HYDE ABBEY, The Devil Spokesman, 2016

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hydeabbey10A día de hoy me sigue sorprendiendo que HYDE ABBEY no tengan un lugar «de honor» en esta nueva generación de metal nacional, siendo capaces de tocar tantos palos mientras mantienen una esencia puramente propia del deathcore. Quizá es porque incluso a mí, me cuesta quitarme el prejuicio de que hay muchos “bandos” dentro de la escena metálica nacional. O quizá es porque seguimos siendo tontos del culo y no nos molestamos en escuchar otra cosa que no sea el mismo grupo una y otra vez, y “lo mío es mejor” y “¿Para qué me voy a molestar en escuchar algo que me puede gustar con lo contento que estoy con lo mío?”.

Pero no es algo que parezca preocupar a esta formación, que con su tercer disco, lo han vuelto a hacer. De hecho, me juego lo que sea a que de hecho, no solo no les preocupa, sino que se la suda muy fuerte. Abrirán otra cerveza, eructarán, y seguirán componiendo auténticos torpedos, como llevan haciendo toda la puta vida.

Aún recuerdo la primera vez que escuché Hall Of Shame. Tenía la cabeza llena de pájaros, una resaca tremenda, y la imperiosa necesidad de huir del coñazo inmenso que me parecía la escena musical. De verdad que pensé que estaba estancada, y cambiaron por completo mi forma de ver y entender los grupos.

Por entonces tenían otra formación. Otra forma de componer, y el Resurrection no estaba petándolo como lo hace ahora.  Parece que no, pero en esos cinco años, han cambiado muchas cosas. Entre ellas, no se encuentra el espíritu de HYDE ABBEY. Siguen siendo una formación en la que impera una brutalidad medida para poder sacarle todo el partido, evitando así sonar a barullo. Desde el primer día se han alejado de más de un cliché propio del género (como los breakdowns sin control) y han sabido imprimir en cada canción algo distinto.

¿Quiere decir eso que “nos han vendido lo mismo”? ¿Ese “lo han vuelto a hacer” es una excusa barata para que nos cuelen canciones que se quedaron fuera de otros discos? No, y no. Conceptualmente, este Devil’s Spokesman no tiene nada que ver con Ooparts, o en cuanto a estilos e influencias difiere eones de Hall Of Shame. Sigue habiendo paisajes muy black, tintes hardcoretas de estos de tirarte del escenario para abajo, o interludios que sirven para cambiar totalmente de tercio sin romper la dinámica, o caer en la monotonía.

Pero son completa y radicalmente inconfundibles en lo que a bandas del mismo estilo se refiere. Han sabido forjar una identidad con pedacitos de death, matices black, muchas horas escuchando hardcore, y gracias a la ola que llevamos viviendo desde hace una década, de nuevas bandas y géneros, han logrado una identidad única. Perfecto reflejo es este disco.

Combinan actitud con cierta pasión por la mitología y lo paranormal, sin dejar de lado nunca la denuncia. Todo ello sirviendo de metáfora para conceptos más trascendentales o propios de un death metal tradicional… pero enfocado a estas nuevas tendencias.

Y con esa base se desarrollan once cortes que son un no parar (diez si no contamos la intro, doce si tenemos en cuenta la cover de «Guerrilla Radio» de RAGE AGAINST THE MACHINE) de baterías frenéticas y voces rotas que (por primera vez en muchas bandas) dan cierta sensación de calidez, porque salen de dentro en el sentido más artístico posible… sin que sean un ejercicio de canto que luego pasa por distintos filtros y mecanismos tecnológicos para ofrecer un producto elaborado.

Como contrapartida, el apartado de cuerdas no parece tener un fin melódico puro y duro, cumplen una función muy propia del death metal más pesado y corrosivo, pero siendo capaces de generar una atmósfera que permite a cada canción seguir un camino distinto. Como si fuese el matiz que definiese el género, o plantease un concepto distinto, embrutecido por la identidad que aporta tanto Arnau (batería) como Presta (voz). Puede parecer extremadamente caótico, pero Edgar y Kurti (guitarras) apoyados por Jon (bajo) saben compenetrarse para que todo sea como tiene que ser.

Es realmente difícil llevar a cabo comparaciones con otras bandas (no porque no me suela gustar) sino porque de verdad pienso que no hay nada que se le parezca. Y toda comparación se quedaría corta, o incompleta, o no podría ser compartida por todo el mundo. Es lo bueno de tener una variedad de influencias basadas más en géneros que en bandas, y la capacidad de mantener cierta identidad tras beber de tantas fuentes. ¿Cómo si no podría sonar como suena «Guerrilla Radio»? ¿O cómo tendría si no cabida “The Devil” en un disco como este?

Son (siempre han sido, pero con el tiempo este rasgo se ha ido acentuando) una banda de la que solo puedes decir “me la suda, sube el volumen”. La etiqueta de deathcore se les ha quedado pequeña, y simplemente son una de las mejores bandas de la escena metálica nacional. Sin medias tintas, lo repito si hace falta. Una de las mejores bandas nacionales. Porque el juego ha cambiado, y aún a la espera de que el sistema (y el oyente medio adormecido por la caspa y la estulticia) cambie, ellos han sabido estar ahí, y triunfar. Seguir escalando aunque la cosa haya estado tan mal como está (o como se nos quiere seguir vendiendo).

Solo hay que ver la generación de bandas que han pegado el pelotazo desde 2008-2009, y dónde están ahora. Por méritos propios, nada de mamoneos y pisotones. Gente currante, humilde, que saben lo que cuesta moverse por salas, y de vez en cuando tener la suerte de aterrizar en festivales de renombre. Moverte, colaborar, y saber vender tu producto. No olvidemos que la música ha sido siempre un negocio, uno que nos permite vivir de algo que disfrutamos, y que aunque no esté en su mejor momento, sigue dando la oportunidad de hacer algo importante culturalmente.

No puedo cerrar sin volver a mencionar “Guerrilla Radio”. Simplemente no puedo. Esta versión es el mejor ejemplo de que actitud, pasión y compromiso son lo que define a HYDE ABBEY. Sea el año que sea, toquen en salas o en festivales, les sigan cuatro bobos, o mil personas en un circle pit del que solo se puede salir convencido de comprar el disco, o con los pies por delante.

firmaeloy

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