HIPOXIA – s/t, 2012

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Coeditado por Le Crepuscule du Soir, Féretro y Strange Records nos llega el álbum debut de los madrileños HIPOXIA. EP quizás en cuanto a concepto -LP si atendemos a la duración del disco-, el compacto nos muestra cuatro oscuros cortes del doom más sucio y hostil, del más repugnante en cuanto a lo que transmite. Eso desborda precisamente este disco: procesión de sensaciones, todas ellas guiadas por un patrón principal: el odio.

Eso es arte: generar sentimientos. E HIPOXIA lo consigue. Logran plasmar con acierto cuatro composiciones realmente inspiradas, envueltas en un sonido que no les habría podido servir mejor para su propósito. El disco ya no solo no podría ser más escabroso en cuanto a lo estrictamente musical, sino que no podía sonar más sucio. Supongo que algo tienen que ver en ello F. Trych y V. Brown (WORMED, GODÜS, BANISHED DE INFERNO, NÜLL).

Todo este compendio al que he hecho referencia (creatividad, producción, concepto) no tendría espacio en el Olimpo del doom nacional si no fuera acompañado de un estilo bastante personal. El doom agónico de este debut homónimo, con ciertas influencias del black metal, es todo lo indicado y, además, macabro (la voz de E. tiene su importancia). Si el último género mencionado solía tomar como base de su odio el cristianismo, el doom de HIPOXIA extiende este concepto a todo lo que nos rodea. Destruir para crear. Esa es su filosofía, y así lo transmiten.

Desde luego, Children of Winter es la joya que resplandece en la oscuridad. Además, lo hace emitiendo precisamente negrura, turbiedad, signo de identidad del redondo. En realidad es el tema “nuevo” del disco, ya que los otros tres son regrabaciones de las canciones originales incluidas en su demo Doomrehearsal, de 2010. Genera fe y confianza en el futuro del grupo saber que su composición más inspirada es precisamente ésta, la más reciente del plástico.

Con tres partes muy bien estructuradas –y diferenciadas- este primer corte lo tiene todo. Desde lo más épico (no reñido con lo puramente sombrío del disco) del primer tramo, hasta la parte final agónica y moribunda, pasando por el espacio intermedio, el más creativo con diferencia.

Esa curvatura o noria de sensaciones de Children of Winter no es tan acentuada en las canciones antiguas. Aunque quizás éstas sean más lineales, Black Blaze of Terror y Disembodied Metamorphosis respetan la obediencia a lo estructural. No obstante, quizás la organización musical de ambas sea más caótica que en Living Dead Society, donde se muestra una primera parte más cadenciosa, y una segunda en la cual el corte sale de la monotonía hipnótica donde nos había dejado olvidados.

Recomendable para amantes del doom, este debut puede resultar -sin embargo- cansado para oídos desentrenados. Sea como fuere, me parece –en cierto modo- diamante dentro del género a nivel nacional. Eso sí: bañado en odio. Y de bastantes quilates, por cierto.

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