HOLLOW LEG (USA) – Crown, 2016

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Son las dos de la mañana. Escoge un festival veraniego, el que quieras. Estás en primera fila, porque tienes ganas de marcha, has pagado tu entrada y tu colega ha ido a por más cerveza, aunque llevéis alguna que otra de más. No esperas mucho de la banda que la organización ha puesto en ese horario tan maravilloso, porque quiere meter el mayor número de grupos posible (porque llama que te cagas, y justifica la pasta que te has dejado en el bono) y hasta mañana no vuelve a haber cabezas de cartel.

Precisamente estás en primera fila porque todos esos “true metal warriors” se han vuelto al camping para reponer fuerzas, que mañana hay que estar frescos para coger sitio seis horas antes para unas viejas leyendas que viven de tocar solo temas de sus tres primeros discos, pero de la formación original queda el pipa… y si acaso. Sois los reyes de la pista, cantáis himnos mientras terminan de probar guitarra. No sabes si es el propio grupo o tienen técnicos. Es lo que pasa con las bandas “menos grandes” que acaban en estos sitios. Y como no tienes ni idea de sus caras, porque no han salido en las revistas o en los posters dobles, te encoges de hombros y pegas un trago.

Y aun así, siendo tan fan de la música y la escena como para quedarte hasta el final, aunque aún haga un calor infernal a pesar de las horas que son, infravaloras a la banda. “A estos no los conocen ni en su pueblo”. Todos hemos dicho esa frase en algún momento de nuestras vidas. Pero no lo decimos como dato, sino como valoración de su calidad. Si no los conocen es porque están por enchufe, palmando pelas en la furgo o billetes de avión en el peor de los casos para cobrar una puta mierda (los cabezas de cartel son cabezas muchas veces por lo que cobran, no por lo que valen) y no porque a pesar de haber venido de donde Cristo perdió el mechero estén intentando hacerse un hueco.

Pero te las das de perdonavidas, te quedas y prestas atención. Y es entonces cuando te llevas la patada en la boca. Se te cae el alma al suelo (la cerveza no, que está el precio para llorar sangre) y te tiran un jarro de humildad helada.

Imagino que esto es lo que deben sentir muchos cuando los ven en directo por primera vez. Es lo que me acaba de pasar a mí, y eso que estoy escuchando el disco para reseñarlo. Mis disculpas más sinceras a la banda. Muchas veces los críticos (de los cojones) nos creemos en un pedestal, y pensamos que aunque suenan bien así de primeras les estás dando una oportunidad porque tienes el poder de decidir de quién se habla y de quién no. Y llegan HOLLOW LEG con su Crown y te dan un sopapo. Insisto en mis disculpas.

Dicho esto, pasemos al disco. Siempre cuesta definir el sonido de una banda cuando tiene tantos elementos (más stoner, más sludge, más doom, más lo-que-te-salga-del-pingo-pero-que-suene-a-desierto-y-fumar-porros) pero esta gente, definitivamente, suenan a “sur”. Y no en un sonido redneck o folk americano. Tienen dejes muy blues y algunos de rock más primigenios (más allá del propio rock pesado cuasi metálico que practican, enfocado a su propio subgénero, se entiende). Creo que es la combinación de temas más rápidos y directos, con maravillas como “Electric vile”, que son un cambio radical y se dejan llevar hasta los casi siete minutos.

No es sencillo de digerir, la verdad. Pero supongo que es la gracia. Y quizá lo que más destaca es la voz, que se desgañita y destaca por encima de una configuración estética bastante corriente, sin llegar al gutural (que termina siendo un auténtico aburrimiento y despropósito en las vertientes más extremas de estos géneros) ni quedarse en una simple voz ronca. Y se entrelaza perfectamente con punteos muy tradicionales, muy clásicos pero, al mismo tiempo, muy rotos. No suenan exactamente a limpios, como en bandas de rock más tradicionales; saben mantener ese toque sucio y saturado para que el contraste con el estilo predominante de las composiciones no sea tan grande.

La base rítmica tiene una cosa que se sale completamente del esquema. Tiene momentos muy grunge. De grunge tradicional. De sonar a finalísimos de los 80 y principios de los 90. Se mueven en conjunto como podían moverse Grohl y Novoselic. Pero saben jugar como jugaban (en los enfoques a sonidos más tradicionales, ya fuera de ese grunge) Geezer Butler y Bill Ward. De verdad pienso que se complementan perfectamente, con mucho acierto. Así es como se mantiene ese sonido compacto cuando la guitarra te abandona para hacer un punteo como el de ”Seven heads”.

No son un grupo de excesos, la verdad. A pesar de tener canciones largas (la media de duración es de seis, incluyendo alguna de nueve, constando de precisamente nueve el disco), permitirse una voz tan fuera de lo habitual o un sonido bastante inclasificable (no me preguntéis si se acercan más al sludge o al doom, porque tampoco importará demasiado), creo que tienen esa capacidad para dar una patada en la boca y aportar grandes trabajos al género.

Y es que este Crown supera todo lo que han editado previamente, de lejos. Es más cuidado, sin necesidad de ir excesivamente arreglado… pero mantiene cierta esencia “punk” en el sentido más destructivo, pesimista, o “voluntariamente desgarbado”. Creo que encajarían perfectamente en un escenario con DOWN, y en más de un sentido les harían pasar apuros (si nos tomamos estas cosas como una competición y no como una colaboración de bandas que ofrecen un espectáculo conjunto).

Son casi las seis de la mañana. La tanda de conciertos no da para más, aunque en menos de doce horas un promotor estará explotando a alguna banda desesperada por hacerse un nombre o cubrir el puesto que nadie quiere por diversos motivos (normalmente suele ser buena voluntad que no va a recibir el mismo trato dado, siendo el músico pisoteado y ninguneado por fans y organizadores), y tras lo de anoche vas a estar ahí. Porque, tras esto, sabes que habrá más bandas que merezcan la pena y que por estúpidos prejuicios te has estado perdiendo.

HOLLOW LEG son esa patada en la boca. Un baño de humildad, pero también una oportunidad para aprender y ver que igual hay que abrir un poco más la mente y los oídos antes que la boca. Nos podemos llevar una sorpresa… nos han dado una sorpresa.

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