HOR (GRC) – Exitium, 2019

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En Subterráneo reseñamos cientos de discos al año. Una abrumadora mayoría no destacan por su innovación, y no es algo positivo o negativo per se. Somos conscientes que el heavy metal con sus miles de variantes es un género cómodo; tanto creadores como consumidores saben con precisión quirúrgica lo que quieren y cómo. Para algo hay variantes de todos los colores y gustos. Ahora es cuando digo eso de que HOR es la excepción y han roto el molde o alguna mierda similar. Pero no, los griegos se encuentran a kilómetros de esa frase.

Lo impresionante de HOR es cómo han calcado hasta el extremo el sonido del black metal noruego punto por punto, hasta que podría pasar por un tutorial de Youtube para hacer discos del estilo. Y además lo han hecho de manera muy profesional, como si fueran músicos a sueldo de cualquier grupo del estilo. 

Desconozco en qué otros grupos han militado Ophion y Throne, padres de la criatura, pero todo apunta a que son músicos veteranos que llevan años en la escena de su país. Sólo que en vez de fusilar a los ROTTING CHRIST de Passage to Arcturo le han puesto ojitos a DARKTHRONE, GORGOROTH y similares. Eso sí, con una producción clara y perfecta que hace que toda la música esté hecha por una máquina, marcando todas las casillas de tópicos del género: Exceso de trémolo riffs, a veces más cortantes, a veces melódicos, una base rítmica compuesta el 50% por blastbeats, ritmos constantes que apenas cambian, voces desgarradas con un ligero eco y pequeñas reminiscencias al DSBM, las pequeñas pausas en los temas antes de desatar el caos… Todo está aquí, no falta absolutamente de nada. 

Por supuesto es minimalista, pero en el buen sentido de la palabra. Sólo dos guitarras, bajo, voz y batería (sospecho que programada, a pesar de su naturalidad a la hora de ser tocada) durante los cuatro temas de Exitium, que no son precisamente cortos, pero su falta de adornos provoca que no sea una obra pesada. Tan sólo rompe nuestro argumento una pequeña introducción de dark ambient durante los primeros segundos de «Birth of tragedy«. Pero después, si necesitan momentos más calmados o más rápidos, ellos se buscan la vida con esos tres instrumentos; no necesitan pasajes ambientales, ni teclados, ni ningún añadido. Todo suena orgánico, como esa tienda del centro comercial tan cara. 

Cuando antes me refería a que sonaban como una máquina, escogía mis palabras teniendo en cuenta los cinco últimos minutos de «Exitium«. Tras el breve discurso desgarrador a capella el dúo se marca una sección ininterrumpida de blast beats que parece lluvia torrencial. Tan implacable y exagerado que llega al absurdo (y de ahí mis sospechas con la batería programada). Incluso tengo dudas de si dicha sección se podría llevar a un hipotético directo (aunque la banda en una entrevista afirma que hoy por hoy no están por la labor). No por lo técnico, sino por lo «rompetendones» del asunto. 

Conociendo al gremio, muchos despreciarán esta obra por no tener alma, por sonar demasiado bien y perfecta. Y yo mismo no tengo claro si es tan tópica que se convierte en paródica. Pero a pesar de haber oído trillones de veces cosas así, la música está envuelta con un papel de regalo tan bonito que acabo encantado y rendido. 

A la mierda la objetividad. 

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