HORA ZULÚ (ESP) – Bilbao – 26/10/2019

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Había ganas de ver a los granadinos HORA ZULÚ encima de un escenario. Después de su hiato para emprender otros proyectos, en 2016 volvían al redil con una pequeña gira, y a comienzos de este año publicaron La voz del amo, en el que ahondaban en el estilo que ya pusieron en boga en su aclamado Siempre soñé saber sobre, nadie negó nunca nada: un metal que se sustentaba tanto en la lírica y el ritmo cuasirrecitado de Aitor Velazquez como en los riffs entrecortados y cambios de tempo de la guitarra de Paco Luque. Todo ello envuelto en una capa atmosférica que ayudan a crear el batería Javi Cordobilla, el bajista Álex Bedmar y unos teclados no tan prominentes en su último LP. Y es que hasta no hace tanto contaban con otro guitarrista, pero desde su reunión en 2016 han decidido que Paco Luque cargue sobre sus hombros toda la responsabilidad de las seis cuerdas. Y no por ello la banda ha perdido contundencia en directo.

No es el metal lo primero que se le viene a la cabeza al vizcaíno medio cuando le mencionan la sala Backstage. Y eso que hay una vastísima programación de conciertos de este género. Si por algo se conoce a esta sala es porque es el destino favorito de la chavalada a la hora de salir de fiesta.

Puede ser esta la razón por la que el concierto comenzase a una hora algo atípica para un sábado: las 21:30. Aunque no comparta la decisión de los responsables de la sala, entiendo perfectamente que quieran que a partir de las 23:30 la calle Uribitarte esté despejada de melenudos, no sea que se asusten los pechopalomos en camisita, que al fin y al cabo son los que a priori más dinero se van a dejar en el local.

Así, le tocaba a HORA ZULÚ compartir horario con dos eventazos que, siendo claros, no les restan público objetivo: el concierto de Aitana la de OT y el partido del Athletic Club en el Wanda Metropolitano -otro gallo cantaría si hubiese sido en San Mamés, pero vamos, que digo yo que entre ver un concierto en directo y un partido por televisión, no hay color. Y soy muy futbolero-.

En los bares aledaños algunos asistentes apuraban tragos antes de acceder a la sala, situada en el centro de Bilbao, pero en una zona un poco a desmano -bajando unas escaleras-. No era de extrañar, por tanto, que el ambiente a la hora de abrir las puertas no fuese muy esperanzador. No obstante, en esos momentos algunos miembros de la banda se encontraban en la puerta hablando y sacándose fotos con algunos fans que ya estaban haciendo cola.

El aforo se fue ampliando a cuentagotas hasta llegar al cerca de centenar de personas en el momento en que los granadinos interpretaron «Coplas de negra inquietud», un tema perfecto para abrir debido a su cadencia y a cómo rompe el estribillo. «Mis barraqueras», single de su anterior trabajo, sería la siguiente en caer, y después, «La voz del amo», tema homónimo de su último LP y que venía abriendo su anterior tramo de gira.

«Tango» fue el primer clásico de la noche. En ella, Aitor Velázquez sacó un sombrero de pescador similar al que llevaba en la primera época de la banda, pero hasta aquel momento ya había mostrado un repertorio de poses y gestos que iría ampliando a lo largo de la noche. Es innegable que la base instrumental de HORA ZULÚ está compuesta por auténticos musicazos, pero Aitor tiene un carisma y un magnetismo sobre el escenario que no tiene ningún otro cantante de este país.

«Que me mata» y «Toma y obliga», otros dos singles de reciente facturación, fueron los siguientes temas, antes de una «Tanto que perdí» que Aitor comentó que era su segunda canción favorita de HORA ZULÚ -para los curiosos, la primera es una «Crom en su montaña» que se apresuró en decir que no iban a tocar esa noche-.

Referencia a la exhumación de Franco -«el cerdo que han sacado a pasear«- antes de interpretar «Cave Ventum», de su último disco, que se daba la mano con las cañeras «Y no protesto», de su disco debut, y una «Con mi condena» a la que añadieron los primeros acordes de «Territory» de SEPULTURA. El emotivo medio tiempo «Nuestro entonces» calmaba los ánimos del entregado público antes de acometer otros dos clásicos de su primera época: «De-que-rer-ser» y «Tientos«, en la que Aitor se despidió falsamente del público.

Y es que hay que apreciar la sinceridad de HORA ZULÚ, que acometen todo el concierto de una atacada, sin apenas parones -muchas veces Aitor se dirigía al público en los primeros acordes de los temas- ni teatrillos de irse al camerino para que el público pida los bises. Todo lo que hacen derrocha actitud.

Porque la retahíla de temazos que vendría a continuación son los que cualquier otra banda consideraría dignos de sus bises: «Beatus ille», single de su último disco y que fue cantada por todo el público, la sorprendente y cuasi hiphopera «Llueven flores», que admitieron que llevaban tiempo sin interpretar, «Golpes de pecho», en cuyo tramo instrumental Aitor bailó una suerte de jota, y «Agua de mayo«, tras la que Paco Luque le dijo al público que era el cumpleaños de Aitor. El público le cantó el «Zorionak zuri» y por una vez, el frontman se quedó sin palabras.

La rítmica «Camarada» serviría de preámbulo para los dos últimos temas, posiblemente los dos más reconocidos de la banda: una «Andaluz de nacimiento» con la que bromearon diciendo que es «la que no les gusta tocar» y «A ver si me entiendes», que puso a saltar a toda la sala, y a muchos recordando su juventud.

La banda se despidió de su público como prometió, sin interpretar más bises -sí que repartieron púas, baquetas y las hojas de setlist-, ni sacarse la tan manida foto con el público. En lugar de eso, prefirieron hacer algo mucho más natural y que apenas se ve en bandas de su calibre: bajar a hablar con el público que les esperaba en la puerta, compartir experiencias, cervezas y algo más. Una muestra más de lo que derrocha esta banda encima y debajo de las tablas: actitud y compromiso.

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