero death metal al fin y al cabo. Sin florituras, sin melodías que dejen la brutalidad en un plano secundario, sin compromisos de ningún tipo; tan sólo brutalidad clásica reventando tu reproductor y tu cerebro.

Las guitarras, con un puntito de “crunch” en su sonido, son idóneas para este tipo de death metal, que resulta violento, callejero e incluso a veces macarra. Confecciones oscuras se entrelazan con estructuras que, a pesar de no ser enrevesadas ni tampoco muy atrevidas, no son para nada aburridas, gracias a que tanto cuerdas como batería han sido capaces de crear una infame simbiosis de cambios de ritmo que lo mismo te provocan querer agitar la cabeza como un nenúfar zarandeado por un oso esquizofrénico, arriba y abajo en el agua, que te da por meterte en una clase de yoga para cuarentones y hacer mosh pit con los asistentes. 

Vamos, que esto se trata de death metal con sus partes para ser partícipe de la rabia que emana de los instrumentos, pero también tiene sus arrebatos bailongos. Destellos de géneros como el grind, el thrash o incluso el hardcore nos “salvan” de ser totalmente abducidos por el metal de la muerte.

Variedad también en las líneas vocales, en las que las modulaciones están hiladas con mucha clase, aunque siempre predominando los rangos medios, esputándose las sílabas con furibunda decadencia. Además, cuentan con algunos temas cantados en catalán y otros en inglés, lo que añade otro puntito más de variedad que no está de más.

Sin duda alguna, INERT ha conseguido que el death metal de corte clásico suene actual y fresco, rápido, variado y potente. Un disco que cualquier coleccionista de death metal debería engullirse como un puto pelícano famélico. Así que ya sabéis, pelícanos y pelícanas míos: ¡Vermin, Vermin y Vermin!

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