IGORRR (FRA) – Spirituality and distortion, 2020

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Portada de Spirituality and Distortion de Igorrr.En esta vida hay gente que tiene talento natural y otros que tienen que practicar para volverse auténticos profesionales en lo suyo. Da igual qué tipo de persona seas. Dentro de este estilo están los denominados genios, que son únicos en su especie por ser capaces de aspirar y llegar donde la mayoría de los mortales no puede alcanzar en varias vidas. ¿Es injusto que estos genios tengan esta facultad? No lo creo. No es su culpa tener una mente privilegiada que les permita ver el mundo y expresarse a través de ella de maneras inconcebibles para la gente corriente. Tampoco es motivo para envidiarles. Los incomprendidos siempre han estado puteados a lo largo de la historia del ser humano; al fin al cabo nadie quiere estar así.

Entre los artistas hay muchos que murieron de hambre o de otras maneras más horribles, ya que su arte era adelantado a su época e incomprensible para la gente del momento, que veía con cierto horror y espanto ese arte sin poder asimilarlo. Un genio que afortunadamente ha conseguido que su arte peculiar está consiguiendo expectación y popularidad es el francés Gautier Serre con su llamativo proyecto IGORRR, que ha cobrado vida propia y que cuenta con sus compañeros de otras bandas visionarias como ÖXXÖ XÖÖX o CORPO-MENTE.

Hace tres años dieron el pelotazo con Savage Sinusoid, en el cual abrazaban por fin la metalización de su sonido, consiguiendo de esa manera una extraña mezcla que fusionaba electrónica, experimentación, metal extremo y cualquier género musical que le venga en gana. A simple vista era una auténtica locura que funcionara, pero fue todo lo contrario. ¡Fue un éxito! Despegaron y a día hoy llegan por fin a lo que nos acontece, Spirituality and distortion. En él siguen abrazando esa metalización mencionada, pero esta vez suena más ordenada y clara, alcanzando una lucidez que, si bien me gusta, pierde algo de la gracia original. Parte de esta gracia eran los deliciosos exabruptos inesperados y cultos metidos porque sí, encajando maravillosamente. No os equivoquéis, el mundo musical abstracto y absurdo de IGORRR sigue intacto y se mantiene. No obstante, se abre sobre sí mismo a otros planos astrales más coherentes, gracias a que han tomado su medicación correspondiente.

Su rococó característico sigue presente, convirtiendo todo en una orgía en la que todos están en sus respectivas posiciones, donde se sigue el compás y en las que Mozart o Pavarotti podrían participar con gusto, sin perderse en el proceso ni en el más mínimo movimiento. Lo fascinante es que siguen demostrando cultura musical digna de un erudito, añadiendo a la mezcla un toque exótico y exquisito nuevo. El ejemplo más claro es el gusto marcado por la música del medio oriente, demostrando que los límites no existen en canciones como “Downgrade desert” o “Camel dancefloor”. Un detalle por aquí, otro por allá… Todo provoca sorpresas, fascinación, extrañeza y expectación. Cada canción es un país de las maravillas personalizado, o un paraíso o infierno, dependiendo de cómo lo vean tus ojos. Tan pronto estás bailando en el Palacio de Versalles en el s. XVIII como en una rave clandestina en unas catacumbas, donde los amantes de los videojuegos dan rienda suelta a su mayor pasión. En el amor y la guerra vale todo; en la música también es aplicable, y creerme, Gautier y su estrambótico proyecto tienen esto más claro que el agua.

En definitiva, intentar resumir o dar a entender todos los palos que se tocan en este disco en una reseña es realmente arduo e inútil. Aparte de eso hay que controlar una buena cantidad de géneros musicales para pillar todo lo que fusiona, por lo que no es mi intención desengranar todo. La intención es dar a entender que esto es para unos paladares muy exquisitos y que si queréis algo convencional esto no es lo vuestro. Para que os hagáis una idea, la canción más normal del álbum es “Parpaing” (increíble colaboración de George Fisher), ya que es la que más que se ciñe al metal extremo, pero no resume lo que es álbum. Algo que se puede aplicar a todas las canciones y que da a entender la variedad del álbum, que es su punto fuerte y principal atractivo. Una de mis favoritas es “Kung-Fu Chèvre”, que es una especie de polka ida de pinza con la que Rasputin podría marcarse un buen baile mientras se pone ciego a vodka.

No sé cuánto más podrán mantener esta genialidad disco tras disco, pero de momento siguen sedientos y absorben cual esponja cultura musical que plasman sin hacer un ridículo estrepitoso. Es una gran fiesta y reunión tan excitante que no quieres que pare. Algo que solo ofrecen las experiencias más placenteras, nuevas y espirituales.

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