I AM DESTRUCTION (USA) – Nascency, 2020

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El purismo musical, aunque respetable y admirable, es poco pragmático. Géneros que con el paso de los años evolucionan, se mezclan con otros, muestran diversas variantes… Miles de herramientas prohibidas si tratas de emular el sonido del thrash metal alemán de finales de los ochenta o cualquier otra réplica de famosas escenas de finales del siglo XX o principios del XXI. No es un pecado innovar, pero ya implica salirse de dicho retrato y ser «otra cosa», mejor o peor. Aunque las variantes de modernas de muchos géneros no se libran de caer en unas características extremadamente hieráticas (algo que sucede, y no poco), pueden permitirse el lujo de coger más elementos sin cuestionar su autenticidad, a pesar de que el resultado final no sea una obra vanguardista. 

Por su nombre, logo y procedencia, I AM DESTRUCTION, oriundos de Texas, parecen uno de esos grupos de la explosión masiva del deathcore allá por 2008/09, como HERE COMES THE KRAKEN o MOLOTOV SOLUTION. Pero la banda sólo tiene siete años de antigüedad y simplemente son un grupo de death metal moderno. Una corriente, si podemos llamarla así, que sin pudor alguno recoge diversos elementos que han formado parte de las tres décadas del género hasta la fecha. Desde el machacamiento constante y técnico del brutal death metal, los riffs pesados del slam y los breakdowns del deathcore, creando una mezcla homogénea donde no se sabe muy bien qué subsubsubetiqueta empieza y cuál acaba, pero que en cualquier caso, sin ser revolucionaria, suena muy bien. 

I AM DESTRUCTION, en concreto, se apoya muchísimo en el slam y entrando en terrenos que INGESTED o ACRANIA monopolizan y acaparan. No poseen una velocidad exacerbada y buena parte del tiempo encontraremos medios tiempos bastante pesados y densos, como sucede en «Burgeoning adversary«, con pig squeals incluidos, o «Divine infestation«. 

Pero a diferencia de los dominadores de este estilo, el producto final no es tan pesado. Lo que por un lado no impresiona tanto a primera vista, pero facilita la tarea de escuchar Nascency de principio a fin sin acabar saturado. Incluso han tenido el detalle de hilar el mayor número de canciones posible (no todas), tratando de recrear una sensación de directo.

Es un producto no tan vistoso, pero más equilibrado. Puede que los slams sean predominantes, pero también están presentes los riffs rápidos y técnicos, o solos melódicos y oscuros tipo ABORTED. Véase «Gehenna’s beckoning«. E incluso se atreven con ciertas inclusiones en el rapeo en el corte homónimo (aunque no sean los primeros en hacerlo). Los breakdowns son parte fundamental de las canciones, pero casi nunca tienen el protagonismo absoluto, tan sólo para cerrar la obra. Todo forma parte de una democracia sonora. 

Al igual que el Peugeot 205 T16 ganaba rallies no por ser el mejor en ciertos aspectos sino por ofrecer un rendimiento muy bueno en todos, I AM DESTRUCTION suenan muy familiares. Tienen su buena ristra de tópicos, como ese interludio ambiental llamado «Dolor perdition» que parece salido de los primeros THY ART IS MURDER, usan ese juego entre voz gutural y rasgada, un empleo nada sutil de los triggers… y podría seguir eternamente. Pero si no vas a inventar el fuego, si vas a tocar el género que te gusta sin más, al menos crea un producto divertido. Jugar a quién afina más bajo o mete el chillido más cafre pierde gracia a la tercera canción. Al final la constancia y el equilibrio son los que te hacen llegar al final. En este disco y en la vida. 

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